Masa de citas en línea

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Lecturas de finde semana [Ignacio Fidanza, Ernesto Tenembaum, Eduardo Aliverti, Roberto García, Jorge Fontevecchia]

2019.06.10 11:13 chorgox Lecturas de finde semana [Ignacio Fidanza, Ernesto Tenembaum, Eduardo Aliverti, Roberto García, Jorge Fontevecchia]

Este finde el gran tema fue la rosca tironeo entre "ventajita" y "el candidato"
Ignacio nos habla de la calma antes de la tormenta y de lo que se viene.
Disfruten el silencio Por Ignacio Fidanza
Cuando la política apaga los celulares, ajústense los cinturones, algo importante se está definiendo. Y como dicen los jugadores de Poker, si no sabes quien pierde, el que pierde sos vos.
Se entiende. El ballotage es un mundo incierto en el que Macri tiene su escenario más favorable. Sun Tzu básico, la batalla se gana antes de empezar y la gana el que elije la geografía y el tiempo más favorable para sus fuerzas.
Pero a no confundirse, el partido está abierto. Macri todavía tiene tiempo para juntar las piezas que le quedan a mano y aprovechar esa masa que repele al peronismo con la misma intensidad de quienes lo abrazan. Ahora las cosas están claras, podrá decir con alguna razón.
Ernesto por su parte nos cuenta que en muchos casos el tonto eligio salirse con la suya y los numeros lo siguieron apoyando, sera todo igual la proxima vez?
La pregunta de siempre: ¿Macri es un genio, un loco o un suicida? Por Ernesto Tenembaum
Sergio Massa empezaba a admitir que saldría tercero en las presidenciales y entonces le ofrecía a Macri un acuerdo: ser él su candidato a gobernador en la provincia. Bingo. Ese acuerdo iba a ser un empujón decisivo para ganarle a Daniel Scioli. Sin embargo, Macri se emperró: "No, no y no", dijo, como Federico en los cuentos para niños pequeños. Unos meses después, la apuesta de Macri, que poca gente entendía, terminó siendo recordada como una jugada genial.
Ese episodio quedó marcado en la historia del equipo presidencial como un hecho fundacional y dejó grabado un concepto que, una y otra vez, las figuras del oficialismo deslizan o expresan con desenfado: la resistencia a volver al kirchnerismo es tan profunda en la sociedad que el resto de las cosas que sucedan —desaguisados económicos, aumentos de la pobreza y la inflación, estrategias electorales— son hechos marginales. Al final, las cosas se ordenan y gana Macri.
Si Macri hubiera fortalecido la relación con Massa en estos años, si no hubiera aplicado los aumentos de tarifas en diciembre, si hubiera adelantado las elecciones en la provincia, si hubiera cedido su candidatura a María Eugenia Vidal, las perspectivas de los Fernández serían hoy más complicadas. Por eso: "¿está loco, es un suicida o es un genio?".
En la Casa Rosada sonríen con suficiencia. Como si no pasara nada. Al final todo se ordena. La gente no quiere volver al kirchnerismo. Hagamos lo que hagamos: al final todo se ordena. Y Macri va a ser reelecto. ¿Cuántas veces lo tenemos que demostrar?
Eduardo nos cuenta en su analisis los intentos de cambiemos en empiojar una eleccion que "se viene brava" a traves de humo que permita patear adelante el drama inminente.
El show de las operaciones Por Eduardo Aliverti
Una cantidad y esperpéntica calidad de manipulaciones, por parte de la prensa oficialista, vienen de convivir con una gran mayoría de relevamientos que indican recuperación en la imagen del Gobierno.
A partir de esos dos preceptos, Casa Rosada se embarca en el combo de a) perjudicar adversarios capaces de competirle desde el “centro” y b) refrescar el espanto a la vuelta populista.
El nigromante Jaime Durán Barba ya lo adelantó en declaraciones públicas: será el desencanto contra el miedo y lo demás importa más nada que poco.
Nada superó, sin embargo, a la movida lisérgica de Clarín, que pretendió reinstalar el caso Nisman mediante la cita de un “frenético” intercambio de llamadas entre Cristina y el ex secretario de Seguridad, Sergio Berni, en la madrugada y durante el día en que se conoció la muerte del fiscal.
Pero también es cándido suponer que el partido ya está ganado por la oposición realmente existente.
Nunca estará de sobra insistir con que Washington le hizo quemar al Fondo Monetario su manual entero, acerca de no usar la plata prestada para contener al tipo de cambio.
Mientras tanto Roberto nos cuenta las tertulias de la decision de ventajita de saltar al tren k
Macri llama a Massa por Roberto García
Sorprendía Massa con esa revelación al tiempo que les preguntaba, burlón, a sus amigos: “No sé con cuál de los celulares debo atenderlo. ¿Que les parece? ¿Le respondo con el de ‘oportunista’, título que él mismo me colgó, o con este otro, que también me atribuyó,de ‘ventajita’? Radiante con sus tribulaciones, agitaba los brazos con los celulares, como si la duda fuera física. “¿Qué le digo a Anita?”, refiriéndose a quien esperaba del otro lado de la línea, la dulce secretaria del Presidente. Un interlocutor le dijo entonces a Massa: “Contestale mañana”.
Tarde fue la gestión, quizás; Massa –al que se espera que salga del vestuario para saber si va a la playa o a Alaska– desde hacía tiempo solo objetaba al Gobierno en sus declaraciones y negociaba con el cristinismo ubicación en las listas para su gente, en particular con el vástago Máximo, quien supo admirarlo al extremo de guardar las medias usadas en el fútbol de Olivos cuando el hombre de Tigre era jefe de Gabinete. Como si se tratara de un tesoro sin olor. Tiempos en los que el joven se iniciaba, por orden de su padre, como cabeza de La Cámpora.
Se hundió entonces parte de la flota Alternativa Federal, ese núcleo que el Gobierno se empecinó en disminuir y, a último momento, cuando naufragaba, intentó rescatar. Al menos como una divisoria para la primera vuelta. No pudo, la arrogancia del odio entre las partes fue más fuerte.
por ultimo Jorge nos cuenta tras la decision de Kristy y sus consecuencias en los armados tras la negativa de Saenz
Vices por Jorge Fontevecchia
Dada la cortedad oratoria de Macri y la importancia que tiene en la fórmula de Alberto Fernández Cristina Kirchner, el verdadero debate podría ser el que protagonizaran los vicepresidentes si Cambiemos decidiera colocar en su fórmula acompañando a Macri a alguien con experiencia en la vida pública, peso político propio y, también, buen orador.
Pocas personas tienen las credenciales políticas y la autoridad moral de Ernesto Sanz para llevar adelante esa tarea. Primero porque Cambiemos fue principalmente su obra al cargarse al hombro la verdaderamente difícil convención radical de 2015 en Gualeguaychú, donde las voluntades a favor de Macri eran menos: 184 a favor y 113 en contra en 2015, mientras que en 2019 fueron 261 a favor y 14 en contra, además de 29 que se retiraron en protesta o ausentes.
Un debate de candidatos a vicepresidente entre Cristina Kirchner y Ernesto Sanz realmente valdría la pena; además, seguramente, la soberbia de la ex presidenta le impediría rechazar ese desafío si le fuera planteado. Pero para ello primero tendrían que tener éxito quienes creen que todavía pueden convencer a Ernesto Sanz de que revea su decisión y apuestan, una vez confirmada la alianza de Massa con el kirchnerismo, a hacer un último intento sobre Sanz apelando a la necesidad patriótica de contar nuevamente con su colaboración para que no progrese lo que él mismo extirpó.
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2016.10.19 17:06 EDUARDOMOLINA Se presenta el ‘Manifiesto de Oviedo’: 600 cargos públicos contra la deuda y la Ley Montoro. Se busca crear un frente municipalista contra la deuda y la austeridad, que impiden garantizar derechos, servicios de calidad y la mejora de las condiciones de vida.

Yago Alvarez
http://iniciativadebate.org/2016/10/19/se-presenta-el-manifiesto-de-oviedo-600-cargos-publicos-contra-la-deuda-y-la-ley-montoro/
Este documento lanzado hoy pretende ser un primer paso para conformar un frente de municipios que puedan coordinarse para trabajar hacia el impago de la deuda, la realización de auditorías con implicación ciudadana y acabar con las políticas de austeridad impuestas por el Gobierno central.
Entre las rúbricas se encuentran las de más de 25 alcaldes y alcaldesas, como el de Cádiz, José María González ‘Kichi’; el de Zaragoza, Pedro Santisteve; o la alcaldesa de Badalona, Dolors Sabater; concejales de las principales ciudades, como Carlos Sánchez Mato (Madrid), Roberto Jaramillo (Valencia) o Julián Moreno (Sevilla); diputados provinciales como Raúl Camargo o Lorena Ruiz-Huerta (Madrid), Antón Sánchez (Galicia), Pablo Echenique e Ignacio Escartín (Cortes de Aragón), o Teresa Rodríguez (Parlamento andaluz), así como los eurodiputados Miguel Urbán, Lola Sánchez o Marina Albiol.
Los firmantes del texto exigen también la derogación del artículo 135 de la Constitución, de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera y de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. “El artículo 135 y las leyes que se desprenden de su modificación ahogan a los municipios para recentralizar su gestión”, explica Sònia Farré, diputada en el Congreso por En Comú Podem y una de las personas firmantes del manifiesto. “Quitan competencias a los ayuntamientos, que son la primera línea de apoyo a quienes sufren las consecuencias de las políticas de austeridad aplicadas en favor del pago de la deuda”, lamenta la diputada.
Sònia Farré: “El artículo 135 y las leyes que se desprenden de su modificación ahogan a los municipios para recentralizar su gestión”
El manifiesto denuncia que medidas como el Plan de Pago a Proveedores de los ayuntamientos o el Fondo de Liquidez Autonómico, lejos de ayudar a los gobiernos municipales a mejorar su situación económica, en realidad han servido para poner grilletes la política municipal imponiendo restricciones al gasto y la contratación y sobreendeudando a los municipios. El texto explica que este plan, en realidad, a quien ha servido es a los bancos, convirtiendo deuda comercial –las facturas de los cajones, ilegales en muchas ocasiones, ya que eran gastos sin partida presupuestaria o no aprobados por la corporación local– en deuda financiera y aplicando a las Administraciones Públicas unos tipos de interés abusivos hasta 26 veces superiores a los que el Banco Central Europeo (BCE) aplica a la hora de prestar a las entidades financieras (tipos de interés de entre el 5% y el 6% frente al 0% al que el BCE presta a la banca privada o al 0,25% al que prestaba en 2012 cuando se estableció este plan de financiación local). Por todo ello, los firmantes también piden la devolución por parte de los bancos de los intereses abusivos cobrados desde el comienzo del Plan de Pago a Proveedores.
Los promotores del texto, entre los que se encuentran agrupaciones electorales municipales y movimientos sociales, explican que tiene la misión de poner en la agenda política y mediática la gravísima situación financiera y social que atraviesa la gran mayoría de municipios debida a la deuda que recae sobre muchos de ellos y a la imposibilidad de hacer políticas sociales o de inversión debido a las restricciones impuestas por el Gobierno central. Próxima parada: Oviedo
Desde Somos Oviedo, parte de los promotores del manifiesto, han decidido recoger el guante lanzado por la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda en las jornadas AuditFest, celebradas el 14 y 15 de octubre en Barcelona, para organizar un evento el último fin de semana de noviembre en Oviedo. Una cita para poder tejer redes municipalistas en las que las agrupaciones electorales y los movimientos sociales puedan desarrollar estrategias y acciones comunes. “Se necesita diseñar y coordinar una estrategia para lograr una reducción radical de la deuda exigida a los municipios”, declara a este medio Éric Toussaint, portavoz del Comité por la Anulación de las Deudas Ilegítimas (CADTM) y coordinador de la Comisión de la Verdad sobre la Deuda Pública griega. “Es necesario reunir una masa crítica de gente que consiga cambiar la correlación de fuerzas entre el Gobierno y los municipios”, concluye Toussaint en referencia al evento organizado en Oviedo.
“En las reuniones de las ‘ciudades del cambio’ no se estaba tratando este tema de manera temática y hemos pensado que este nuevo manifiesto y un evento organizado en Oviedo sean un primer paso para poner en la agenda política de los municipios y que nos ayuden a empezar a trabajar de manera conjunta este tema”, declara Rubén Rosón, concejal de Economía del Ayuntamiento de Oviedo y uno de los promotores del texto que toma el nombre de esta ciudad. “Ahora debemos pensar qué acciones de desobediencia, reales o simbólicas, podemos realizar desde los ayuntamientos y las instituciones para conseguir revertir la legislación que nos ata y colocar este debate en el ojo mediático”, afirma el concejal de la ciudad asturiana.
Del mismo modo que los cargos públicos ven la necesidad de realizar un frente municipalista que trabaje de manera conjunta con los movimientos sociales, Iolanda Fresnillo, de la Plataforma de la Auditoría Ciudadana de la Deuda e integrante de la cooperativa Ekona, ha declarado tener “esperanzas de que con la propuesta de Oviedo podamos crear un frente municipalista en el que trabajar conjuntamente movimientos sociales, ayuntamientos gobernados por candidaturas progresistas y otros grupos en la oposición”, enfatizando que “este primer año y medio de ‘ciudades del cambio’ hemos visto cómo el municipalismo se ha pensado principalmente desde la institución, ignorando la potencialidad de trabajar conjuntamente con los movimientos sociales, y si no atacamos la deuda y la austeridad entre todas, no podremos construir alternativas real­mente duraderas frente a la deudocracia”, concluye.
El manifiesto se puede firmar en manifiestodeoviedo.org
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2016.06.29 18:36 RafaBwn ¿Dónde esta el “Bravo Pueblo”? A propósito de la supuesta “pasividad social” venezolana.

