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Interludio VI

2018.07.12 07:22 master_x_2k Interludio VI

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Interludio VI

La mandíbula de Paige le dolía. Ser amordazada como un animal hacia eso.
Las otras ataduras no eran tan molestas, pero eso era solo en un sentido relativo. Sus manos fueron enterradas en un par de cubos de metal reforzado, cada uno lleno con esa maldita espuma de color amarillo pastel. Los cubos estaban unidos detrás de su espalda, con enlaces de cadena cómicamente sobredimensionados. Hubiera sido intolerablemente pesado si no fuera por el gancho en el respaldo de su silla, en el que podía colgar la cadena.
Tiras de metal se habían ajustado justo debajo de sus axilas, cerca de la parte inferior de las costillas, la parte superior de los brazos y la cintura, con dos bandas más alrededor de cada uno de sus tobillos. Las cadenas parecían conectar todo, evitando que moviera los brazos o las piernas más de unos pocos centímetros en cualquier dirección antes de sentir la frustrante resistencia y el tintineo de las cadenas. El collar de metal pesado alrededor de su cuello, lo suficientemente grueso que podría haber sido un neumático para un vehículo pequeño, parpadeaba con una luz verde con la suficiente infrecuencia que olvidaba anticiparlo. Ella se distraía y molestaba por su aparición en su visión periférica cada vez que brillaba.
La ironía era que un par de esposas habrían bastado. No tenía fuerza mejorada, ni trucos para deslizarse fuera de sus restricciones, y no estaba dispuesta a correr de todos modos. Si algo de eso era una posibilidad real, no le habrían permitido entrar en la sala del tribunal. La fiscalía había argumentado que podría haber aumentado su fuerza, que podía ser un riesgo de huida, y su abogado no había hecho un trabajo lo suficientemente bueno para argumentar en contra, así que las restricciones habían continuado. Lo que significaba que estaba atada como Hannibal Lecter, como si ya fuera culpable. Incapaz de usar sus manos, su cabello, el vibrante y sorprendente amarillo de un limón, se había deslizado de donde estaba metido detrás de sus orejas y ahora había hebras colgando frente a su cara. Sabía que solo la hacía parecer más desquiciada, más peligrosa, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
Si hubiera podido, habría tenido un comentario o dos para hacer al respecto, o al menos podría haber pedido al abogado que le arreglara el pelo. Hubiera discutido con el hombre que había sido contratado como su defensa, en lugar de esperar horas o días para responder a cada uno de sus correos electrónicos. Ella habría exigido que se cumplieran sus derechos básicos.
Pero ella no pudo decir nada. Una máscara de cuero reforzada con las mismas tiras de metal que estaban en su cuerpo y una rejilla estilo jaula de pequeñas barras de metal estaba atada a la parte inferior de su cara. El interior de la máscara era lo peor, porque el mecanismo se extendía dentro de su boca, un entramado de alambres manteniendo su boca fija en una posición ligeramente abierta, su lengua presionada con fuerza contra el piso de su boca. El barbárico aparejo dejaba a su mandíbula, su lengua y los músculos de su cuello irradiando tensión y dolor.
“Silencio. Todos de pie, por favor. Esta corte está ahora en sesión, presidiendo el honorable Peter Regan.”
Era tan difícil moverse con las restricciones. Su abogado agarró la cadena que corría entre su axila y su brazo, para ayudarla a ponerse de pie, pero ella tropezó de todos modos, chocó contra la mesa. No había forma de ser elegante cuando usabas restricciones que pesaban la mitad que tú.
“Señoras y señores del jurado, ¿han llegado a un veredicto?”
“Lo hicimos, su señoría.”
Paige vio como el empleado le entregaba el sobre al juez.
“En lo que respecta al estado de Massachusetts versus Paige Mcabee, en cuanto al cargo de intento de asesinato, ¿cómo la encuentran?”
“No culpable, su señoría.”
Paige se relajó un poco con alivio.
“En lo que respecta al estado de Massachusetts versus Paige Mcabee, en cuanto al cargo de asalto agravado con habilidad parahumana, ¿cómo la encuentran?”
“Culpable, su señoría.”
Paige negó con la cabeza lo mejor que pudo. ¡No! ¡Esto no era justo!
Ella casi se perdió la siguiente línea. “... agresión sexual con una habilidad parahumana, ¿cómo la encuentran?”
“Culpable, su señoría.”
Asalto sexual. Las palabras le helaron la sangre. No fue así.
“¿Es este su veredicto?”
“Sí, su señoría.”
“Paige Mcabee, por favor dirija su atención hacia mí”, dijo el juez.
Ella lo hizo, con los ojos muy abiertos, con la boca abierta.
“Determinar la sentencia para este caso no es fácil. Como su abogado sin duda le ha informado, usted cae bajo el alcance del ATCP, la norma de las tres condenas.[1] A la edad de veintitrés años, no has sido declarada culpable de ningún delito anterior.
“Según los testigos escuchados en este tribunal, primero demostró sus habilidades a principios de 2009. Usted fue explicita en no querer ser miembro del Protectorado, pero también expresó su desinterés por una vida delictiva. Este estado, en el que un individuo no se identifica como héroe o villano, es lo que el ERP clasifica como un ‘renegado’.”
“Nos interesa promover la existencia de renegados, ya que la proporción de parahumanos en nuestra sociedad aumenta lentamente. Muchos renegados no causan enfrentamientos, ni buscan intervenir en ellos. En cambio, la mayoría de estos individuos vuelven sus habilidades al uso práctico. Esto significa menos conflicto, y esto sirve al mejoramiento de la sociedad. Estos sentimientos reflejan los que usted expresó a su familia y amigos, como escuchamos en este tribunal en las últimas semanas.”
“Esos hechos están a tu favor. Lamentablemente, el resto de los hechos no lo están. Entienda, señorita Mcabee, que nuestra nación usa el encarcelamiento por varias razones. Nuestro objetivo es eliminar a las personas peligrosas de la población y lo hacemos de manera punitiva, tanto por justicia contra los transgresores como para desalentar a otros delincuentes.”
“Cada uno de estos se aplica en su caso. No es solo la naturaleza atroz del crimen lo que debe considerarse con la sentencia, sino el hecho de que se realizó con un poder. Las leyes son aún nuevas frente a la criminalidad parahumana. Tomamos conciencia de nuevos poderes semanalmente, la mayoría de los cuales, si no todos, merecen atención cuidadosa e individual con respecto a la ley. En muchos de estos casos, hay poco o ningún precedente al que recurrir. Como tal, los tribunales se ven obligados a adaptarse continuamente, a ser proactivos e inventivos frente a las nuevas circunstancias que introducen las habilidades parahumanas.”
“Es con todo esto en mente que considero su sentencia. Debo proteger al público, no solo de ti, sino de otros parahumanos que podrían considerar hacer lo que tú hiciste. Colocarte en detención estándar resulta problemático y exorbitantemente costoso. Sería inhumano y dañino para su cuerpo mantenerla bajo restricción mientras dure su encarcelamiento. Deben organizarse instalaciones especiales, personal y contramedidas para mantenerla aislado de otros reclusos. Usted plantea un riesgo de fuga significativo. Finalmente, la posibilidad de que usted reingrese a la sociedad, por escape o libertad bajo palabra, es particularmente preocupante, dada la posibilidad de una ofensa repetida.”
“Es con esto en mente que he decidido que hay motivos suficientes para condenarla fuera del alcance del ATCP. Culpable de dos cargos, la acusada, Paige Mcabee, es sentenciada a encarcelamiento indefinido dentro del Centro de Contención Parahumana Baumann.”
La Pajarera.
El ruido en la sala del tribunal era ensordecedor. Un rugido de vítores y abucheos, movimiento, gente de pie, periodistas presionando para ser los primeros en salir. Solo que Paige parecía estar quieta. Fría, congelada en horror absoluto.
Si hubiera podido, ese podría haber sido el momento en que perdía el control. Ella habría gritado su inocencia, le habría dado un ataque, incluso habría dado algunos golpes. ¿Qué tenía ella que perder? Esa sentencia era poco mejor que una ejecución. Algunos dirían que era peor. No habría escapatoria, ni apelaciones, ni libertad condicional. Pasaría el resto de su vida en compañía de monstruos. Con algunas de las personas que estaban encerradas allí, la descripción de ‘monstruo’ era demasiado literal.
Pero ella no pudo. Ella estaba atada y amordazada. Dos hombres que eran más grandes y más fuertes que ella pusieron sus brazos debajo de sus axilas, prácticamente cargándola fuera de la sala del tribunal. Una tercera persona en uniforme, una mujer corpulenta, caminó rápidamente junto a ellos, preparando una jeringa. El pánico se apoderó de ella, y como ella no tenía forma de expresarlo, de hacer algo al respecto, la histeria solo se agravó, lo que hizo que se sintiera más presa del pánico. Sus pensamientos se disolvieron en una neblina caótica.
Incluso antes de que la jeringa de tranquilizantes fuera hundida en su cuello, Paige Mcabee se desmayó.

Paige se despertó y disfrutó de cinco segundos de paz antes de recordar todo lo que había pasado. La realidad la golpeó como un chorro de agua fría en la cara, algo literalmente. Abrió los ojos, pero los encontró secos, el mundo demasiado brillante para enfocarse. El resto de ella estaba húmedo, mojado. Gotas de agua corrían por su rostro.
Trató de moverse, y no pudo. Era como si algo pesado hubiera sido amontonado encima de ella. La parálisis la aterrorizó. Paige nunca había soportado ser incapaz de moverse. Cuando se fue a acampar cuando era niña, había preferido dejar su saco de dormir abierto y tener frío en vez de estar confinada dentro de él.
Era esa espuma, se dio cuenta. Las restricciones no fueron suficientes, le rociaron con esa cosa para asegurarse de que todo debajo de sus hombros estaba cubierto. Cedía un poco para permitirle exhalar, incluso podía mover los brazos y las piernas un poco, inclinarse en cualquier dirección. Sin embargo, cuanto más empujaba, más resistencia había. En el momento en que ella detuvo sus esfuerzos, todo volvió a la misma posición con el tirón elástico de la espuma. Sintió náuseas en el estómago, el latido de su corazón se aceleró. Su respiración se incrementó, pero la máscara hizo que incluso su respiración se sintiera confinada. El agua hacía que su máscara se humedeciera, por lo que se pegaba a su boca y nariz. Había ranuras para su nariz y boca, pero era muy poco. No podía tomar una respiración profunda sin llevar agua a la boca, y con la lengua presionada contra su mandíbula, no podía tragar fácilmente.
La habitación se tambaleó, y tuvo que detenerse antes de perder el desayuno. Si vomitaba con la máscara ella podría ahogarse. Débilmente se dio cuenta de dónde estaba. Un vehículo. Un camión. Había pasado por un bache.
Sabía a dónde estaba llevándola. Pero si no podía liberarse, iba a perder la cabeza antes de llegar allí.
“El pajarito está despierto”, una chica habló, con un toque de acento nasal de Boston.
“Mmm.” Un hombre gruñó.
Paige sabía que la referencia a un ‘pájaro’ se debía a las plumas sueltas que sobresalían de su cuero cabelludo. Sus poderes habían venido con algunos cambios cosméticos extremadamente menores, convirtiendo su cabello en el amarillo brillante de un plátano o un pato bebé. Afectó todo el pelo de su cuerpo, incluso las pestañas, las cejas y los finos vellos de los brazos. Las plumas habían comenzado a crecer un año atrás, exactamente el mismo tono que su cabello, solo un puñado a la vez. Al principio, alarmada y avergonzada, ella las había cortado. Una vez que se dio cuenta de que no estaban ocurriendo más cambios, se relajó y las dejó crecer, incluso las exhibió.