Primero, una cita de Gustave Le Bon:
La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada.
Esta premisa sintetiza uno de los principios fundamentales de la sicología de masas, por lo que nos parece útil tomarla en cuenta para buscar respuesta a una pregunta que copa el imaginario colectivo del país: ¿Dónde esta el bravo pueblo? La pertinencia de la duda sobre lo que ha sido capaz de tolerar y aceptar la mayoría de lagente, (por muchísimo menos de lo que hoy pasa fue defenestrado el extinto presidente Carlos Andrés Pérez, quien por ejemplo, aumento la gasolina en 50%, y Maduro en un 6.000%), concita una reflexión política e intelectual honesta, pero también estratégica para el movimiento opositor venezolano. Hoy la cultura democrática del país, pugna (en las mas adversas condiciones de desventaja y ataque de la cúpula que se aferra al poder), por una salida constitucional, electoral y pacifica a través de la convocatoria del referéndum revocatorio.
Tomando en cuenta el enfoque sicosocial de Le Bon, resulta obvio que Chávez nos acostumbró a sentirnos “masa”; condicionando la conducta individual signada por la posesión de derechos que no cejaríamos ante el poder, hoy “difuminados” en las colas, el aceptar comprar lo que el gobierno imponga, y resignarnos ante la escasez de medicinas, entre otras afrentas a nuestra dignidad humana.
¿Cómo hemos llegado a esto?, bueno por asumir una asimilación a la conformación de la muchedumbre, que nos limita a sobrevivir de cualquier forma posible ante las terribles carencia y humillaciones a que nos somete una visión totalitaria del estado, que se ha hecho omnipresente y omnipotente, aunque terriblemente irresponsable e ineficiente. Entonces ese pueblo devenido en “masa”, según Le Bon: “Intelectualmente inferior al hombre aislado”, no puede ser asimilado a la aberración conceptual de Pico de la Mirándola, quien afirmo: “la turba es indigna de llevar el peso de la sabiduría”. No, simplemente el común de nuestra sociedad asumió como “natural”, (siendo un anti-valor); el depender de un Chávez que inteligentemente se vendió cual generoso dispensador de todo tipo de asistencialismo, regalía, dádiva y “protección”, en el símil subconsciente del que idealiza a un padre como sustituto liberador de su responsabilidad por el trabajo, la productividad y autosuficiencia, emprendedora y honesta, a cambio de enajenar su voluntad al designio de su bienamado benefactor; siempre que le “pagara” con su voto.
No obstante Chávez, al poner bajo su egida personalista y autocrática la institucionalidad, el equilibrio del poder y el ejercicio de la ciudadanía activa, plural, diversa y autónoma, sembró; el germen que hoy carcome acelerada e inexorablemente su “legado”. Vale decir, tuvo éxito en convertir en su activo político la voluntad popular de cambio que venia siendo vulnerada por la “enfermedad” inoculada a la sociedad venezolana, por parte de un estatus quo bipartidista, elitesco, y por decir lo menos, apartado de su responsabilidad de gobernar, para, con; y por el pueblo, pero; fracaso en darle sustentabilidad perdurable, al dispendio, la demagogia y a la dádiva rentista como modelo del estado social, y menos de derecho. Ahora bien, era sicosocialmente justificado que una gran mayoría de la gente pensara así. La descomunal y directa transferencia de recursos que fluyeron por las misiones hacia los sectores mas pobres y excluidos, unido al reparto de bienes y servicios a los cuales la gente común había perdido su acceso, no solo crearon la ilusión del “paraíso terrenal Chavista” sino que efectivamente generaron un sostenido crecimiento del PIB, y por ende de la economía, (aunque inútil, como hoy se prueba, para propiciar desarrollo integral, sostenido y medible) consecuencia lógica de haber puesto en manos de una población con muy poca o ninguna capacidad de compra, una disponibilidad financiera que expandió enormemente la demanda de bienes y servicios. A ello hay que agregar la oferta pública de alimentos subsidiados, variados y abundantes, que mantuvieron a raya durante varios años el índice inflacionario; hasta que llegó la desaceleración de la economía globalizada, ( y su impacto en la disminución de la demanda de petróleo), lo que hizo caer la absorción de un recurso energético por economías estancadas, si acaso no en recesión; forzando los precios a la baja, siendo esto, y no la malquerencia del imperio, lo que “mando a parar” la fiesta populista financiada con el “kino petrolero” a precios por encima de los 100 dólares el barril. Ahora; triste y dolorosamente presenciamos y sentimos, la tragedia socioeconómica que se ceba contra los mas pobres, quienes atónitos, incrédulos y sin “ostentosa reacción de rebeldía”, sufren en carne propia, (aparentemente resignados) el final de la orgia populista financiada con los “petrodólares”. En realidad no es tan así. Deliberadamente puntualizamos, “ostentosa reacción de rebeldía”, puesto que al observar la dinámica del hecho social que signa a la Venezuela actual, (apelando a Le Bon), el colectivo “puede según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionado. Esa sugestión en nuestro caso, se alimenta de una matriz de opinión gigantescamente mayoritaria por el cambio, y esta marcando un estadio de sublevación contestataria que el régimen de Maduro no acepta como realidad tangible por su desconexión con el común de la gente, Prefiere aferrarse a la zona de “confort moral” que le proporciona su dogma comunista/totalitario, o simplemente asume el mas craso y ostensible desplante, a elementales principios de solidaridad y acción de auxilio para con los humanos máxime si además son sus compatriotas. La terca, inexcusable y cruel oposición a recibir ayuda humanitaria internacional con alimentos y medicinas, así lo demuestra.
¿Porque no se siente al bravo pueblo como ocurrió en el “caracazo“. Bueno porque el caracazo si fue una “ostentosa reacción de rebeldía”, (cualquiera que hayan sido sus motivaciones, características o consecuencias sufridas), fundamentalmente por tres componentes sustantivos: a): se produjo en la capital de la república, b): fue masivo durante muchas horas producto de la falta adecuada y consensuada respuesta institucional (se apelo a la peor formula, cual fue sacar al ejercito a reprimir) y c): recibió una cobertura mediática (nacional e internacional) amplia en “tiempo real”, por tanto impresionante. Pero eso no quiere decir que se extinguió el espíritu contestarlo de nuestra conciencia democrática; por el contrario esta en la calle, por un lado en la actitud valiente y arriesgada de figuras y personalidades políticas de la MUD y sus partidos, y en cuanto a la gente humilde, incrementado, agresivo y cada vez mas constante; solo que en el contexto del protagonismo anónimo, sectorial y vecinal. Disperso geográficamente si; Pero no por ello menos explosivo y peligroso, para la estabilidad del régimen.
Esta modalidad de rebeldía, viene siendo aupada por un voluntarismo ciertamente desarticulado, precisamente por ser una explosión social que surge como tsunami soterrado, nacido en el silencio de la rabia, de la indignación ante la falta de que se les reconozca como aquellos que llevan la peor parte en este colapso social. Que están reaccionando incluso, con una determinada dosis de violencia ante lo que sienten como burla; cuando se les invoca en todos los medios oficiales, como el pueblo feliz que se mantiene firme con la revolución, y Maduro; lejos de estrechar la empatía emocional mediante la comprensión y consuelo por su padecimiento, y en vez de tomar medidas reales de solución, opta por el desplante que desdeña la enormidad de la tragedia que se padece. La soberbia política y tozudez de Maduro raya en el suicidio; y cuidado, puede herir mortalmente la vigencia del proyecto político chavista, cuando perfectamente pudiera tener un futuro en la escena política venezolana.
De otra parte un segmento (aun importante) del “bravo pueblo Chavista”, se resiste a admitir que se equivocó, (actitud humanamente explicable por cierto), apelando a la expresión de que “con Chávez no pasara esto”; pero respecto de Maduro y su elitesco séquito de co-gobernantes militares, ese mismo chavismo los quiere “fuera ya”; y por eso se suma, (cuidado y con la vehemencia del que se siente traicionado por el heredero con quien se pierde todo lo que “Chávez nos dio”), protagonizando protestas populares y saqueos en casi todo el país. Y en todo caso, los chavistas que se mantienen pasivos, (tal cual advirtió Petkoff) espera en la bajadita a Maduro para castigarlo con el revocatorio. Porque no es la MUD quien enciende la llama social; es el hambre.
Ahora bien, hay que asumir la orientación política de esa convulsión social. No cabe dicotomía para la dirigencia de la MUD y los partidos, entre hacer lo que conviene, por encima de lo correcto. Lo advertimos porque pueblo saqueando comercios y empresas, (que son igual victimas del “holocausto” económico que sufrimos todos), es una distorsión y despropósito a los finen de la lucha por el restablecimiento de nuestra democracia. Esta obligada la MUD en generar estrategia política y comunicacional, para que Nicolás Maduro no se escape o diluya de su responsabilidad, como “el” factor determinante de la crisis.
Debe salirse al paso con el discurso, mensaje y acción; de manera clara y contundente, a la pretensión manipuladora del PSUV y el gobierno de satanizar a los productores, industriales y comerciantes como maléficos autores de la hecatombe económica que nos arruina. La protesta hay que orientarla, porque las crisis económicas, por su solo dinámica, no garantiza la caída de los gobiernos; es la ingobernalidad política que mana de la rebeldía de las sociedades en el ejercicio pleno de su soberanía, quien lo logra.
Vale decir que la solución no es atentar contra abastos, bodegas y panaderías de barriadas que sobreviven a duras penas, sino el producir un cambio profundo en la conducción del estado, su economía en el marco de la restitución constitucional. Por eso es igualmente irresponsable la conseja de “meterle fuego a la llama social”, sin importar la perdida de vidas y destrucción de bienes materiales, solo para que “maduro caiga”.
La historia ha probado que ante el caos y la anarquía, la respuesta es el fascismo y la dictadura. Por eso la MUD no puede apartarse de la línea política de la salida constitucional, electoral y pacifica, aun a despecho de los “radicales de verborrea”. Además todos los estudios revelan que así lo quiere la inmensa mayoría de nuestros compatriotas. Ahora; que la insensata y evidente incompetencia de Maduro, para asimilar y comprender como es; que es, y de que manera se ejerce la política, lleve al país a la sima de la barbarie y la represión, por solo mantenerse con su cúpula en el poder, comportará una aceleración de su salida del poder, no su preservación.
Agregamos para refrescar el análisis un dato histórico por demás interesante: José Vicente Emparan, aceptó la realización y resultados del “revocatorio” del 19 de Abril de 1.810; que ante el unánime “no lo queremos” del pueblo, pronuncio su celebre: “pues yo tampoco quiero mando”. Al contrario del Capitán General Emparan; quien quedo en el episodio mas como “demócrata” que déspota; Maduro “si quiere mando” aunque sea a costa del sufrimiento y la destrucción; que el mismo ha desatado contra el pueblo venezolano.
Finalmente propongo como iniciativa a ser discutida, manejar el concepto “Devuélveme a Venezuela”, no en la acepción rogatoria, sino desde la exigencia imperativa, por ser el revocatorio la vía para que se nos devuelva (hoy secuestrada) la Venezuela de la cual todos disfrutábamos y que perdimos. Es decir, convertir este concepto en una causa pro revocatorio.
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2016.06.06 17:27 EDUARDOMOLINA GERMAN CANO, Candidato de PODEMOS al Senado. ¿Construyendo la casa por o con el tejado? Podemos y (algunos de) sus críticos.Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato de la sociedad; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo.

http://ctxt.es/es/20160601/Firmas/6446/Elecciones-26J-Podemos-PSOE.htm
"Seguramente recuerden la cita del multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando”. Argumentando que la desigualdad económica durante las últimas décadas estaba creciendo exponencialmente mientras menguaban los impuestos para los ricos, la falta de pudor del multimillonario americano planteaba para muchos el escenario obligado en el que debía situarse toda fuerza de oposición. Buffet mostraba así el camino regio de la Izquierda: ésta debía por fin tomarse en serio su lugar en la lucha. ¿Por qué la Izquierda debería responder negando la centralidad de la política de clases e invertir esfuerzo en la lucha ideológica cuando el enemigo mostraba tanto cinismo a la hora de presentar un diagnóstico tan palmario? Contestándola aun de forma insuficiente, la historiadora británica marxista Ellen Meiksins Wood formuló, al calor de la lucha de los sindicatos mineros en los ochenta en Inglaterra, una pregunta clave: ¿por qué los movimientos críticos deberían obsesionarse más con los fetiches ideológicos del thatcherismo que con su práctica real en su guerra de clases contra el trabajo?
Vistas retrospectivamente estas dos décadas, lo que a Meiksins Wood le parecía un error --esa excesiva preocupación por la lucha ideológica-- se antoja hoy, sin embargo, una cuestión determinante. Y lo es, entre otras cosas, porque precisamente esa derrota de los sindicatos mineros en manos de Thatcher, muy glosada en el imaginario cinematográfico, por ejemplo, sigue siendo una amarga lección de los errores políticos ligados a esa vuelta al "realismo" de clase sin práctica cultural. En Inglaterra se esperaba la fuerza de la clase trabajadora, pero tampoco llegó esta vez conforme a las expectativas. Si la respuesta realista al cinismo de la clase dominante produjo una política incorrecta para esa lucha correcta fue justo por descuidar el trabajo ideológico y subestimar el modo en el que el adversario había cambiado también su forma. Ahora se llamaba neoliberal, y mientras la Izquierda ondeaba épica y frontalmente sus banderas frente al adversario, aquél ganaba sutil y capilarmente su fuerza mediante la búsqueda de consentimiento en las experiencias de la vida cotidiana y lograba condensar la inevitable pluralidad y la diferencia de las sociedades tardocapitalistas en un proyecto político-cultural.