Paige dirigió su atención a las dos personas en el vehículo con ella, contenta por la distracción a su creciente pánico. Tuvo que obligar a sus ojos a permanecer abiertos, por dolorosa que era la luz, esperando a que sus ojos se enfocaran. Sentada en el banco a su lado había una chica de su edad. La chica tenía un aspecto asiático en sus rasgos. Sus ojos, sin embargo, eran de un azul muy pálido, traicionando un poco de herencia occidental. La chica llevaba el mismo overol naranja que Paige, y cada parte de ella, excepto los hombros y la cabeza, estaba cubierta por la espuma blanca amarillenta. Su cabello lacio y negro estaba pegado al cuero cabelludo por la humedad.
El hombre se sentaba en el otro banco. Había más espuma alrededor de él que alrededor de Paige y la otra chica juntas. Para colmo, una jaula de barras de metal rodeaba la espuma, reforzando el aparejo. El hombre también era asiático, no menos de dos metros de altura. Los tatuajes se deslizaban por los lados de su cuello y detrás de sus orejas, en medio de su húmedo cabello negro; Llamas rojas y verdes, y la cabeza de lo que podría haber sido un lagarto o un dragón, dibujado en un estilo oriental. Tenía el ceño fruncido, los ojos ocultos en las sombras, ajeno al chorro interminable de roció que los aspersores en el techo del camión estaban generando.
“Oye, pajarito”, dijo la chica sentada frente a Paige. Ella estaba mirando a Paige como si esos ojos fríos pudieran mirar a través de ella. “Esto es lo que vamos a hacer. Te inclinas hacia la derecha lo más fuerte que puedes, luego te empujas hacia la izquierda en mi señal. Pero sigues mirando hacia la puerta de atrás, ¿de acuerdo?”
Paige miró a su derecha. La puerta trasera del camión parecía una puerta de bóveda. Ella rápidamente miró a la chica asiática. ¿Realmente quería darle la espalda a esta persona?
La chica pareció notar la vacilación de Paige. Ella bajó la voz hasta un siseo que hizo que la piel de Paige se estremeciera. “Hazlo. A menos que realmente quieras arriesgarte ante la posibilidad de que pueda encontrarte en la prisión, si no haces lo que te digo.”
Los ojos de Paige se ensancharon. Este era el tipo de persona con la que la iban a encerrar. Ella sacudió su cabeza.
“Bien, pequeño pajarito. Ahora inclínate hacia tu derecha, mira hacia la puerta.”
Paige lo hizo, forzando su cuerpo para moverse tan cerca de la puerta como pudo.
“¡Y de vuelta!”
Ella se movió hacia el otro lado, con los ojos todavía en la puerta. Algo pesado crujió contra la parte posterior de su cabeza. Trató de alejarse, sentarse derecha de nuevo, pero fue detenida cuando la máscara se enganchó en algo.
Cuando sintió un aliento caliente en la parte posterior de su cuello, supo lo que había enganchado. La otra chica se había agarrado a la correa de la máscara con los dientes. Hubo un tirón, luego la chica perdió el agarre, y las dos fueron empujadas hacia atrás a sus posiciones individuales por la gomosa espuma.
“Mierda”, gruñó la chica, “Otra vez.”
Tomó dos intentos más. En el primero, la correa se liberó de la hebilla. En el segundo, la chica agarró la máscara y tiró. Paige giró su cabeza en dirección a la chica para que la jaula parecida a un chupete en el interior de su boca pudiera liberarse.
Zarcillos de baba se extendieron desde su boca mientras estiraba su mandíbula y su lengua, tratando de tragar apropiadamente. Ella dejó escapar un pequeño gemido cuando la sensación regresó a las partes de su rostro que se habían vuelto entumecidas.
“Dos pweguntash,” balbuceó la chica asiática, sus dientes aun agarrando el cuero de la máscara entre ellos, “¿Túh pohwed?”
Paige tuvo que estirar su mandíbula y su boca un segundo antes de poder hablar, “¿Mi poder? Yo canto. Realmente bien.”
La chica asiática frunció el ceño, “¿Gé mash?”
“Yo... hago que la gente se sienta bien. Cuando toma impulso, puedo afectarlos, alterar sus emociones, hacerlos susceptibles a seguir instrucciones.”
La chica asintió con la cabeza, “¿Eh collah?”
Paige bajó la mirada hacia el collar de metal pesado alrededor de su cuello, “Está preparado para inyectar tranquilizantes en mi cuello si canto o alzo la voz.”
“Okah”, balbuceó la chica, "Toma lah mahcaga.”
“¿Por qué?”
“¡Tomagah!”
Paige asintió. Se apartaron la una de la otra, luego se balancearon, la chica le pasó la máscara. Ella la apretó entre sus dientes, sintiendo su mandíbula dolorida.
“Suelta eso y te invierto la piel”, dijo la chica, “Lung. Oye, ¿Lung? Despierta.”
El hombre sentado frente a ellas levantó un poco la cabeza y abrió los ojos. Tal vez. Paige no podía verlo.
“Sé que es difícil con las cosas que te inyectaron, pero necesito tu poder. Pajarito, inclínate hacia adelante, muéstrale la máscara.”
Paige hizo todo lo posible para empujarse hacia adelante contra la espuma que estaba en capas contra su pecho y su estómago, agarrando la correa en sus dientes, la máscara colgando debajo de su barbilla.
“Necesito que calientes el metal, Lung”, dijo la chica. “Jodidamente caliente.”
Lung negó con la cabeza. Cuando habló, no había acento de Boston en su voz. El acento que estaba allí hacia cortas sus palabras, claramente no era la voz de un hablante nativo de inglés. “El agua. Está demasiado mojado, demasiado frío. Y no puedo verlo bien. Mis ojos no han sanado por completo, y es difícil ver a través de este rocío. No me molestes con esto.”
“Inténtalo , miserable hijo de puta. Fracaso de líder. Es lo mínimo que puedes hacer, después de que una niña te pateo el culo, dos veces.”