En esta coyuntura sin garantías históricas, puede entenderse que la arquitectónica tradicional de la Izquierda, con sus privilegios apoyados sobre la diferencia entre base económica y supraestructura ideológica, entrara en crisis. Lo significativo es que, a raíz de las transformaciones culturales del capitalismo desde los sesenta, tener políticamente los pies en el suelo dejó de ser una opción, al menos políticamente hablando, realista. Máxime cuando las clases trabajadoras votaban derecha y los oprimidos por el sistema parecían mostrarse muy interesados en luchar contra sus presuntos intereses "naturales". Ante esta situación, el error político de la Izquierda fue, siguiendo la clásica brújula de los cimientos --ese "en última instancia"--, adoptar el mantra racionalista y entender como un simple error de juicio por parte de las masas su renuncia voluntaria a sus intereses, el haberse dejado manipular por las añagazas del conservadurismo thatcheriano. Ahora bien, si el nuevo "populismo autoritario", como fue definido por Stuart Hall, generó tal consentimiento ¿no fue porque, en esa situación concreta, aunque deformándolas en un sentido de repliegue conservador, interpelaba y escuchaba mejor las condiciones reales, experiencias y contradicciones de la vida de la gente?
¿Qué lecciones extraer de estos procesos históricos? Una posible, que si la izquierda quería ser una alternativa seria, su reconstrucción tenía que partir del reconocimiento de los puntos fuertes de su adversario y ser también consciente de su fuerza ideológica. En esta conservación con el diablo ya Gramsci había marcado líneas de orientación de una posible propuesta carente de garantías pero rica en articulaciones. Si la huelga de mineros de 1984-1985 mostró algo era que la apelación desnuda a la lucha de clase en los términos “realistas” de Buffet se estrellaba ante un thatcherismo que había conquistado posiciones de consenso en espacios sociales tradicionalmente ocupados por la clase trabajadora. La crisis se cerraba desde arriba en términos neoliberales mientras las apelaciones a "lo obrero" seguían planteando el territorio de combate en los escenarios clásicos.
Si Podemos apareció para algunos sectores como un “intruso” en la casa de la izquierda es porque buscó desde su entrada en escena, conforme a estas lecciones históricas, poner entre paréntesis esa identidad que obligaba obsesivamente a transmutar heroicamente las derrotas en victorias y jugar otro juego, cambiando la escala del enfrentamiento. Se había perdido, y había que reconocerlo, pero no necesariamente había que resignarse. El momento autocrítico del pesimismo de la inteligencia podía encontrar su optimismo. Pero para ello había que superar una estéril alternativa, la que aparecía, por un lado, entre la apuesta por abrillantar los cimientos del edificio de la Izquierda a la “espera” de que los receptores llegaran a la buena nueva de su mensaje en virtud del reconocimiento de sus profundas contradicciones y malestares y, por otro, los diferentes voluntarismos. En este sentido, yerran en el tiro quienes acostumbran en sus análisis a identificar a Podemos con una "fantasía intelectualista" enamorada de la capacidad mundoconstituyente del discurso y al margen de las condiciones materiales y sociales, como trataré de argumentar.
Aquí observamos algo curioso: cuánto más se desacredita políticamente a la formación por interpelar al grado más grosero de la emotividad, más se censura teóricamente su supuesto manierismo conceptual. Incluso allí donde la Izquierda cuestiona de Podemos una excesiva interpelación moralista al sentido común de “lo justo” que maquilla las "verdaderas" necesidades e intereses, la Derecha solo percibe a un funesto aprendiz de brujo que desata las bajas pasiones de la turba.
En todo caso, hastiado de esa espera, que solo redistribuía el poder dentro de los aparatos tradicionales de partido, y sabedor de la ilusión que suponía seguir huyendo hacia adelante, Podemos entró en la escena política española entendiendo que debía aceptar y contaminarse con ese fragmentado y contradictorio sentido común existente trabajando en sus núcleos de buen sentido. Había que intervenir y “llegar a tiempo” allí donde la construcción política podía ser más efectiva. En pocas palabras, no había que seguir esperando a la Izquierda. Para ello había que aligerarla un poco de peso, aceptar un horizonte político sin garantías históricas, y afinar la relación entre la teoría y la praxis. Pero no desde un voluntarismo discursivo, como se critica habitualmente con desconocimiento, sino justamente para poder conectar mejor con la realidad social. Había que tener presente la lección del 15M de que la construcción política se podía realizar mejor bajo fórmulas más sencillas, emotivas y cotidianas que desde proclamas identitarias o marcos apriorísticos que recortaban la coyuntura en función de sus presupuestos a priori. Lo que perturba de los nuevos agentes políticos es que son fuerzas históricas que no se cimentan de forma evidente o directa en las condiciones específicas de la vida material o, al menos, se relacionan con ella de una forma más compleja.
Sin embargo, la respuesta de los críticos fue inmediata: Podemos buscaba "construir la casa por el tejado". En lugar de ver la complejidad del “con”, se optó por la interpretación de “por el tejado”. Demasiada "cultura" y discurso, en suma. Aunque, ciertamente, la casa de la Izquierda, a pesar de los entusiastas insobornables al desaliento ("El 15M como fase prerrevolucionaria"), si no estaba medio en ruinas, no ofrecía muy buen aspecto, no se ponía en duda la relación entre los cimientos y los techos ideológicos.
¿Qué ofrecía Podemos a la pérdida de ese privilegio arquitectónico de la Izquierda? La hipótesis de que el importante aprendizaje realizado desde la década de los sesenta por los movimientos sociales de que los intereses políticos no se agotan en situaciones conflictivas de clase no necesariamente tiene que implicar cortar el nudo existente entre las situaciones sociales y materiales y los intereses políticos. Eso sí, esa tensión debía afrontarse con una mayor complejidad de lo que la izquierda tradicional lo había hecho en su programa político y práctica cultural. ¿Cómo impulsar una mejor relación entre los "cimientos" y el tejado, entre la "materia prima" de los malestares sociales y el horizonte, la ilusión de futuro?
Se esgrime desde la izquierda marxista, y a veces con razón, que la imagen planteada por sus críticos revisionistas es de un excesivo reduccionismo. Pero en este debate también a veces uno tiene la impresión de que la izquierda tradicional a menudo entiende que tomarse la cultura en serio es tomársela excesivamente en serio y de que con frecuencia se construye un espantajo, el muñeco políticamente hipertrofiado del "voluntarismo discursivo", para evitar un debate más matizado y complejo sobre una práctica política y económica sensible a las derrotas ante el neoliberalismo. Si acudimos, por ejemplo, al análisis del thatcherismo y la derrota de las luchas mineras en los ochenta, observamos que tanto por los resabios reduccionistas como también por los excesos posmodernos culturalistas no hemos avanzado demasiado.
En este contexto, la novedad de Podemos, y lo digo so pena de ser repetitivo, ha radicado precisamente en ofrecer una posibilidad distinta de entender la conexión entre la teoría y la praxis, no en disolverla desde una presunta autonomía del discurso político. En otras palabras, ¿realmente alguien puede creer que el éxito de su hipótesis ha consistido en su voluntarismo discursivo al margen de las condiciones materiales y sociales de nuestro país? Si la práctica político-cultural de Podemos ha abierto, como todo el mundo reconoce, una brecha no es, desde luego, porque haya sobrevolado moral o utópicamente con una "fantasía intelectualista" estas condiciones emergentes o se haya anticipado o fundido con ellas, sino porque las ha interpretado mejor desde una "imaginación --este es el matiz gramsciano decisivo-- concreta" para transformarlas.
Si ha sido, al menos por ahora, una buena respuesta a una problemática concreta es porque, de algún modo, esta respuesta estaba ligada orgánicamente, por así decirlo, a dicha problemática social, esto es, no estaba separada de ella. Si no hubiera sido así --y este era el riesgo que sobrevoló, en enero de 2014, sobre muchos participantes en el acto del Teatro del Barrio--, no habría existido ningún espacio político de mayorías para Podemos y la formación habría engrosado la larga lista de "frentes populares judaicos" al estilo de Monty Python. Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato fidedigno de la sociedad española; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo. Ojo, y un retrato no es una foto fija, sino más bien en movimiento, con sus deseos y expectativas.
Es esta relación entre la hipótesis teórica y la realidad social en movimiento la que queda desdibujada cuando se presenta a Podemos como la hipótesis de un grupo básicamente universitario que, experto en el marketing político, ha sabido agregar mecánicamente, en función de un discurso seductor, múltiples voluntades. Esta lectura no solo subestima la capacidad popular de entendimiento como una dimensión activa, sino que malentiende la tensión entre el proyecto político y la fuerza social que le acompaña, toda vez que la entiende como simple arcilla susceptible de ser estirada y moldeada por una supuesta vanguardia intelectual.
En efecto, más que asumirse de un modo pasivo, la identidad de un proceso colectivo se conforma en su proceso, en su aprendizaje, en sus relatos, expectativas de futuro, hitos e imágenes. Este es el sentido de que un pueblo, más que nacer o venir al mundo, deviene. Esta es una construcción que hoy precisa, frente a las élites extractivas, no de un cierre de filas desde la suma de fuerzas "radicales", sino sobre la base de una inédita y radical fraternidad social entre extraños que no descuide el trabajo político en esos espacios cotidianos y normalizados que hasta ahora eran vistos como distracciones secundarias. Esto es justo "hacer pueblo": impulsar un proceso de aprendizaje colectivo distinto del de construir sobre los cimientos de la "casa de la Izquierda".
En el artículo de respuesta a Iñigo Errejón de Brais Fernández y Emmanuel Rodríguez, ya replicado adecuadamente por Adrià Porta y Luis Jiménez en lo que respecta al supuesto problema de “la autonomía discursiva”, hay un punto, aparentemente secundario, que quisiera comentar para terminar. En él llama la atención cierta indiferencia en relación con la "clienta animalista" y el "carnicero que se divierte en Chueca", los dos ciudadanos que se muestran simpatizantes con Podemos en el artículo del secretario político de la formación morada. Mientras Errejón parte del malestar difuso de ambos individuos como una advertencia reflexiva sobre cómo los procesos de construcción política articulados por Podemos no nos sitúan en un escenario en absoluto claro y distinto y, desde luego, ajeno a los modos de interpelación individualista del liberalismo y clasista del marxismo, Fernández y Rodríguez, atados a la típica lógica de la izquierda tradicional de ir más allá de lo aparente e ir a los "cimientos", parecen desestimar la relevancia política de estos malestares "superficiales" por no situarse en la esfera genuina de la lucha y el conflicto ("sin la experiencia del conflicto, no hay sujeto", escriben). Se deduce que, en las prioridades de su agenda política, ni la clienta animalista ni el jovial carnicero del "súper chic" (sic) del barrio de Errejón merecen especial atención por no ser suficientemente radicales. A diferencia de ellos, entiendo que articular y construir sobre estos malestares un discurso político es un trabajo hoy necesario de no menos radicalidad política.
En primer lugar, porque esa indiferencia deja de lado la constatación de que en un escenario en el que las élites políticas y económicas actuales à la Buffet viven tan obscenamente a espaldas del resto de la sociedad, estos individuos tan "normales" son aliados frente a un mismo adversario que desahucia nuestras mismas condiciones de vida. En un contexto como el del neoliberalismo actual que hace gala de la mayor radicalidad revolucionaria y erosiona toda normalidad, ¿cómo no hacernos cómplices de la gente normal? Por otra parte, ¿cómo cambiar las cosas si somos demasiado diferentes de esta normalidad? Cuidado aquí -no lo digo por los autores-- con repetir errores anteriores de la Izquierda, cuando la crítica radical a todo lo "burgués" por pusilánime y moderado allanaba el camino a la concentración de un capital que veía con buena gana las reivindicaciones extraordinarias de un "hombre nuevo".
En segundo lugar, mientras el interés de Errejón va de las expectativas afectivas de estos dos individuos a la identificación con el proyecto de Podemos --¿qué fantasía o imaginación concreta les estimula?--, Fernández y Rodríguez, ajenos al reconocimiento de esas demandas, rehacen el camino yendo a la situación social de estos, mostrando indirectamente su esterilidad política a raíz de su moderación social (hasta ahora) indiferente a la lucha y el conflicto social.
La no interpelación o descalificación implícita de esos espacios de vida y reconocimiento, que no se interesa por la densidad de esas experiencias e identidades no forjadas en la esfera del trabajo, se antoja además un repliegue político problemático en un contexto como el neoliberal. Por otra parte, al subordinar estas experiencias cotidianas al centro de gravedad del conflicto deja escapar la cuestión de cómo evitar el sectarismo y abrirse a la generación de nuevos sujetos políticos. Porque es en este terreno ambiguo donde también pueden constituirse otras prácticas y confrontaciones. Aquí lo que se puede ver como una "evasión" culturalista de lo importante es justo el terreno decisivo, por mucho que se perciba erróneamente que ocuparse de "esas cosas" no es hacer política de verdad.
En la medida en que los críticos de Podemos tienden a entender la lógica política como una topología binaria donde la superficie y la profundidad no tienen posibles mediaciones, desestiman el valor político de ese malestar confuso y epidérmico --ese "plus de sentido" o "excedente simbólico" del que habla Errejón-- por no ser un valor político serio. No merece la pena tomarse en serio, parecen decir, a quienes no se toman la política suficientemente en serio, esto es, como lucha o conflicto. Vemos aquí que tomarse el plano cultural o discursivo en serio apunta a una lógica distinta que no necesariamente lo plantea como causa última. En este sentido, tomarse culturalmente la política en serio significa tomarse en serio a quienes parecen (solo desde la mirada profunda de los "cimientos") no tomarse la política en serio. Yerra el tiro, pues, quien ve en este movimiento un gesto que hace cultura mientras no puede hacer política transformadora; es justo al contrario, se hace práctica cultural para hacer política transformadora, mientras se hace política.
Si Podemos ha puesto en práctica una mejor gramática de la crisis española no es porque se haya limitado a ser el reflejo directo o mecánico de la fuerza ya existente en las calles y plazas, sino porque ha sabido construir intereses políticos de forma efectiva sobre y desde estas nuevas fuerzas difusas de cambio y resistencia. Llama la atención por tanto que se acuse de hipertrofia politicista a una hipótesis que ha transformado con tanta efectividad la realidad del tablero político existente y precisamente dejando de lado las estrategias que ahora se vuelven a esgrimir como menos intelectuales y "más realistas". Más que debates teóricos sobre Laclau, Althusser o Kant, ¿no es más importante partir de esta premisa: ¿cómo y por qué hemos llegado a ser en la práctica la verdadera fuerza alternativa al bipartidismo y al Régimen del 78?
Lo que está en juego en esta "vuelta a los cimientos" por parte de la Izquierda clásica y, por tanto, en esa imagen de la cultura como simple "tejado" es un problema político hoy crucial. En la medida en que estas posiciones, marcadas históricamente por un modo muy directo de entender la militancia y la lucha social "en la calle", entienden que la hegemonía ideológica no se gana en el terreno cotidiano del sentido común, un plano por definición, según esta concepción, excesivamente normalizado y "pasivo", sino en el de los cimientos de la casa --la base socioeconómica, su reproducción y sus intereses "objetivos"--, es estéril plantear una lucha en un enclave donde, según ellas, no se gana absolutamente nada o muy poco.
Otra posición parecida aquí es la que subraya la necesidad, a la hora de hacer política, de luchar no para conseguir poder o construir una mayor fuerza de consenso para introducir determinadas cuestiones, sino de decir enfáticamente la verdad. No hace falta insistir en qué medida la Izquierda tradicional ha estado apegada a esta imagen topológica que separa sin mediaciones entre la superficie de la ilusión y la mixtificación y la realidad de fondo. Aquí la obsesión espeleológica de la Izquierda tiende a no comprender el sentido común como un espacio de frontera o zona de contacto no dominada unilateralmente por la lógica capitalista y que muestra resistencias y fisuras.
Podemos no es ni puede ser un proyecto puramente teórico basado en una política ideológica ociosamente desconectada de sus bases sociales; por el contrario, debe operar como una fuerza social organizadora que constituya activamente a los sujetos humanos desde la raíz de sus experiencias en la esfera de la vida cotidiana y pretenda dotarles de formas de valor y creencia relevantes para sus tareas sociales específicas y la reproducción general del orden social. Estos sujetos se constituyen siempre de manera conflictiva y precaria; y aunque la ideología se "centre en el sujeto", no puede reducirse a la cuestión de la subjetividad. Aunque la mejor política ideológica posible contribuya a la constitución de intereses sociales en vez de limitarse obedientemente a expresar o reflejar pasivamente posiciones dadas de antemano, no da carta de naturaleza ni crea desde la nada estas posiciones por su propia omnipotencia discursiva.
Si, como ha escrito Santiago Alba, "en las palabras cabe mucha más gente que en una casa" es porque, como también ha dicho Iñigo Errejón, "el discurso no es un mero ropaje". En una situación de desahucio de nuestras condiciones antropológicas de existencia en la que, como hoy es ostensible, lo viejo, agonizante, no termina de morir y lo nuevo de nacer, también emergen comprensibles miedos o reacciones defensivas, tentaciones de cimentar el edificio mirando hacia abajo sin mirar hacia el horizonte cultural. Miedo a perder las viejas certidumbres políticas conocidas por lo bueno por conocer que se puede construir, traduciendo los gestos y reivindicaciones heredados a las nuevas exigencias; miedo ante el vértigo de estar en una formación política que se expone a los ojos del mundo por abrir una brecha desconocida cuando supuestamente "no había alternativas"; miedo a perder suelo y el reconocimiento de los tuyos por salir de las zonas de confort y buscar a los que faltan; miedo a escuchar el confuso lenguaje en el que habla culturalmente el presente cuando tu mirada está demasiado vuelta hacia atrás o demasiado adelante. Un lenguaje de época, en efecto, que solo es ruido o mera cáscara seca para quien aún piensa en que puede desnudar la realidad con una última verdad o cree demasiado en la autenticidad, pero que también es un filón para quien lo explora en su política cultural como terreno de lucha."
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2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
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2016.05.21 16:52 ShaunaDorothy ¡Forjar un partido leninista-trotskista! Se derrumba el régimen del PRI - ¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD! - ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués, enemigo de explotados y oprimidos! (2000) (2 - 2)

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Internacionalismo proletario vs.
“frente único antiimperialista”:
¡El enemigo principal está en casa!
La CTM nació de un movimiento obrero en ascenso, del cual surgieron también grandes sindicatos nacionales de industria, como el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) y el Sindicato de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (STMMSRM). La CTM fue fundada en 1936 por una serie de federaciones sindicales (como la CSUM del PCM estalinista) y varios sindicatos industriales, como el STMMSRM, el STPRM, el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros (STF), el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y otros. La CTM nació bajo los auspicios de Cárdenas y desde un inicio estuvo atada a él y a su gobierno. De hecho, Cárdenas basó gran parte de su apoyo inicial en la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM) de Lombardo Toledano, que fue antecesora de la CTM, así como en el Comité de Defensa Proletaria fundado en 1935, donde los estalinistas, la CGOCM, el SME y otros otorgaron su apoyo a Cárdenas en su lucha intestina contra Calles. El pegamento final que hizo que la CTM se postrara absolutamente ante el gobierno de Cárdenas fue la nacionalización del petróleo en marzo de 1938.
Los burócratas de la CTM (incluyendo a los estalinistas, así como a Lombardo Toledano y Fidel Velázquez) y el PRM mismo se vieron obligados a hacer referencias rituales al “socialismo” para engañar a los trabajadores. Así, el lema original de la CTM era “Por una sociedad sin clases” y sus “Estatutos de la Confederación de Trabajadores de México” dicen:
“El proletariado de México luchará fundamentalmente por la total abolición del régimen capitalista. Sin embargo, tomando en cuenta que México gravita en la órbita del imperialismo, resulta indispensable, para llegar al objetivo primeramente enunciado, conseguir previamente la liberación política y económica del país.”
—CTM, 1936-1941, Secretaría de Divulgación Ideológica, CEN del PRI (1981)
Esta es, básicamente, la concepción estalinista de la revolución por etapas —robada de los mencheviques—, según la cual primero hay que luchar por una “revolución democrática” para después hablar de una revolución socialista. En realidad, esta ha sido siempre una receta para derrotas del proletariado (ver artículo “México y las lecciones de Octubre” en este mismo número). El pacto constitutivo del PRM decía que este partido burgués “considera como uno de sus objetivos fundamentales la preparación del pueblo para la implantación de una democracia de trabajadores para llegar al régimen socialista.”
El papel desempeñado por el PCM, para entonces ya totalmente estalinizado, fue un elemento crucial en la subordinación de la clase obrera mexicana a la burguesía mediante el nacionalismo. Al principio del régimen de Cárdenas, el PCM seguía aún la política estalinista del “Tercer Periodo” que llevó a que el fascismo triunfara en Alemania sin que el proletariado disparara un solo tiro. El PCM, siguiendo las directrices del VI Congreso de la Internacional Comunista (Comintern), sostenía todavía en 1935 que Cárdenas y Calles buscaban el mismo objetivo: fortalecer la dominación del imperialismo yanqui. Criticaba a Lombardo Toledano porque, aun habiendo roto con la CROM, seguía sosteniendo abiertamente que había que colaborar con el gobierno. Sin embargo, en realidad esto encubría su propia colaboración de clases. Hernán Laborde, secretario general del PCM, explicaba en junio de 1935 que la consigna era: “¡Con Cárdenas no; con las masas cardenistas, sí!”, en su esfuerzo por consolidar la subordinación política de la clase obrera a una supuesta ala “antiimperialista” de la burguesía y la pequeña burguesía. ¡Y el PCM era el ala izquierda de la CTM!
El PCM realizó una “autocrítica” a la luz de los resolutivos del VII Congreso de la Comintern, celebrado en julio de 1935, en donde se calificaba al fascismo como el principal enemigo y, por tanto, era necesario construir un “frente único” contra éste. En realidad, la Comintern se estaba adaptando al imperialismo “democrático”, y era con esas fuerzas burguesas que buscaba un “frente único”. En los países subyugados por el imperialismo “democrático”, este “frente único” conducido bajo la rúbrica de la “lucha contra el fascismo”, significó la traición de cualquier lucha por la liberación nacional y la independencia. Así, en el VII Congreso, el PCM, en palabras de su secretario general Hernán Laborde, sostenía: “es preciso reconocer que el peligro fascista nos ha hecho en cierta medida relegar a segundo plano al principal enemigo, que en las condiciones de México es el imperialismo, y particularmente el imperialismo yanqui” (citado en de Neymet, Marcela, Cronología del Partido Comunista Mexicano. Primera parte, 1919-1939, 1981).
Si bien Laborde aceptó a regañadientes la unidad con el imperialismo “democrático” contra el fascismo, en la mayoría de los periodos el refrán de los estalinistas y otros colaboracionistas de clase es el “frente único antiimperialista”. Esta es una receta para la unidad con su propia burguesía nacional “contra el imperialismo”. Los espartaquistas insistimos que en México el principal enemigo está en casa: es la burguesía mexicana, lacaya del imperialismo. El PCM, aunque no era un partido de masas, gozaba de cierta influencia en la clase obrera, derivada de la autoridad de la Revolución de Octubre. A fin de cuentas, el PCM, a la cola de Cárdenas, fue el principal responsable político de detener en corto el desarrollo de una conciencia de clase en el proletariado mexicano, impidiéndole ver la necesidad de forjar un partido para luchar por sus propios intereses de clase.
Lombardo Toledano sirvió como un alcahuete nacionalista del gobierno burgués en turno. Fidel Velázquez, sin mayores pretensiones “teóricas”, llevó los postulados del PCM y Lombardo a sus consecuencias lógicas, deshaciéndose de sus adversarios algunos años más tarde y, al final de la efímera faceta “populista” de la burguesía, disciplinando al movimiento obrero mediante la represión salvaje en lugar de la subordinación ideológica. Unos años más tarde, la CTM y el PRM/PRI abandonaron cualquier pretensión “socialista”.
El desgastado dominio corporativista de la CTM sobre el movimiento obrero está agonizando, y es necesario extraer las lecciones de la historia para no caer en las mismas trampas de la burguesía. Los dirigentes sindicales “alternativos” a los charros priístas no representan ninguna opción de clase. Su retórica y sus métodos podrán ser distintos —a veces—, pero su papel es el mismo: los lugartenientes del capital en el movimiento obrero. Por ejemplo, un tal Miguel Hernández Bello, dirigente de una disidencia sindical del SUTERM contra el charro Rodríguez Alcaine, sucesor de Fidel Velázquez, se presentó a las oficinas de Vicente Fox para rogarle, de manera patética, que éste interviniera para garantizar el desarrollo “democrático” de las elecciones internas en el SUTERM, a realizarse en noviembre próximo; Fox ni siquiera lo recibió (La Jornada). ¡Y estos son los sindicalistas “independientes”! Las ilusiones en que el presidente electo panista va a “garantizar” la democracia en los sindicatos no son distintas a las ilusiones en la “imparcialidad” de las Juntas de Conciliación y Arbitraje burguesas. Las ilusiones en la “imparcialidad” del estado burgués en general son ilusiones mortales para el movimiento obrero. Cuando el estado interviene en los sindicatos, su única intención es reglamentarlos y subordinarlos cada vez más a la clase capitalista y a su estado. El estado burgués no tiene nada que hacer en el movimiento obrero. ¡La clase obrera debe limpiar su propia casa! ¡Estado burgués fuera de los sindicatos! Los policías no son “trabajadores en uniforme”, sino los perros guardianes de la burguesía. La presencia de policías en los sindicatos representa un peligro a la existencia misma de estos: ¡Policías fuera de los sindicatos! ¡Auxilio UNAM fuera de la UNAM y el STUNAM!
El PRD burgués, especialmente después de su humillante derrota electoral, trata de posar como “amigo” de los trabajadores, las mujeres y las minorías oprimidas, como los homosexuales. Después de impulsar las reformas ampliando —de manera muy limitada— los casos de aborto legal en la Ciudad de México, publicó un desplegado en los periódicos burgueses protestando contra la decisión de la Junta de Conciliación y Arbitraje contra la huelga de Volkswagen, aceptada por la dirigencia sindical. De igual manera se “opuso” a la requisa contra la huelga de las sobrecargos de aviación de ASSA, y hoy la diputada perredista y dirigente de ese sindicato, Alejandra Barrales, introduce una iniciativa de ley para eliminar la requisa. Pero el PRD ha mostrado su naturaleza antiobrera en más de una ocasión, arremetiendo con sus granaderos contra los estudiantes del CGH en distintos momentos durante la combativa huelga estudiantil en defensa de la educación publica. Fue aquí que varios ejemplos dejaron claro el objetivo de este partido, administrar los bienes y defender los intereses de la burguesía. En el caso de la huelga de la UNAM los estudiantes fueron atacados desde el principio de la huelga por el PRD, qué usó a sus granaderos para golpearlos y encarcelarlos el 25 de mayo, el 4 de agosto, 14 de octubre y 11 de diciembre de 1999, así como el 3 y 6 de febrero del 2000, en apoyo a la Policía Federal Preventiva. Estos ataques también han sido contra maestros del SNTE, trabajadores de Chapingo y muchos otros. A eso se reduce hoy el “populismo” cardenista. Hoy, el PRD y sus alcahuetes sindicales no tienen ninguna necesidad de utilizar una retórica “socialista”, como en su tiempo se vieron forzados a hacer la CTM y el mismo PRM, para engañar al proletariado. La verborrea del nacionalismo burgués les basta. Aun así, el objetivo es el mismo: mantener a la clase obrera disciplinada, adormecida con ilusiones “democráticas” en “su propia” burguesía. El PRD no tiene otro objetivo que sostener el régimen de explotación capitalista: es enemigo de los trabajadores, las mujeres y todos los oprimidos. Las leyes bajo el capitalismo existen para impedir la movilización independiente del proletariado en lucha por sus conquistas. La clase obrera no puede jugar bajo las reglas de los patrones. ¡Abajo las Juntas de Conciliación y Arbitraje! ¡Por la independencia política del proletariado—romper con todos los partidos de la burguesía: PRI, PAN, PRD!