“Basta, Bakuda.” Gruñó. Él golpeó su cabeza contra el metal de la pared del camión detrás de él, como para acentuar su declaración.
“¿Qué? No pude escuchar eso”, la chica, Bakuda, sonrió con una pizca de manía en su expresión, “¡Tu voz es demasiado aguda para mi rango de audición! ¡Patético... mestizo... eunuco!”
“¡Basta!” Rugió, golpeando de nuevo su cabeza contra la pared del camión. “¡Te mataré, Bakuda, por estos insultos! Te arrancaré el brazo de tu zócalo y lo meteré-”
“¡¿Enojado?!” lo interrumpió, prácticamente chillando, “¡Bien! ¡Úsalo! Calienta el puto metal. ¡La tira de metal alrededor de los bordes!”
Todavía jadeando por el esfuerzo de gritar, Lung dirigió su atención a la máscara. Paige hizo una mueca ante la explosión de calor en su cara, comenzó a alejarse, pero se detuvo cuando Bakuda habló.
“¡Concéntralo!” Gritó Bakuda, “¡Céntrate en los bordes!”
La radiación de calor cesó, pero Paige se dio cuenta de un olor fuerte y ahumado.
“¡Más caliente! ¡Tan caliente como puedas!”
El olor era demasiado fuerte, demasiado acre. Paige tosió un par de veces, con fuerza, pero no perdió el agarre de la máscara.
“¡Ahora, pajarito! ¡La misma maniobra que antes, pero no la sueltes!”
Paige asintió. Ella se inclinó, luego giró en dirección a Bakuda. Lo que siguió la sorprendió más que cuando Bakuda había mordido la correa de la máscara.
La chica asiática comenzó a atacar salvajemente el metal candente con sus dientes, cavando en él incluso cuando tenían que alejarse. Más suave con el calor, la fina tira de metal se liberó de la máscara misma. El metal que corría a lo largo de la correa cortó el labio de Paige cuando salió. Ella casi-casi-dejó caer la máscara, pero logró chasquear los dientes para atrapar la hebilla en los dientes antes de que pudiera caer al suelo.
Cuando la tira se soltó, Bakuda se echó hacia atrás y sacudió la cabeza a un lado, con fuerza, empalándose en el hombro con un extremo. Ella gritó, y la sangre salió de una de las quemaduras en su boca.
Paige miró a Lung. El hombre enorme no hizo nada, permaneciendo en silencio. Solo miró desapasionadamente cómo el pecho de Bakuda se agitaba con el esfuerzo y el dolor, con la cabeza colgando.
“¿Qué diablos estás haciendo?” Respiró Paige.
"Sin manos, tengo que buscarle la vuelta”, Bakuda jadeó, “De nuevo. Antes de que mi cuerpo se dé cuenta de lo mal que lo estoy lastimando.”
Paige asintió. Ella no estaba dispuesta a discutir con el supervillano que amenazaba con darle vuelta la piel.
Los siguientes intentos no fueron más bonitos ni más fáciles. La segunda tira larga de metal fue liberada y Bakuda también la empaló en su hombro. Las rejillas de metal de las partes exteriores e interiores de la máscara estaban próximas a ser liberadas. A Paige solo le quedaba la parte de cuero de la máscara, las correas y la cubierta que le cubría la boca y la nariz. Al ver a Bakuda equilibrar con cuidado las rejillas de metal en su hombro libre, contra la espuma pegajosa para que no se resbalen, Paige hizo lo mismo con el cuero de la máscara.
“¿Qué hiciste para ser enviada aquí?” Preguntó Paige.
“Lo último que escuché, antes de que perdiéramos el poder en nuestro vecindario, era que el recuento de cadáveres era casi de cincuenta.”
“¿Mataste a cincuenta personas?”
Bakuda sonrió, y no era bonita, con sus labios tan devastados como estaban. “Lastime más, también. Y hubo quienes sufrieron daños cerebrales, uno o dos pudieron haberse vuelto locos homicidas, y sé que un montón fueron congelados en el tiempo por cien años más o menos... se vuelve borroso. El momento cumbre fue la bomba.”
“¿Bomba?” Preguntó Paige, sus ojos se abrieron de par en par.
“Bomba. Dijeron que era tan poderosa como una bomba atómica. Idiotas. Ni siquiera entendían la tecnología detrás de ella. Incultos. Claro, era más o menos igual de poderosa, pero ese ni siquiera era el daño real. Lo más increíble hubiera sido la onda electromagnética que generaba. Borraría cada disco duro, freiría cada placa de circuito para cada pieza de maquinaria en una quinta parte de América. ¿Los efectos de eso? Hubiera sido peor que cualquier bomba atómica.”
Incapaz de siquiera pensar en eso, Paige miró a Lung. “¿Y él?”
“¿Lung? Él es quien me dijo que lo hiciera. El hombre a cargo, es él.”
La cabeza de Lung se movió fraccionalmente, pero con las sombras bajo su frente, Paige no podía decir si él estaba mirando.
“¿Tú?” Bakuda le preguntó a Paige. “¿Qué hiciste para ser enviada aquí?”
“Le dije a mi ex que se fuera a la mierda.”[2]
Hubo una pausa, luego Bakuda comenzó a cacarear. “¿Qué?”
“Es complicado”, Paige miró hacia otro lado y hacia abajo.
“Tienes que explicar, pajarito.”
“Me llamo Paige. Mi nombre artístico era Canary.”
“Ooooh”, habló Bakuda, todavía cacareando un poco mientras agarraba una de las tiras de metal que le atravesaba el hombro y la liberaba. Sosteniéndola entre sus dientes, ella dijo, “Esho no esh bueno. ¿Llamahte Canary en prishion?” [3]
“No tenía la intención de ir a prisión.”
“¿Quiéh la tiede?”
“Quiero decir, ni siquiera soy un supervillano. Mi poder, me hace una cantante fantástica. Ganaba mucho dinero haciéndolo, se hablaba de ofertas discográficas, nos movíamos a escenarios más grandes y mis shows seguían agotando entradas... todo era perfecto.”
Bakuda dejó que la tira bajará de sus dientes hasta que colgaba, luego la maniobró con cuidado hasta que se aferró al extremo izquierdo de la misma. Se inclinó hacia atrás, con la cabeza mirando hacia el techo, mientras deslizaba la otra tira de metal, la que estaba empalada en su hombro, dentro de su boca, así que estaba sosteniendo un extremo de cada tira en su boca. Haciendo una pausa, ella preguntó: “¿Qué pasho?”
Paige negó con la cabeza. Era el testimonio que ella nunca había podido decir en voz alta, en su juicio. “Acababa de terminar mi espectáculo más grande hasta ahora. Dos horas en el escenario, un gran éxito, a la multitud le encantó todo. Hice el cierra y fui al backstage para descansar, tomar un trago y encontré a mi ex. Me dijo que, como él fue quien me empujó a salir al escenario en primer lugar, merecía crédito. Quería la mitad del dinero.” Ella se rió un poco, “Ridículo. Como si sé supusiera que fuera a ignorar el hecho de que me engañó y me dijo que nunca lo lograría de verdad cuando se fue.”
Bakuda asintió. Se apartó de las tiras, donde había logrado atarlas con la apariencia de un nudo. Usó sus dientes para doblar las tiras ahora unidas en forma de L. Con el extremo que no estaba empalado en su hombro ahora en una posición frente a ella, cerró la boca sobre él.
“Nosotros discutimos. Luego le dije que se fuera a la mierda. Se fue, y no lo pensé ni un segundo... hasta que la policía apareció en mi puerta.”
Bakuda apartó su boca del final de la tira. Ella lo había doblado en forma de 'v' suelta. Ella frunció el ceño y luego miró a Paige, “¿Y?”
"Y lo había hecho. S- Supongo que todavía estaba energizada con mi actuación, y los efectos de mi poder todavía estaban potenciando mi voz, o él estaba en la audiencia y se vio muy afectado. Entonces, cuando le dije que se fuera a la mierda, él, um, lo hizo. O lo intentó, y cuando descubrió que no era físicamente posible, se lastimó hasta que...” Paige cerró los ojos por un momento. “Um. No entraré en los detalles.”
“Mmmm, leh pasha por idiota. Oo 'oo” Bakuda alzó las cejas, todavía trabajando la tira de metal dentro de su boca. Se apartó, verificó que el extremo estaba en forma de ‘o’, y luego se agarró las tiras con los dientes para sacarse la cosa de su hombro con un gruñido. Puso el extremo que acababa de retocar contra el banco y deslizó su boca a lo largo del metal, para poder agarrarla del otro lado.
Tomándola con los dientes, volvió su atención a la pared del camión entre ella y Paige. Había cerraduras colocadas a intervalos regulares contra la pared, destinadas a asegurar la cadena de esposas estándar en su lugar, para aquellos que no se rocían con espuma. Ella comenzó a pasar la correa de metal a través del lazo de la cerradura. Las gotas de sudor se mezclaron con el agua que corría por su rostro mientras trabajaba.
El nudo que une las dos correas se atascó en el agujero. Bakuda empujó un poco más fuerte, y lo colocó firmemente en su lugar. La curva en L del metal colocó el asa cerrada de metal en forma de ‘o’ cerca del hombro de Paige.
“¿Alguna posibilidad de que Oni aparezca?” Preguntó Bakuda a Lung.
“Me sorprendería”, retumbó su respuesta.
Ella agarró una de las rejillas de metal en su boca y comenzó a trabajar con sus dientes. Era una sola pieza delgada de metal, doblada y tejida como una malla de eslabones, aunque con una malla más apretada. Ahora que las tiras de metal ya no lo sujetaban con seguridad, Bakuda podía comenzar a desenrollarlo y enderezarlo.
Cuando estuvo casi completamente desenrollado, ella ajustó su mordida y apretó la segunda masa de alambre, la que había estado en la boca de Paige, en sus mandíbulas, amontonándola en un desastre cilíndrico de unos cuatro centímetros de largo y una pulgada de ancho. Todavía mordiéndola, giró su cabeza para que el cable de un metro y medio de longitud apuntara a Lung, a menos de un metro de su rostro. Todavía con la boca alrededor de la maraña de alambre, murmuró: “Necesito punta caliente.”
Lung gruñó, pero hizo lo que le pedía. Cuando la punta estuvo al rojo vivo, Bakuda ajustó rápidamente su agarre, soltando y mordiendo otra vez hasta que la punta estuvo cerca de su boca. Con los labios hacia atrás, ella lo mordió.
“¿Cómo puedes hacer eso?” Paige preguntó: “¿No duele?”
“Ovioh ge duere, eshtupidah”, gruñó Bakuda. Se apartó, lo colocó de manera que el mango quedara contra el banco, con la longitud del alambre pegado a su hombro, y examinó su obra. “Pero el esmalte de los dientes es más duro de lo que piensas.” Escupió una gota de sangre en el piso del camión, luego mordió dos veces más, haciendo una pausa entre las mordidas para girar la longitud del metal con sus dientes, labios y lengua.
Cuando extendió la longitud del cable en dirección a Paige, deslizándolo a través del extremo en forma de ‘o’ de la banda de metal, Paige se dio cuenta de lo que Bakuda había pasado tanto tiempo armando. Ni siquiera necesitó que se le pidiera que se inclinara contra las correas de espuma y levantara el cuello hacia un lado, para poner su collar al alcance del extra largo destornillador improvisado. La tira de metal con el lazo en el extremo servía para sostener la parte más cercana a Paige, por lo que Bakuda podía dirigirla más fácilmente.
No fue un trabajo rápido. Bakuda tuvo que usar los dientes, la mandíbula y un giro de su cabeza para girar el destornillador, y era una tarea ardua recuperarlo si perdía el control sobre él. Diez largos minutos de silencio y gruñidos solo fueron interrumpidos por el sonido de dos tornillos cayendo al banco de metal, antes de que Bakuda se detuviera a descansar y aliviar su mandíbula.