El Grupo Internacionalista: apologistas “de izquierda” del nacionalismo burgués
La seudoizquierda mexicana ayuda al PRD en su esfuerzo por mantener a la clase obrera atada a su enemigo de clase, cegada por la ideología del nacionalismo burgués que pretende eliminar toda diferenciación de la sociedad en clases con intereses antagónicos. Entre estos grupos seudoizquierdistas se encuentra el llamado Grupo Internacionalista (GI), formado por un puñado de desertores de nuestra organización, la Liga Comunista Internacional. Desmoralizados por el triunfo de la contrarrevolución en la URSS y Europa Oriental, desertaron del trotskismo revolucionario para buscar fuerzas de clase ajenas al proletariado y vehículos distintos a su partido revolucionario leninista para avanzar en la lucha por la emancipación de la humanidad.
En lugar de la perspectiva trotskista de la urgencia de la lucha por la independencia política del proletariado, el GI toma posición, retóricamente, con un lado de los burócratas sindicales —los “independientes”— contra otros —la CTM—. El GI trata de manipular el justificado odio de los trabajadores hacia la burocracia gangsteril cetemista, así como sus impulsos hacia la democracia sindical, simplemente para embellecer al PRD y sus alcahuetes sindicales. Mediante el uso de justificaciones seudomarxistas, el GI sostiene que existe una diferencia de clase entre los sindicatos afiliados al PRI y aquellos cercanos al PRD, siendo la violencia y prácticas burócraticas de los cetemistas su criterio aparente. Pero la demagogia no puede sustituir al análisis marxista de clase. ¡Los marxistas no utilizan la presencia de la violencia, la deshonestidad o la falta de democracia para determinar la naturaleza de clase de las cosas! En el fondo, lo que para el GI determina el carácter de clase de las distintas organizaciones sindicales es por qué partido burgués están controladas: el PRI o el PRD.
Pretendiendo aportar una “justificación ortodoxa” a su línea de que los sindicatos priístas no son tales, en un suplemento de El Internacionalista (octubre de 1998), el GI cita “Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista” de Trotsky:
“En México, los sindicatos han sido transformados por ley en instituciones semiestatales, y asumieron, como es lógico, un carácter semitotalitario.”
Pero omiten convenientemente el siguiente párrafo del escrito de Trotsky, que desenmascara la política del GI:
“A primera vista, podría deducirse de lo antedicho que los sindicatos dejan de serlo en la era imperialista. Casi no dan cabida a la democracia obrera que, en los buenos tiempos en que reinaba el libre comercio, constituía la esencia de la vida interna de las organizaciones obreras.
“Al no existir la democracia obrera no hay posibilidad alguna de luchar libremente por influir sobre los miembros del sindicato. Con esto desaparece, para los revolucionarios, el campo principal de trabajo en los sindicatos. Sin embargo esta posición sería falsa hasta la médula.”
Su línea política capituladora en México se ha quedado, hasta ahora, en pura retórica. Sin embargo, en Brasil estos centristas llevaron su política a los hechos, arrastrando al Sindicato de Funcionarios Públicos del Municipio de Volta Redonda (SFPMVR) a los tribunales de la burguesía en tres ocasiones, en una lucha interburocrática para conservar la presidencia del sindicato en favor de su camarada Geraldo Ribeiro, un ex policía (ver el artículo “El encubrimiento del IG en Brasil: Manos sucias, mentiras cínicas” en Espartaco núm. 10, otoño-invierno de 1997). Cuando el estado burgués falló a favor de su oponente, el GI declaró que el sindicato mismo había dejado de ser tal, para convertirse en una formación arreglada por los tribunales burgueses porque la presidencia la ocupan sus oponentes políticos, ¡quienes antes eran sus compañeros de planilla!
El GI habla ahora de “sindicalismo policiaco”, haciendo una analogía con las organizaciones obreras establecidas por el agente de la policía zarista Zubátov en Rusia a principios de siglo, y tratan de incluir en la categoría a la CTM y el CT mexicanos (“Lucha de clases contra el ‘Sindicalismo Policiaco’ en Brasil”, The Internationalist núm. 7, abril-mayo de 1999). Con su tradicional estilo de citas “selectivas”, el GI pretende dar a entender que los bolcheviques se negaban a trabajar en tales organizaciones. Pero Lenin condenó a quienes argumentaban que los revolucionarios debían negarse a trabajar en sindicatos dirigidos por reaccionarios, explicando que los principales dirigentes de los sindicatos reformistas en los centros imperialistas no eran más que Zubátovs con un disfraz diferente: “Los Gompers, los Henderson, los Jouhaux y los Legien no son sino los Zubátov, que se distinguen del nuestro por su traje europeo, su porte elegante y los refinados procedimientos aparentemente democráticos y civilizados que emplean para realizar su canallesca política” (La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, 1920).
En su más reciente polémica contra nosotros, el GI trata de responder a estos argumentos sosteniendo: “El mismo Trotsky insistió en que en casos en los que no hay alternativa, hay que hacer trabajo en los ‘sindicatos’ fascistas. Esto, sin embargo, no los convierte en verdaderos sindicatos obreros. Los revolucionarios también hacen trabajo dentro del ejército de conscripción, pero eso no cambia la naturaleza de clase del puño armado del estado burgués” (suplemento de El Internacionalista, junio de 2000). Esta analogía antimarxista entre la CTM y un ejército burgués de conscripción no es otra cosa que la “justificación” de una política rompesindicatos: ¿por qué habrían de defender los trabajadores, contra los ataques de la burguesía, a una organización que no es cualitativamente distinta de un ejército burgués? En México, en 1989, Salinas de Gortari apresó al dirigente de los petroleros, Joaquín Hernández Galicia. Nadie más que la LCI protestó este ataque y explicó a los obreros que era un golpe contra la clase obrera. Nadie más que la LCI exigió la libertad para los dirigentes petroleros encarcelados. Cualesquiera que sean los pretextos del estado burgués para intervenir en los sindicatos, su única intención es subordinarlos aún más al enemigo de clase. Nadie más se opuso al golpe de Salinas contra los petroleros porque todas las demás organizaciones “de izquierda” compartían —y comparten— la línea del GI.
Mostrando que su objetivo está muy lejos de proporcionar alguna claridad política a los trabajadores, el GI jamás se ha tomado la molestia, después de decenas de páginas de polémicas contra nosotros sobre esta cuestión, de explicar a los millones de trabajadores aún organizados por la CTM y, en general, el CT, cómo y cuándo fue que sus sindicatos “dejaron” de ser tales. La razón por la cual no se han podido poner de acuerdo ellos mismos en esta cuestión es que su posición está en tan plena contradicción con la realidad y los principios elementales del marxismo, que no han encontrado la forma de “justificarla”.
Basando su posición social en el hecho de que dirigen a un sindicato, las burocracias obreras negocian los términos de explotación con la burguesía utilizando la fuerza de la clase obrera organizada como su carta. Así, al tiempo que la CTM y, en general, los sindicatos priístas se caracterizan por su servilismo ante la burguesía y su estado, también se ven obligados a movilizar a sus bases de vez en cuando. El año pasado, por ejemplo, hubo una gran huelga de miles de trabajadores azucareros, organizados por la CTM. Según estadísticas del INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática) correspondientes al año 1998, hubo 245 huelgas estalladas en México. De estas, 103 fueron de la CTM, 68 de la CROC (también priísta), 27 de la CROM (también priísta), y 24 de los “independientes”. De 245 huelgas, un total de 198 fueron estalladas por centrales priístas. Según el GI, la CTM no es una federación sindical porque está conectada orgánicamente con el PRI; pero el PRI ya no domina al estado. Entonces, el GI tacha de imposibles (o tal vez deberíamos decir “inexistentes”) las luchas convulsivas que se extienden incluso a los sindicatos dominados por el PRI o, enfrentados a los hechos, las denuncian como “un sector de la burguesía contra otro”, según han repetido cuadros dirigentes del GI en diversas discusiones verbales contra la LCI internacionalmente. De manera nada sorprendente, esa fue la respuesta del PRD ante la amenaza de huelga por parte del sindicato del metro de la Ciudad de México hace algunos meses —una mera maniobra del PRI—.
En La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, Lenin explica:
“Para saber ayudar a la ‘masa’ y para adquirir su simpatía, su adhesión y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las zancadillas, los insultos, los ataques, las persecuciones de los ‘jefes’ (que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos en relación directa o indirecta con la burguesía y la policía) y trabajar sin falta ahí donde estén las masas.” (Enfasis en el original)
El punto fundamental de Lenin es que los antagonismos de clase inherentes al capitalismo son tales, que estallarán independientemente de la superestructura particular del régimen capitalista. Es por esto que incluso los sindicatos corporativistas estallan huelgas y buscan hoy nuevas alianzas. Y es por ello que los espartaquistas no desechamos a esos sindicatos, sino que buscamos ganar la adhesión de los trabajadores al programa del comunismo, luchando por romper cualquier atadura de los sindicatos con la burguesía, su estado y todos sus partidos. Pero la razón del GI para desechar a la CTM, que aún organiza a gran parte del proletariado mexicano y a algunos de sus sectores más estratégicos, no es cobardía. Es un apetito y programa distintos. Para los revolucionarios, que no buscamos “influencia” en sí misma, basada en las maniobras en la cúpula de los sindicatos, sino la adhesión revolucionaria de los sectores más avanzados de la clase obrera, el punto es ganarlos a nuestro programa completo.
Trotsky continúa en “Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista”:
“De todo lo anterior se desprende claramente que, a pesar de la degeneración progresiva de los sindicatos y de sus vínculos cada vez más estrechos con el Estado imperialista, el trabajo en los sindicatos no ha perdido para nada su importancia, sino que la mantiene y en cierta medida hasta es aun más importante que nunca para todo partido revolucionario. Se trata esencialmente de luchar para ganar influencia sobre la clase obrera. Toda organización, todo partido, toda fracción que se permita tener una posición ultimatista respecto a los sindicatos, lo que implica volverle la espalda a la clase obrera sólo por no estar de acuerdo con su organización, está destinada a perecer. Y hay que señalar que merece perecer.”
El GI encaja perfectamente en esta descripción.
El GI acusa a la LCI de haber “cambiado de línea” sobre la naturaleza de clase de la CTM. Veamos quién “cambió de línea”. En concordancia con su concepción de sí mismos como caudillos infalibles, los dirigentes del GI Norden y Negrete imaginan que, dado que ellos sostenían tal o cual posición a espaldas del partido cuando ellos todavía eran miembros de la LCI, ésta tenía que ser “la línea” de nuestra organización. Pero las acusaciones del GI son una falsedad diseñada simplemente para atacar a la LCI. No reconocíamos ninguna distinción de clase entre unos sindicatos y otros, porque la política del GEM jamás fue embellecer al PRD burgués y a sus seguidores en los sindicatos. En su suplemento mexicano más reciente (22 de junio de 2000), el GI se queja de que el GEM: “Incluso compara a los charros priístas, que ‘usan sus porros y golpeadores para mantener sus privilegios’, con la burocracia estalinista en la Unión Soviética. Ocultan la diferencia entre un instrumento directo del estado burgués, la CTM, y la burocracia gobernante de un estado obrero burocráticamente degenerado, la URSS.” En el número 22 de Spartacist en español, de 1989, cuando Norden era aún editor de nuestro periódico estadounidense Workers Vanguard y miembro del comité de redacción de Spartacist en español, en el artículo “Bazukazo contra los obreros mexicanos” sobre el ataque de Salinas contra el sindicato de petroleros, dijimos: “Muchos de los intelectuales radicales y liberales preguntan, ¿cómo se puede defender a este jefazo sindical, la personificación de los corruptos burócratas charros que han dominado a los sindicatos por décadas, y seguir llamándose un demócrata?... Los trotskistas, que comprendemos el carácter de clase de la URSS como un estado obrero a pesar de su degeneración burocrática bajo el dominio estalinista, y por tanto la defendemos contra el imperialismo, defendemos de la misma manera a los sindicatos contra los patronos a pesar de la burocracia entreguista que se asienta sobre estos reductos de poder obrero. Como escribió León Trotsky hace 50 años, ‘en el último análisis, el estado obrero es un sindicato que ha tomado el poder’ (En defensa del marxismo, 1939).” La política de la LCI siempre explicó cómo no existe ninguna diferencia cualitativa entre los charros priístas y sus contrapartes “democráticos”, porque nuestra política siempre ha estado basada en la lucha por la total independencia política y organizativa del proletariado respecto a todas las alas de la burguesía, no sólo del PRI sino también del PRD. Es el GI quien ha cambiado su orientación general, desertando del trotskismo revolucionario en busca de la satisfacción de sus apetitos oportunistas.