“No podrás hacerla nada a mi collar sin activarlo”, dijo Paige.
“Perra tonta”, murmuró Bakuda, sacando su labio inferior y mirando hacia abajo como si pudiera investigar el grado de daño en sus propios labios. “Soy una experta en bombas. Entiendo detonadores y catalizadores en el mismo nivel fundamental que entiendes caminar y respirar. Puedo visualizar cosas mecánicas de una manera que no podrías con cinco títulos universitarios y cien años. Insúltame así de nuevo y estás muerta.”
Como empujada a probarse a sí misma, agarró el destornillador con los dientes otra vez y se puso a trabajar de nuevo. Arrancó un panel y se reanudó el desenroscado, más profundo en el collar.
Paige dudó en volver a hablar, sabiendo lo fácil que era provocar a la chica, pero el silencio era aplastante. “Supongo que tenemos suerte de que sea un viaje largo, desde Boston a Columbia Británica.”
“Estuviste dormida un tiempo,” Bakuda se apartó del destornillador, hablando en voz baja, como para sí misma. “No tenemos tanto como piensas.”
Paige sintió que algo se liberaba del pesado collar que llevaba al cuello, vio que Bakuda inclinaba el destornillador hacia arriba y deslizaba un tubo de vidrio con algo brillante dentro de la barra de metal. Luego de unos minutos, otra pieza de maquinaria se unió al tubo de vidrio, como si fuera un pincho de alta tecnología.
“Trágico”, habló Bakuda, en su próximo descanso. “Este es un trabajo hermoso. No el ensamblado, eso es una mierda. Es obvio que el Artesano que diseñó esto tenía la intención de que fuera armado por tarados. No tendría tornillos y esas mierdas de lo contrario. Pero la forma en que está diseñado, la forma en que todo encaja... hace que una científica se sienta orgullosa. Odio despedazarlo.”
Paige asintió. Ella no sabía lo suficiente sobre ese tipo de cosas para arriesgarse a comentar. Por aterradora como era esta situación, por curiosa que fuera, sentía el efecto persistente del tranquilizante en su sistema, un aburrimiento abrumador.
Ella cerró los ojos.
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2018.06.27 06:13 master_x_2k Enredo III

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Enredo III

Abrí las puertas de vidrio para que Brian pudiera llevar las cajas de muebles. Lo que más me sorprendió de su edificio de apartamentos fue lo despejado que estaba todo. Sin basura, sin gente, sin ruido. Había un tablero de anuncios justo después del segundo juego de puertas, que era algo que normalmente podría haber esperado que fuera un poco desordenado, por regla general, pero incluso allí, las publicaciones individuales estaban cuidadosamente espaciadas, y todo estaba sellado detrás un cristal con una sola cerradura pequeña. Se sentía un poco estéril. O tal vez era solo que yo estaba acostumbrada a un área con más carácter.
No sabía qué decir. No solo en términos de la construcción de apartamentos de Brian, no tenía idea de qué palabras saldrían de mi boca. No tenía la destreza para charlar de forma natural. Por lo general, me las arreglaba planificando constantemente lo que podría decir. El problema era que me había distraído, no tanto por los atributos de Brian, sino por haber tomado conciencia de que los había estado mirando. Ahora que estaba tratando de recuperarme, ponerme en equilibrio mental y planear algo de conversación, todo lo que podía pensar era 'Maldición, Taylor, ¿por qué no puedes pensar en algo que decir?'.
Entramos en el ascensor, y Brian descansó las cajas en la barandilla de metal en el interior. Me las arreglé para preguntar, “¿Qué piso?”
“Cuarto, gracias.”
Presioné el botón.
Subimos, y cuando se abrió la puerta, le ofrecí a Brian una mano para estabilizar las cajas mientras él se retiraba del ascensor. Lideró el camino por el pasillo y se detuvo junto a una puerta mientras yo buscaba las llaves que me había dado, para encontrar la de su apartamento.
No estaba segura de lo que esperaba ver en el lugar de Brian, pero aun así logró sorprenderme.
Lo primero que noté fue que los techos eran altos. El apartamento era prácticamente de dos pisos, un arreglo bastante abierto con pocas paredes. La cocina estaba a nuestra izquierda cuando entramos, pequeña, separada de la sala de estar por un mostrador de bar / cocina. A nuestra derecha estaba el armario del pasillo y las paredes que abarcaban el baño y uno de los dormitorios. Justo en frente de nosotros estaba la espaciosa sala de estar, respaldada por una ventana del piso al techo y una puerta de vidrio que daba a un balcón de piedra. Unas escaleras conducían a un dormitorio situado encima del baño y el primer dormitorio. Supuse que era allí donde dormía Brian, basándome en la cama no desordenada, pero no hecha, que estaba a la vista desde donde estaba parada.
Lo que me impresionó, creo, fue lo suave que era el lugar. Había dos estanterías, de color gris claro, en la sala de estar. En los estantes, vi, había una mezcla de novelas, plantas y libros antiguos con espinas de cuero rajado y raído. Las frondas de algunas de las plantas colgaban sobre los estantes. El sofá y la silla que lo acompañaba eran de pana color canela pálido, con cojines gruesos y lo suficientemente profundos que parecían poder perderse en ellos. Podría imaginarme acurrucarme en ese sillón con las piernas tapadas a mi lado, un libro en mis manos.
De alguna manera había estado esperando una estética similar a la del cromo y el cuero negro. No es que asociara la personalidad de Brian o su gusto con ese tipo de diseño, pero era lo que podría haber pensado que un joven soltero podría llegar a conseguir. Ya fuera la suavidad de los colores, el pequeño frasco con piedras, el agua y el bambú en la encimera de la cocina o las imágenes en tonos sepia de los árboles en el vestíbulo, el lugar me dio una sensación de tranquilidad.
Sentí una punzada de envidia, y no fue solo porque el apartamento de Brian era agradable. Estaba obteniendo una mejor idea de quién era, y cómo éramos personas muy diferentes, en cierto sentido.