En México, el GI ha encontrado una fuerza burguesa a la cual capitular en el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas, sosteniendo la existencia de un “frente popular” alrededor de ese partido burgués. El GI presenta el término “frente popular” como una frase carente de significado concreto. Pero el término “frente popular” no es sinónimo de cualquiera y toda forma de colaboración de clases. En terminos marxistas, un “frente popular” es una alianza entre partidos obreros reformistas y partidos capitalistas para gobernar en un estado capitalista. La participación de los partidos obreros es usada para camuflagear cuál clase dirige y generalmente surge en situaciones donde la burguesía necesita apaciguar obreros combativos y descarrilar sus luchas. Mientras la dirección pro-capitalista de estos partidos reformistas (a los cuales Lenin llamó “partidos obrero-burgueses”) conscientemente aparece para el rescate del capitalismo en crisis, la base obrera que tienen estos partidos está motivada por una conciencia de clase reformista; esto es, rechazan a los partidos burgueses como representantes de los patrones pero incorrectamente ven a su partido reformista como capaz de alcanzar un reordenamiento socialista de la sociedad en los intereses de los trabajadores.
Pero en México no existe ningún partido obrero de masas; el mecanismo fundamental utilizado por la burguesía mexicana para mantener a la clase obrera subordinada ha sido la ideología del nacionalismo burgués, y no el “frente popular”. El PRD es un partido burgués, simple y llanamente.
El GI trata de utilizar una cita de Trotsky de 1938 en la que sostiene que el PRM de Lázaro Cárdenas era un “frente popular en forma de partido” para argumentar contra los espartaquistas. Los centristas pasan años buscando alguna cita que pueda, sacándola de contexto, justificar su política oportunista. Así, el GI trata de sacar de contexto esa afirmación de Trotsky para implicar que su posición sobre un “frente popular cardenista” actualmente tiene alguna base marxista, dada por Trotsky. Esto es una falsedad. En una conversación informal con algunos de sus colaboradores, que fue transcrita posteriormente, Trotsky dijo:
“El Kuomintang en China, el PRM en México, el APRA en Perú son organizaciones totalmente análogas. Es el frente popular bajo la forma de un partido.”
Esta es una formulación evocativa para describir a la burguesía apoyándose en el proletariado, pero no es precisa, y es precisamente por ello que aparece únicamente en esta transcripción de una conversación informal entre Trotsky y sus colaboradores políticos. En todos los escritos publicados de Trotsky acerca del Guomindang, es concienzudamente claro que era el partido de la burguesía nacionalista y previene en contra de la subordinación del proletariado a éste. Así mismo para México, Trotsky insiste que la cuestión paradigmática para los revolucionarios es la estrategia de la revolución permanente, contrapuesta al nacionalismo burgués que se expresa en la falsa perspectiva del “frente único antiimperialista”. Como escribimos en Espartaco núm. 10:
“¿Cuál puede ser la razón de la insistencia del IG sobre la supuesta existencia de un “frente popular” alrededor del PRD? Tal vez es instructivo considerar que Stalin justificó la liquidación suicida de los comunistas chinos en el Guomindang bautizando al partido burgués nacionalista como un “bloque de cuatro clases”. Escribiendo sobre éste en La internacional Comunista después de Lenin (1928), Trotsky dijo:
“‘La famosa idea de los partidos obreros y campesinos parece haber sido especialmente concebida para permitir el camuflaje de los partidos burgueses obligados a buscar un apoyo entre los campesinos, pero deseosos también de contar con obreros en sus filas. Desde este momento el Guomindang ha entrado para siempre en la historia como el prototipo clásico de un partido de este género.’”
La razón de la insistencia del GI en el supuesto “frente popular” cardenista, no es otra que obscurecer la naturaleza de clase del PRD, un partido burgués. El GI avienta por la ventana la perspectiva de la revolución permanente para inventar un “frente popular” con componentes de la clase trabajadora sólo para capitular al PRD burgués. La historia mexicana y la realidad actual presentan un gran problema para el GI al que ellos no pueden responder. Por siete décadas la estructura básica del corporativismo en la sociedad mexicana no cambió fundamentalmente. Durante un periodo breve bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas el gobierno se movió un poco a la izquierda para descarrilar el descontento de los trabajadores y del campesinado. Desde entonces, la estructura del estado corporativista se ha desarrollado en una dirección represiva y semi-bonapartista. Pero nada cambió fundamentalmente por siete décadas. Si, de acuerdo al GI, el predecesor del PRI, el PRM fue un frente popular, ¿cuándo y cómo éste dejó de serlo? Y ahora que a partir del 1° de diciembre el PRI dejará de estar en el gobierno, pero los sindicatos de la CTM todavía están afiliados a éste, ¿existe un “frente popular” alrededor del PRI?
¡Forjar un partido leninista-trotskista!
Los genuinos comunistas buscamos construir la más fuerte unidad posible de la clase obrera contra los explotadores capitalistas, por eso, nos oponemos a las divisiones gremiales en el proletariado, estamos por el sindicato de industria; es decir, todos los trabajadores, calificados y no calificados de una misma industria deben pertenecer a un mismo sindicato. Luchamos contra la escisión de la clase obrera en sindicatos competidores basados en diferentes tendencias políticas. La tarea de la vanguardia comunista es aclarar y agudizar las diferencias entre las tendencias políticas competidoras para reunir los cuadros para un partido leninista. En tiempo de Lenin, estas diferentes tareas políticas se reflejaron en diferentes formas organizativas: la Comintern compuesta de las organizaciones partidistas que representaban el singular programa político bolchevique, y la Profintern, que representaba la lucha por la unidad de la clase obrera en los sindicatos.
La historia ha mostrado que la clase obrera, con sólo su esfuerzo y experiencia cotidiana —sin la intervención de un partido leninista de vanguardia—, no puede desarrollar una conciencia más alta que la sindical; es decir, la necesidad de unirse en sindicatos para la lucha económica contra los patrones y el gobierno. Pero la conciencia sindical es conciencia burguesa. El sindicalismo, por sí mismo, no cuestiona el modo de producción capitalista, sino que busca mejores condiciones de explotación para los obreros en luchas contra patrones individuales y el gobierno. La lucha por la independencia genuina de las organizaciones obreras respecto de la burguesía requiere el forjamiento de un partido obrero revolucionario —el instrumento indispensable para la revolución proletaria—, que reúna a las masas oprimidas del campo y la ciudad tras el proletariado. Para este fin, es necesaria una lucha sin cuartel contra toda manifestación de la ideología burguesa en la clase obrera. Parte esencial de esto es desenmascarar a los falsos pretendientes a la bandera del comunismo, que no hacen sino perpetuar las ataduras de la clase obrera a “su propia” burguesía.
El papel de vanguardia de la clase obrera es central para la perspectiva marxista del socialismo mundial. Sólo la clase obrera tiene el poder social y la obligación de su claro interés objetivo para liberar al género humano de todo tipo de opresión. No teniendo interés alguno en la preservación del orden burgués, su enorme poder yace en su papel en la producción, su número y su organización. Como los bolcheviques de Lenin, nuestro propósito es fusionar elementos intelectuales y proletarios, para forjar el partido capaz de dirigir al proletariado a la toma del poder estatal. ¡Únete a nosotros!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/CORPOR14.HTM
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2015.03.31 14:32 David_026 ARTÍCULO INTERESANTE APARECIDO EN REBELIÓN.ORG PARA EL DEBATE EN NUESTRA FORMACIÓN.

La estrategia de Podemos Autor: José López
La estrategia de cualquier organización política debe siempre adaptarse a los resultados prácticos obtenidos. En cualquier guerra la estrategia es uno de los factores claves del éxito o del fracaso. Y la política es sin dudas una guerra, aunque una guerra cuyas armas son las ideas. Para ganar son imprescindibles la crítica y la autocrítica, sin límites.
Las resultados de las recientes elecciones en Andalucía son claros: el bipartidismo está tocado, pero no muerto, ni siquiera herido de muerte, IU se ha hundido, Ciudadanos irrumpe con más fuerza de la esperada, el PP se hunde, pero sigue siendo la segunda opción más votada, el PSOE se mantiene como el partido hegemónico, y Podemos irrumpe con fuerza, pero con menos de la esperada. Los resultados en Andalucía no son totalmente extrapolables al resto de España, pero lo que está claro también es que Andalucía no es ajena a España. Creo que tanto en IU como en Podemos debe plantearse un debate urgente sobre sus respectivas estrategias. Urgente porque dentro de poco tenemos nuevas citas en las urnas. El tiempo juega en contra.
IU debe tener claro de una vez por todas que su estrategia de actuar como un mero apéndice del PSOE la condena a ser una fuerza testimonial, incluso la amenaza con desaparecer de las instituciones. No olvidemos que ya estuvo a punto de hacerlo en el pasado cuando aún no existía un Podemos. No puede ser que al mismo tiempo que se critica al bipartidismo, que se dice que el PP y el PSOE son lo mismo, se gobierne con uno de ellos. La lección de Andalucía es obvia. Y debe aplicarse para el resto de España. Penosa imagen da una organización que en una comunidad autónoma emplea una estrategia y en otra la contraria. Un partido debe tener cierta cohesión, respetando las peculiaridades locales, pero con ciertas líneas rojas que nadie puede traspasar. Una de esas líneas rojas es la estrategia general. No hablemos ya de las divisiones internas, del sectarismo, de las corruptelas, etc., que ha padecido IU desde hace demasiado tiempo. En mi humilde opinión, o IU espabila de una vez por todas o que sus mejores cuadros, que sus militantes más combativos, se integren en otra organización que sirva mejor a los intereses de las clases populares. Y esa organización es, ahora mismo, sin lugar a dudas, Podemos. Un partido político es un instrumento, un medio, y no un fin en sí mismo. Si dicho instrumento ya no vale habrá que proveerse de otro. Hay que ser sobre todo fieles a los principios, a los ciudadanos más necesitados, al proletariado, y no tanto a las organizaciones. No hay que caer en el “fetichismo de las organizaciones”.
Lo verdaderamente importante es proveerse de ese instrumento político (ya sea un partido o una coalición de partidos) que sea capaz de concentrar los votos de las clases populares, de todos aquellos ciudadanos que reclaman verdaderos cambios. Porque como nos demuestra obstinadamente la realidad, la clave está en el voto. Las movilizaciones populares en las calles son imprescindibles, pero insuficientes. De poco sirve que incluso millones de personas se manifiesten en las calles si luego muchos más millones votan a los enemigos del pueblo. No importa el nombre que tenga dicho partido o frente, ni quien lo lidere. Siempre que se tenga la capacidad de arrastrar a las masas. Lo realmente importante es su programa y su metodología. Un programa que pivote alrededor de dos ejes centrales: rescate ciudadano y proceso constituyente, es decir, democracia real, regeneración democrática profunda. Una metodología que sea radicalmente democrática, que dé el protagonismo a la ciudadanía, a las bases, con la máxima transparencia. Para tener credibilidad ante el electorado hay que ser ejemplar, hay que practicar la coherencia. Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que en el momento presente es Podemos quien tiene mayores posibilidades de vertebrar la imprescindible unidad popular. Lo que no veo tan claro es si Podemos solo puede hacerlo.
La única explicación satisfactoria que podemos encontrar al “misterio” de que muchos ciudadanos, de las clases populares, sigan votando a sus verdugos, al PSOE, al PP, o a otros partidos que defienden básicamente lo mismo, ya sean viejos o nuevos (como Ciudadanos, el necesario recambio del sistema para que todo siga esencialmente igual), es la inconciencia o la falsa conciencia. La clave para cambiar el voto masivamente reside en la conciencia. Y para ello es ineludible tener en cuenta los prejuicios que tienen muchos ciudadanos. Prejuicios impregnados en sus mentes durante décadas de monopolio ideológico del sistema establecido, de las élites que controlan los transmisores de ideas en la sociedad, los grandes medios de comunicación, los creadores de opinión disfrazados de medios de información. No se puede combatir esos prejuicios sin tenerlos en cuenta. Uno de los factores del éxito de Podemos comparado con el fracaso de IU es la estrategia frente a esos prejuicios. Para combatirlos hay que prescindir de las banderas ideológicas tradicionales y centrarse en las ideas, prescindir de etiquetas y concentrarse en los contenidos. Por esto, entre otros motivos, Podemos en muy poco tiempo ha logrado mucho más que IU en tantos años. El éxito de Podemos es también consecuencia del fracaso de IU. Podemos ha llegado donde ha llegado por sus propias virtudes, pero también por los errores de la izquierda tradicional.
Ahora bien, los resultados de Podemos en las elecciones andaluzas, por debajo de las expectativas, invitan a la reflexión en el seno de dicha organización. Podemos ha tomado buena nota de muchos de los errores que IU ha cometido durante tantos años, pero no está exento de cometer también errores, nuevos o viejos, incluso de repetir algunos de los errores cometidos por la vieja izquierda. Y uno de esos posibles errores consiste en encerrarse en sí mismo, en no adaptarse rápida y continuamente a una realidad que cambia constantemente. Soy muy consciente de que todo esto que digo es fácil decirlo, es fácil hablar de cosas genéricas, lo complicado es traducirlas a lo concreto, lo difícil es pasar de las generalidades a los detalles. No digamos ya pasar de las palabras a los hechos. La realidad es muy compleja y sólo podemos aspirar a comprenderla en parte. Los datos objetivos pueden interpretarse de muchas maneras. En esa interpretación está la clave para readaptar la estrategia acertadamente o no.