Brian gruñó mientras dejaba las cajas junto al armario delantero. Se quitó las botas y lo tomé como una señal para quitarme los zapatos.
“Entonces, ya empecé un poco”, me dijo, llevándome a la sala de estar, y vi que había un montón de tablas de color gris claro y una caja de cartón vacía apoyada contra la pared. “Resulta que realmente necesita un segundo par de manos. ¿Quieres algo antes de comenzar? Prefieres el té al café, ¿verdad? ¿O quieres un refresco? ¿Un bocado?”
“Estoy bien”, sonreí, quitándome la sudadera y poniéndola en el mostrador de la cocina. Le había prometido a Tattletale que lo haría. Sintiéndome muy consciente de mí con mi barriga expuesta, traté de distraerlo con la tarea que tenía entre manos: “¿Empezamos?”
El primer trabajo, el que dejó incompleto, era un conjunto de estanterías, y comenzamos con eso. Era, como él había dicho, un trabajo para dos personas. Los estantes tenían tres columnas con seis estantes cada uno, y cada parte se acoplaba con la ayuda de clavijas de madera. Era imposible presionar dos piezas cerca de la parte superior sin que las que estaban cerca del fondo se separasen, y viceversa, así que conseguimos un ritmo en el que uno de nosotros juntaba piezas mientras que el otro impedía que todo lo demás se desarmara.
En general, nos llevó unos veinte minutos más o menos. Después de verificar que todo estaba encajado y alineado, Brian arrastró el estante del piso y lo colocó contra la pared.
“Ese es uno”, sonrió, “¿Estás segura de que no quieres un trago?”
“¿Qué tienes?”
“Ven, tengo cosas en la nevera. Elije lo que quieras.”
Agarré una cola de cereza. Brian agarró una cocacola, pero casi la ignoró mientras abría la siguiente caja, la cuadrada que medía casi cuatro pies de ancho, y comenzó a colocar las piezas individuales en el suelo de la cocina. Una mesa de cocina con taburetes.
Resultó que la mesa de la cocina era un trabajo más difícil que la estantería. Las patas debían sostenerse exactamente en el ángulo correcto, o los pernos se atascaban en los agujeros, o forzaban a la pata de la mesa a salir de su posición. Cada vez que eso ocurría, terminamos teniendo que sacar el perno y comenzar de nuevo. Terminé sosteniendo firmemente la primera pata de la mesa mientras atornillaba los pernos de la base.
Sin mirarme, colocó su mano sobre la mía para ajustar el ángulo una fracción. El contacto me hizo sentir como si alguien hubiera arrancado una cuerda de guitarra que iba desde la parte superior de mi cabeza hasta la mitad de mi cuerpo. Un profundo ronroneo en mi interior que no se podía escuchar, solo se sentía. Me alegré mucho por las mangas largas de mi top, porque se me ponían los pelos de punta.
Me encontré por defecto cayendo en mi defensa más básica, quedarme callada, quedándome quieta, así que no podía decir ni hacer nada estúpido. El problema fue que esto me hizo muy, muy consciente del silencio y la falta de conversación.
Probablemente Brian no había siquiera notado el silencio, pero me pregunté qué decir, preguntándome cómo iniciar una charla o cómo mantener una conversación. Fue agonizante.
Se acercó para ver mejor mientras colocaba una tuerca en el perno, y su brazo se presionó contra mi hombro. De nuevo, provocó una reacción casi elemental de mi cuerpo. ¿Fue esto intencional? ¿Estaba señalando interés a través del contacto físico casual? ¿O estaba asignando significado a algo casual?
“Casi terminado”, murmuró, ajustando su posición para comenzar a atornillar el otro perno para la pata de la mesa. Su brazo no estaba presionando contra mi hombro ahora, pero por la forma en que estaba agachado, su rostro estaba a solo unos centímetros del mío. De acuerdo, eso fue peor.
“Taylor, ¿crees que puedes agarrar esa llave más pequeña sin mover la pierna?”
No confiaba en mí misma para responder sin hacer un ruido raro, así que simplemente cogí la pequeña llave y se la entregué.
“Eso es más rápido, gracias”, respondió, después de un segundo, “¿Puedes pasarme la tuerca?”
Lo hice, dejándolo caer en su mano en lugar de colocarlo allí, preocupada por lo que podría hacer o por cómo reaccionaría si mi mano tocaba la suya. No iba a sobrevivir las siguientes tres patas de la mesa de esta forma, y mucho menos las banquetas o el tercer mueble que ni siquiera habíamos empezado.
“¿Taylor?”, Preguntó.
Dejó la pregunta colgar, así que tragué saliva y respondí: “¿Qué?”
“Relájate. Puedes respirar.”
Me reí ligeramente al darme cuenta de que estaba conteniendo la respiración, lo que resultó en una exhalación nerviosa y entrecortada que solo aumentó la incomodidad que estaba sintiendo.
Él estaba sonriendo, “¿Estás bien?”
¿Qué se supone que debía decir? ¿Admitir que no sabía cómo lidiar con estar cerca de un chico guapo?
Miré al suelo, a la pata de la mesa que sostenía. “Me pongo nerviosa cuando estoy cerca de la gente. Pienso en, ya sabes, que tal vez tengo mal aliento, o tenga olor a sudor, y no podría notarlo porque es mío, así que aguanto la respiración así para estar segura. No sé.”
Bravo, Taylor. Bravo. Imaginé el más lento y más sarcástico de los aplausos lentos. Hablando de mal aliento y sudor era totalmente el camino a seguir. Uno de esos momentos brillantes que me daría vergüenza cada vez que lo recordara en los siguientes años o décadas, estaba segura.
Entonces Brian se inclinó, cerrando los escasos centímetros de distancia que nos separaban, hasta que nuestras narices prácticamente se tocaron.
“No. Hueles bien”, me dijo.