A continuación voy a indicar lo que en mi modesta opinión (la cual, por supuesto, puede estar equivocada) son errores que debería corregir Podemos para que el cambio político sea finalmente posible en nuestro país, no se frustre:
1) Me parece un grave error afirmar tan alegre y contundentemente que el cambio es irreversible, que Podemos va a ganar las elecciones generales. El cambio no será real si no gana con suficiente mayoría un partido (o coalición de partidos) dispuesto a hacerlo. Incluso en el caso de una victoria abrumadora de Podemos éste tendrá muy difícil llevarlo a cabo. Tendrá mil y un obstáculos, a nivel nacional e internacional, necesitará un apoyo popular masivo y sostenido en las calles, requerirá una ciudadanía muy activa. Comprendo que hay que transmitir optimismo, que hay que combatir el derrotismo, pero nunca hay que caer en el triunfalismo o en la arrogancia. Además, ese tipo de afirmaciones incitan sin querer a la apatía. Si el cambio es inevitable para qué movilizarse, para qué votar, para qué esforzarse, puede pensar mucha gente. Creo que los portavoces de Podemos deben ser mucho más prudentes. La historia está llena de ejemplos que muestran claramente que nada es irreversible. Lo ocurrido en Andalucía demuestra sin paliativos que hay que ser más modestos. Lo cual no significa dejar de ser ambiciosos, hay que seguir aspirando a gobernar con una amplia mayoría. Este tropiezo andaluz puede ser una necesaria lección de humildad para Podemos (que estaba sufriendo el síndrome del crecimiento demasiado rápido). Pienso que es suficiente con transmitir la idea de que el cambio es muy posible, que está al alcance de nuestras manos, lo cual dependerá sobre todo de los ciudadanos. 2) Hay que plantearse seriamente la posibilidad de construir alianzas electorales con otras formaciones políticas (no sólo para las elecciones municipales), de abrirse no sólo a ciudadanos que actúen individualmente, sino también a otras organizaciones políticas y sociales. Por supuesto que no se trata de crear una sopa de siglas, de negociaciones entre líderes a espaldas de las bases, pero no puede descartarse que el voto se esté dividiendo entre formaciones cuyos programas son casi idénticos. Dispersión de votos que la ley electoral castiga implacablemente. Este tema hay que pensárselo muy bien pues las alianzas pueden ser un acicate o un obstáculo. Está claro, por un lado, véase lo que le ha ocurrido a IU, que un pacto con el PSOE (incluso mínimo, aunque sólo fuese para permitir su investidura en Andalucía) sería un suicidio político. Por otro lado, no está claro si coaligarse con IU puede ser beneficioso o no. Como ya indiqué en la unidad popular, yo reconozco que tengo muchas dudas, pero también creo que esto debe debatirse mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora, dando también voz a las bases, a los ciudadanos en general. También pienso que no es muy acertado usar “marcas” distintas para las distintas elecciones, considero que dicho instrumento político que canalice la unidad popular debe tener un mismo nombre para todos los ámbitos geográficos. La proliferación de nombres puede despistar a la ciudadanía, no añadamos más confusión a la ya existente. 3) Hay que combatir con contundencia la amenaza que supone Ciudadanos para Podemos o el frente electoral que se constituya. Ese “nuevo” partido puede restarle muchos votos, como tal vez ya lo haya hecho en las elecciones andaluzas. La “operación Ciudadanos” puesta en marcha por el sistema para contrarrestar el “efecto Podemos” empieza a tener éxito. Hay que acorralar a los portavoces de Ciudadanos en público, intentar que se pronuncien sobre los temas en los que sabemos que no suponen una verdadera alternativa al sistema establecido, insistiendo en aquellas cuestiones en las que Podemos sí lo es frente a ellos, hay que desenmascarar ante la ciudadanía a esos falsos profetas. El sistema no lo hará por nosotros. Ciudadanos no va a sufrir el acoso mediático que ha padecido Podemos, todo lo contrario. Podemos debe hacerle ver a la gente el doble rasero empleado por la casta mediática. Expliquemos a la ciudadanía qué ha hecho Ciudadanos en el parlamento catalán, de qué lado ha votado, qué propone, hablemos de sus imputados, de la actitud de esos “periodistas” de la casta frente a ellos,… Nunca hay que perder de vista que mucha gente todavía está muy desinformada, sólo ve la televisión. Hay que combatir la operación Ciudadanos, puesta en marcha con el claro objetivo de que Podemos, por lo menos, deje de crecer. Hay que contraatacar. Nunca hay que subestimar al enemigo. 4) No se debe depender excesivamente de los viejos medios de propaganda , en posesión de nuestros enemigos. Por supuesto, nunca hay que desaprovechar las ocasiones de usarlos para nuestra causa. Grave error es no acudir a la televisión a debatir con nuestros enemigos para acudir a un mitin de unos pocos cientos de personas. Debe hacerse una labor continua de propaganda (pero diferente a la de nuestros enemigos, con propuestas muy concretas) tanto en las televisiones como en los barrios y en los pueblos (y no sólo durante las campañas electorales). Esto implica mucho trabajo. Para lo cual hay que distribuirlo todo lo posible. Hay que movilizar a las bases, éstas no deben limitarse a escuchar, a aplaudir, a vitorear, a dejarse convencer, también deben participar activamente en la concienciación de sus respectivos ámbitos sociales particulares (ver Los límites de Podemos). Los círculos Podemos pueden y deben desempeñar un papel primordial para contrarrestar la desinformación y para hacer llegar a la gente corriente que sólo se “informa” a través de la caja tonta lo que en verdad defendemos, lo que en verdad hacen y defienden nuestros enemigos. Si cada uno de nosotros es capaz de convencer a unos pocos y a su vez éstos siguen la labor de convencer a otros entonces sí será posible dar ese necesario salto para que se produzcan cambios políticos reales en nuestro país. Repito: no podemos permitirnos el lujo de jugar todo a una carta, carta que encima no controlamos, la controlan nuestros enemigos, debemos diversificar todo lo posible las formas de llegar a la gente, con medios tradicionales y nuevos, ajenos y propios. 5) Siempre hay que dar todas las explicaciones posibles y a tiempo. Grave error fue la tardanza de Juan Carlos Monedero para comparecer en rueda de prensa. Si aún no se dispone de los papeles necesarios para corroborar las afirmaciones, como mínimo, habrá que decir, cuantas veces sean precisas, que se va a dar explicaciones en breve, explicar las causas del retraso. Nunca hay que negarse a contestar a ningún periodista, ni siquiera a los más hostiles. La casta no se quedará de brazos cruzados y continuarán los ataques a Podemos a medida que se acerquen las citas electorales. Todo dependerá también de si dicha formación crece o se estanca. Cuanto más crezca más atacada será. Debemos estar preparados y saber cómo defendernos, además de contraatacar. Cualquier error que cometamos, por pequeño que sea, lo pagaremos muy caro, a diferencia de nuestros enemigos. Quien lucha contra el sistema establecido debe saber a qué atenerse. 6) Desconfiemos aún más de las encuestas. No dejemos que nos condicionen demasiado en nuestra ardua labor. Las verdaderas encuestas son las urnas. Las encuestas pueden jugarnos malas pasadas, tanto en un sentido como en otro. Tanto para hacernos creer que no tenemos nada que hacer porque no tenemos opciones como para hacernos creer que no hace falta hacer mucho porque tenemos el éxito garantizado. Trabajemos insistentemente sin depender de ellas, sin nunca perder de vista que el pueblo es voluble, que tan pronto puede apoyarnos como dejar de hacerlo. Y más, si cabe, en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Quienes controlan los medios de comunicación, quienes controlan los resortes del Estado, saben perfectamente que la opinión pública es muy maleable. 
No tenemos el éxito garantizado, no caigamos en la autocomplacencia, no nos acomodemos. Los tropiezos son una oportunidad para mejorar nuestra lucha, para reaccionar, para ser más eficientes. De nosotros depende. El cambio es posible, pero no irreversible. Pensar que es imparable es el peor error de todos, error que no podemos permitirnos, error que nos puede condenar al fracaso. ¡No nos fallemos! Claro que podemos ganar, pero siempre que no perdamos de vista que también podemos perder. La ilusión puede dar paso a la decepción.
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2014.10.21 19:11 jagonzlezmolina Ganar sí, pero no de cualquier forma

El sábado pasado asistí como militante de base a la Asamblea Ciudadana Sí se puede en Madrid. He de decir que uno llegaba a la misma con una sensación agria después de que la semana previa al evento, el equipo técnico liderado por Pablo Iglesias decidiera anteponer la competitividad al consenso, arguyendo de manera torticera que hay líneas rojas en las que era imposible el consenso. Estamos iniciando un camino esperanzador y a la vez tremendamente complicado, es hora de aprender de lo andado hasta ahora, de escuchar la voz de aquellos que tanto esfuerzo han desgranado estos meses y que son el corazón de PODEMOS: la gente, los círculos, el Pueblo en definitiva. En los corrillos de Plaza Podemos, en la calle y en la gran mayoría de círculos, la propuesta de Echenique estaba muy bien valorada, hecho que se confirmo de manera efectiva en la asamblea presencial el domingo por la mañana cuando el propio Pablo Echenique y Teresa Rodríguez presentaron su documento organizativo.
¿Cómo es posible entonces que en la Asamblea se vuelvan a trazar esas líneas rojas estando al principio del camino? ¿Cómo puede ser que las infranqueables líneas rojas que plantea el equipo de Iglesias sean las mismas que la mayoría de los que componen PODEMOS entendemos que hay que sobrepasar sí o sí?
Los que estábamos en la Asamblea el pasado sábado no veníamos gratis en autobuses pagados y con el bocadillo debajo del brazo. Los que asistimos a Vistalegre somos gente curtida en la calle, procedente de los movimientos sociales, activistas que llevan años luchando por construir algo alternativo y diferente. Y esa gente realizó un ejercicio de inteligencia colectiva el domingo por la mañana cuando todos y cada uno de los ponentes que salieron a defender sus respectivos borradores organizativos hicieron ver al equipo técnico que nadie dudaba de que debe ser Pablo Iglesias el que ponga la cara al proyecto, pero que éste debe ser simple y llanamente el altavoz de los círculos, y de manera reiterada se le pidió, como se había hecho con anterioridad, que estrechara la mano tendida al consenso que el grupo Sumando Podemos le había ofrecido de manera tan generosa los días previos al encuentro.
Todos queremos ganar, pero hay que hacerlo huyendo de las viejas fórmulas. Si proponemos empoderar a la gente, crear algo nuevo y revolucionario, no podemos emprender el mismo camino y los mismos mecanismos que utilizan los partidos de la casta para conseguir el triunfo. Ya sabemos a qué y adonde nos va a conducir. PODEMOS es una posibilidad real de cambio, de que aquellas y aquellos que proponen algo distinto al sistema imperante tengan la posibilidad de empoderarse y llevar a cabo este viejo sueño de transformar el mundo que les rodea de una manera cierta y profunda. Lo conseguido hasta ahora no es fruto solo de una magnífica política de comunicación del equipo promotor de Madrid. La participación activa de la gente, el trabajo en barrios y centros de trabajo, el hecho de que la gente identifique a PODEMOS con su vecina, su compañero de trabajo, los activistas que componen las mareas en defensa de lo público, los que siempre están al lado de la gente que ha sufrido y sufre los desahucios, las que anduvieron hasta Madrid para gritar dignidad, o simple y llanamente, el currela que le pone el café por la mañana, ha sido a mi entender clave en el éxito de de la iniciativa.
Es por ello que resulta muy preocupante que cuando de manera mayoritaria, la gente anda exigiendo a Pablo Iglesias y su equipo que trabaje el consenso con un borrador que entendemos representa mejor lo que nos ha llevado a esta aquí, él, se descuelgue en la Asamblea pidiendo a aquellos grupos que resulten perdedores que se echen a un lado. Suena a política rancia, de confrontación, de partidos burgueses donde enfrentarse por el poder se convierte en el mecanismo básico de actuación interna. Nosotros queremos liderazgos que trabajen la horizontalidad, recogiendo y enhebrando las propuestas colectivas de todas y todos los que componemos el proyecto, no queremos familias internas que se despellejen unas a otras, no queremos liderazgos impositivos y verticales.
Podemos tiene un ADN puramente Quincemayista, surge de la rabia y el hartazgo de la clase obrera. Su esqueleto lo forman aquellas y aquellos que dijeron basta. Y a esa gente no se les puede pedir ahora y desde un estrado ante ocho mil personas que vuelvan a la desidia, a sentarse en el sillón a esperar que otros, más preparados y formados, lo solucionen todo. Esta forma de entender la Democracia es precisamente lo que está acabando con ella. Esos espacios de debate, de participación activa en la vida política propuestos por el 15M han sido recogidos sabiamente por los círculos de Podemos, que son los lugares donde se ha cristalizado el ferviente y necesario deseo de la gente por sentirse participe de las decisiones políticas más allá de echar un voto en una urna cada cuatro años. Eso, compañeras y compañeros, es un tesoro, un activo político fundamental que PODEMOS no puede ni debe desechar, porque es eso precisamente lo que nos diferencia de los partidos de la casta, a los que, como bien dijo Echenique en la Asamblea, no podemos ni debemos parecernos. Y compañeros, es especialmente en la municipalidad donde de una forma más nítida y potente se ha hecho efectiva esta manera de entender la política, y desde donde debemos iniciar el camino de empoderar al pueblo, a los de abajo. Por eso es incomprensible que se planteara el domingo por la tarde por el equipo de Iglesias, en voz de Iñigo Errejón, no acudir a la cita electoral municipalista bajo siglas propias, y sí ,entrar a formar parte de coaliciones que son la marca blanca bajo la que se quieren refugiar partidos políticos como IU que han y están gobernando siendo cómplices y participes de políticas de recortes de lo público, aprobando por ejemplo presupuestos en Andalucía que han supuesto entre otras barbaridades el despido de 4.502 profesores de la pública, y que ahora ven como su presencia en el panorama electoral e institucional va a quedar reducida prácticamente a la nada a causa de su nefasto hacer político. Sinceramente pienso que sería, al menos en sitios como Sevilla o Andalucía un auténtico suicidio político.
Respecto al debate sobre la forma de elección del consejo ciudadano, Echenique y su grupo proponen que un 20 por ciento sea elegido por sorteo. He de confesar que al principio esta propuesta me generaba ciertas dudas, pero que después de ver a Iglesias atacándola de nuevo con el argumento de la eficacia y proponer como alternativa la elección de sabios intelectuales que sean capaces de llevarnos a la Victoria mientras el resto observamos gozosos su gesta y les aplaudimos desde nuestra incompetencia, no puedo si no defenderla y empezar a comprenderla. Y comienza a resultarme sugestiva por qué el hecho de que la gente elegida por sorteo no pertenezca a ninguna de las familias políticas que están surgiendo en el seno de PODEMOS, puede contribuir a mediar en pro de consensos, colaboración y acuerdos, además de servir de elemento fiscalizador de la labor del propio consejo. La elección a dedo no deja de serlo a tenor de virtudes o cualidades que alguien o algunos de manera personal pueden entender como eficaces. Utilizar la metáfora baloncestística para hablar del método de sorteo fue algo que no tuvo desperdicio. Al baloncesto juegan los más técnicos, fuertes y altos, pero de la democracia creo que podemos y debemos participar todos, por ello, el hecho de que parte de ese consejo (solo un veinte por ciento) sea elegido por sorteo me parece interesante.
En cuanto al asunto de la portavocía unipersonal, el secretario general único que según Iglesias es la única manera de ganar a Sánchez o Rajoy, he de decir que no entiendo el por qué de tal afirmación, ya que incluso entrando en la lógica puramente electoralista que parece obsesionar al equipo Claro que Podemos, creo que tres magníficos portavoces entre los que se debe encontrar el propio Iglesias serían un elemento altamente desconcertante para los anquilosados estilos de confrontación de los partidos tradicionales, sería un elemento novedoso al que la casta no sabría bien como atacar.
En definitiva, que en Madrid este fin de semana hubo mitines, baños de masas, escenificación y métrica política, pero también debate, encuentros de compañeras y compañeros, ejercicios de pura inteligencia colectiva que demostraron que la gente que componemos PODEMOS tenemos muy claro lo que queremos, y que por supuesto valoramos lo aportado por los que han liderado el proyecto hasta ahora, pero pensamos que hay que ir más allá, y exigimos que PODEMOS sea la herramienta para el cambio total, empezando por la forma de organizarnos como partido. Ganar sí, pero hay que ganar de manera diferente, construir una base social potente y sólida que nos permita asumir con fuerza los retos de transformación política, social y económica que estamos prometiendo a los trabajadores y trabajadoras de este país. Sumando PODEMOS.
Juan Antonio González
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2014.09.04 21:59 10parrales Comentarios al pre-borrador de Ponencia Política de PODEMOS (2ª parte)

Se puede leer la 1ª parte aquí: http://redd.it/2fg189
¿Quiénes son “los sectores dominantes”?
El documento, para referirse a nuestros enemigos los denomina “los de arriba” o “los sectores o élites dominantes”. Pero creo que debemos ser más explícitos ¿Quiénes son “los de arriba” y “los sectores dominantes”? ¿Qué aspecto tienen? ¿Qué los hace estar “arriba” y ser “dominantes”?
Creo que debemos identificar a “los de arriba” como a la clase social dominante, que son los propietarios de las principales palancas y sectores estratégicos de la economía que dominan al conjunto de la sociedad: la gran industria, la banca, las grandes redes de transporte y de telecomunicaciones, los grandes centros comerciales, y los latifundios. Son los grandes empresarios o burgueses, en la terminología marxista. Los “políticos” de la derecha y de la socialdemocracia (PSOE) no son más que agentes a sueldo de aquéllos, y tienen en su bolsillo a los principales medios de comunicación (El País, La Razón, El Mundo, La Sexta, etc. y sus periodistas “estrella”). Y el aparato del Estado (fuerzas policiales, judiciales, altos funcionarios y diplomáticos, Monarquía) está destinado a salvaguardar los intereses de la clase dominante. No por casualidad, los jueces y los altos jefes militares y policiales se reclutan, casi sin excepción, de la clase dominante.
Si estamos de acuerdo con que éstos son “los de arriba” y “los sectores o élites dominantes”, creemos que sería más fácil para su identificación general llamarlos, además, por su verdadero nombre. Y coincidiría con la experiencia práctica que tienen millones de trabajadores y sectores amplios de las capas medias empobrecidas, sobre quiénes son sus enemigos y los responsables de quienes les hacen sufrir y padecer.
La “ruptura” del Pacto Constitucional de 1978
Hay otro aspecto que me parece importante señalar. En un par de ocasiones se hace referencia a que el problema de la crisis de régimen en el Estado español se debe a que “los sectores dominantes” rompieron el pacto constitucional de 1978, dejando de cumplir los “aspectos progresistas” de la Constitución de 1978. Así, se dice:
“Todo esto ha sucedido mientras los sectores dominantes desplegaban una amplia y profunda ofensiva sobre el pacto social y político de 1978. Esta ofensiva deconstituyente busca dejar sin sentido o sin vigencia las partes más progresistas del acuerdo constitucional, marchar sobre los contrapesos populares o democráticos en los equilibrios del Estado y abrir una redistribución regresiva del poder y la renta, aún más en favor de la minoría dominante. Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente.”
Esto lleva a plantear la polémica, en la que el documento no entra, de qué fue el Pacto Constitucional de 1978 y de si estuvo justificado o no firmarlo. En realidad, la Constitución de 1978 fue la culminación de la transacción que acordaron los dirigentes oficiales de la izquierda y del movimiento obrero en aquel entonces (PCE y PSOE, CCOO y UGT) con los sucesores del franquismo. De lo que se trataba era de conseguir algunas reformas democráticas del viejo régimen franquista – que realmente ya habían sido conquistadas en la práctica por la clase trabajadora y la juventud con su lucha heroica en la calle, en las fábricas y en las cárceles – a cambio de frenar y abortar la lucha revolucionaria de los trabajadores y sectores populares explotados contra el franquismo, que llegó a su punto culminante en los años 76-77. Por esa razón, el resultado de la “Transición”, fue un reflujo político y una sensación de derrota y traición en las capas más militantes de la clase obrera, de la juventud y de la clase media, que duró años y años.
Por otro lado, cuando se habla de la ofensiva de estos años de la clase dominante contra la clase trabajadora y demás sectores populares explotados y desfavorecidos, hay que situarlo en el contexto de que atravesamos la mayor crisis de la economía capitalista de la historia, en Europa y en el Estado español. El gran capital español necesita desmantelar las viejas conquistas sociales que considera imposibles de costear para competir en mejores condiciones frente al capital extranjero, y trata de amputar algunos derechos democráticos de la población para tratar de frenar la protesta social subsiguiente. La crisis del régimen de 1978 no se produce, entonces, por el supuesto incumplimiento de un pacto social expresado en la Constitución de 1978, sino por la imposibilidad material del sistema capitalista español de mantener las conquistas sociales alcanzadas en el contexto actual de crisis capitalista insoluble. Por esa razón, es imposible encontrar una salida “democrático-plebeya en un sentido constituyente” a la crisis social y económica sin superar el sistema económico capitalista, como explicamos al principio.
No hay sitio para el pesimismo
Cualquiera puede ver que las perspectivas que se le abren a PODEMOS son muy favorables. El pánico y miedo de la clase dominante es patente, como lo demuestra la cantidad de insultos y calumnias que deben soportar diariamente PODEMOS y sus principales referentes en los medios de comunicación de la oligarquía.
Sin embargo, casi al final, el documento deja deslizar un análisis teñido de cierto pesimismo o conservadurismo que no comparto. Aunque la cita es un poco larga, merece la pena reproducirla:
“Por tanto, los análisis excesivamente optimistas con respecto a la crisis orgánica del régimen de 1978 deben ser compensados al menos con dos aseveraciones: 1) Esta crisis se produce en el marco de un Estado del Norte, integrado en la Unión Europea y la OTAN, que no ha visto mermada su capacidad de ordenar el territorio y monopolizar la violencia; de ordenar los comportamientos y producir certeza y hábitos; que no vive importantes fisuras en sus aparatos y que no parece que vaya a sucumbir por acometidas de movilización social más o menos disruptiva. Esto imposibilita tanto las hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes “por fuera” de la estatalidad. 2) La crisis política puede tener mucha menor duración que la económica: no tenemos todo el tiempo del mundo. Una buena parte de la contestación social hoy existente deriva de una “crisis de expectativas” que ya no se repetirá para las siguientes generaciones, sobre las que hace mella el efecto domesticador del miedo y el empobrecimiento, con una exclusión social que ya amenaza a un tercio de la población y que podría estabilizarse en esos umbrales. Al mismo tiempo, el exilio y la destrucción de los nichos sociales y profesionales de los que se nutre la contestación (tercer sector y ONGs, universidad, funcionariado, sindicalismo,etc.) es un torpedo contra la línea de flotación material de la militancia de la izquierda. Tras una serie de ajustes que sean además vividos como una victoria política de alto contenido simbólico sobre las clases subalternas, la oligarquía puede estabilizar un país ya disciplinado que asuma como normal el empobrecimiento y exclusión de amplias capas sociales y determinados estrechamientos en las posibilidades democráticas. Los ejemplos estadounidense e inglés tras Margaret Thatcher nos tienen que servir de alerta: el neoliberalismo destruye pero, sobre la derrota de las clases populares, también construye nuevos órdenes y acuerdos. Si la crisis económica parece que tendrá un largo recorrido, la ventana de oportunidad abierta puede cerrarse mucho antes si se consuma la ofensiva oligárquica con un cierto reposicionamiento subordinado de un PSOE algo oxigenado y si las élites proceden a una restauración por arriba que asuma la parte más inofensiva de las demandas ciudadanas que hoy no tienen cabida en el orden de 1978 y el rol semicolonial en la Unión Europea”.
Todo el protagonismo del cambio social que hemos visto en el Estado español en estos años ha sido fruto exclusivo de la movilización social en la calle y, ahora, en las urnas. La perspectiva de cualquier proceso de cambio social tendría perspectivas muy sombrías si, indefectiblemente, estuviera condenado a ser aplastado o contenido por la represión del Estado.
La realidad es que, tanto en el Estado español, como en los demás países de Europa y más allá, el principal instrumento que tienen las clases dominantes para contener las ansias de transformación social de “los de abajo” no son la policía ni el ejército, sino los dirigentes de la socialdemocracia y de los sindicatos. Si estos últimos mostraran la misma energía, dinamismo y voluntad de lucha que han demostrado los trabajadores, los jóvenes, los desempleados y jubilados, las clases medias empobrecidas, etc. – la amplia mayoría de la sociedad – el sistema y quienes lo apoyan quedarían completamente aislados y flotando en el aire.
Toda la experiencia histórica ha demostrado suficientemente que ante una revolución social profunda, el aparato del Estado es impotente y tiende a desmoronarse, arrastrando a sus escalafones más bajos al lado del pueblo. Más aún en Europa, donde la enorme solidaridad y simpatía que existe entre los pueblos y clases trabajadoras de España, Portugal, Italia, Grecia, Francia, y sí, Alemania también, no sólo haría imposible la intervención militar extranjera en cualquiera de estos países, sino que bastaría un solo proceso revolucionario exitoso en un país para que se trasladara inmediatamente a los países vecinos, como un reguero de pólvora. Tal es la poderosa correlación de fuerzas que existe para una verdadera revolución social en nuestra época.
Por otro lado, deberíamos insistir en que en estos años hemos visto las movilizaciones de masas más importantes de la historia reciente del Estado español y en varios países de Europa, como Grecia o Portugal. Si no ha sido posible revertir los ataques y planes de austeridad hasta ahora no ha sido por falta de conciencia ni de luchas, sino por el obstáculo que han ejercido las viejas direcciones del movimiento obrero y de la izquierda integrada al régimen, que han aceptado como inevitables la preeminencia de los intereses de los grandes empresarios y banqueros, y de los ricos, dejando a los trabajadores y demás sectores populares sin dirección ni alternativas. Y, pese a todo, un estallido social está presente en la situación de todos los países del sur de Europa. Y la emergencia de PODEMOS, de Syriza, etc. muestra que el pueblo está buscando una salida política al viejo régimen.
Tampoco coincido en que haya una perspectiva, a corto o medio plazo, de estabilización social o política. La crisis es demasiado profunda, en el Estado español y a nivel internacional. Los trabajadores y sus familias nos veremos obligados a luchar para mantener nuestras condiciones de vida. La crisis de sobreproducción de mercancías sigue presente, las inversiones siguen deprimidas, el mercado no crece, los ingresos de las familias siguen reduciéndose o están estancados, las deudas públicas – y por tanto los ajustes del gasto público – siguen creciendo. En este contexto, es imposible esperar un crecimiento significativo de la economía española e internacional, salvo períodos de crecimiento raquíticos como el actual al que seguirán nuevas y profundas crisis.
En esta situación, puede haber períodos de apatía temporal por falta de alternativas, pero serán seguidos de estallidos y convulsiones. La única manera en que el bipartidismo podría conseguir una recuperación sostenible sería con el desarrollo de un auge económico de cierta importancia, pero eso está descartado por las razones señaladas antes.
La perspectiva no es, por tanto, de un reforzamiento del PSOE ni del PP, sino de un giro a la izquierda y de una mayor radicalización de la sociedad, como estamos viendo. El mayor desafío es ofrecer una perspectiva optimista y de gobierno a favor de la mayoría que sufre y padece la crisis. Por eso, el eje de la acción política de PODEMOS debería ser avanzar firmemente a políticas de frente único con sectores políticos afines a su base social (como las plataformas municipales Ganemos/Guanyem, Izquierda Unida, movimientos sociales, etc.) y avanzar un programa de demandas que dé soluciones efectivas, poniendo la economía al servicio y bajo el control del pueblo trabajador.
(continuará 3ª parte)
Paraleer la 1ª parte: http://redd.it/2fg189
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