Si hubiera sido un personaje de dibujos animados, estaba bastante segura de que ese era el punto en el que me salía vapor de las orejas, o me derretía en un charco. En cambio, fui con mi primer instinto, una vez más, y me quedé muy callada. Me di cuenta de un calor en mi cara que debe haber sido un rubor furioso.
Sería difícil decir si fue una misericordia o no, pero Brian se distrajo con el sonido de una llave en una cerradura, y la apertura de la puerta de entrada.
Lo primero que pensé fue que la chica que entró era la novia de Brian. Entonces la vi mirar hacia nosotros, sonreír, y noté la similitud entre sus ojos y los de Brian. Su hermana.
Mi segundo pensamiento, o mi segunda reacción, en realidad, fue difícil de poner en palabras. Es como, podrías mirar un Mercedes y decir que era una hermosa obra de arte, incluso si no eras alguien que prestaba mucha atención a los autos. En líneas similares, cuando veías un Mercedes con una calcomanía de llamas barata pegada a las ruedas y un alerón casero pegado en la parte trasera, era doloroso y decepcionante en un nivel fundamental. Eso fue lo que sentí, mirando a Aisha.
Era hermosa, tan femenina como Brian era masculino, con pómulos altos, cuello largo y, aunque era dos o tres años más joven que yo, ya tenía pechos más grandes que los míos. Podrías convencerme de cortarme un dedo por tener piernas, cintura y caderas como las de ella.
Maldita sea, esta familia tenía buenos genes.
Solo necesitabas echar un vistazo a Aisha para saber que iba a ser completamente hermosa cuando terminara de crecer. Dicho eso, sin embargo, tenía una raya de cabello decolorado y parte de ese cabello decolorado había sido teñido en una franja de color púrpura. Era como si hubiera hecho todo lo posible por parecer vulgar, con shorts de jean rasgados sobre leggings de red verde neón, y un top sin tirantes que dudaría incluso en llamar ropa interior. Cualquier envidia que sentía hacia ella se veía acentuada por un sentimiento casi de ofensa, en cuanto a cómo estaba arruinando lo que le habían dado naturalmente.
“¿Estoy interrumpiendo?”, Dijo, con un tono ligeramente burlón, mientras me miraba sin poder entenderlo.
“Aisha”, Brian se levantó, “¿Qué estás haciendo aquí? Tú-” se detuvo cuando una mujer negra robusta y sólida entró por la puerta principal. Donde la mirada de Aisha hacia mi había sido ambigua, la mirada que esta mujer me dio fue todo lo contrario. Desaprobación, disgusto. Me di cuenta de lo que debía parecer, ligeramente sudorosos, en el suelo entre los muebles, con el estómago visible, prácticamente brillante con un rubor rosado. Me apresuré a agarrar mi sudadera y ponerla.
“Señor. ¿Laborn?”, Dijo la mujer pesada, “Me temo que esperaba que estuviera más preparado, pero parece que está en medio de algo.”
Brian negó con la cabeza, “Si señora. Sra. Henderson. Estoy casi seguro de que su oficina me dijo que los esperara a las dos esta tarde.”
“Esa fue la hora original. Aisha me dijo que quería reprogramar-” La señora Henderson se interrumpió y le lanzó a Aisha una mirada dura.
Aisha sonrió, se encogió de hombros y se levantó de un salto, así que estaba sentada al final del mostrador de la cocina. “¿Qué? Hay una película que quiero ver esta tarde con mis amigos.”
“Si hubieras preguntado, podría haber dicho que sí”, le dijo Brian, “Ahora probablemente voy a decir que no.”
“No es tu decisión, hermano, no estoy viviendo contigo todavía”, ella levantó le mostro el dedo del medio con las dos manos.
Brian parecía que iba a decir algo más, pero luego se detuvo. Suspiró, luego dirigió su atención a la trabajadora social de Aisha, “Lo siento por esto.”
Ella frunció el ceño, “Yo también. Debería haber llamado para comprobar, dada la historia de Aisha de torcer la verdad.” Miró su cuaderno y pasó la página, “Si quieres reprogramar, hmmm, me temo que ya llené la ranura de la tarde, pero tal vez ¿Este fin de semana…?”
Brian le dio a Aisha una mirada molesta, “Ya que está aquí, si estás dispuesta a pasar por alto los muebles que no hemos terminado de armar, podríamos hacerlo ahora.”
“¿Si estás seguro? ¿Qué hay de su... compañera?” Ella me miró.
Mi rubor probablemente no se había ido, y sospecho que me sonrojé un poco más de repente al ser puesta en medio de una situación incómoda. Probablemente no ayudó a desvanecer ninguna impresión equivocada que ella había percibido.
“Ella es una amiga, me estaba ayudando. Taylor, no estoy seguro de cuánto tiempo será esto. No quiero perder tu tiempo, pero me sentiría mal si te fueras tan pronto después de venir hasta aquí. Si quieres quedarte y relajarte, podría llevarte de regreso después.”
Cada parte socialmente torpe de mi cerebro ansiaba tomar la ruta de escape ofrecida, hacer mi salida, enfriarme. Fue difícil decir por qué no lo hice.
“Me quedaré, si no voy a estar en el camino. No tango planes para la tarde.”
Cuando Brian sonrió, me di cuenta de por qué no había aprovechado la oportunidad de irme.
La mujer volvió a examinarme en detalle. Ella me preguntó: “¿Estás en su clase en línea?”
Negué con la cabeza.
“No. Pareces un poco joven para eso.” Entonces ella me desafió, “¿Por qué no estás en la escuela?”
“Um”, dudé. Mantente lo más cerca posible de la verdad. “Estuve al borde de una de las explosiones de bombas y tuve una conmoción cerebral. Estoy faltando a clases que esté completamente mejor.”
“Ya veo. ¿Estás segura de que ensamblar muebles es lo que pretendía el médico cuando te dijo que descansaras y te recuperases?”
Sonreí torpemente y me encogí de hombros. Hombre, realmente estaba esperando no estar estropeando esto para Brian.
“Entonces”, Brian habló con la Sra. Henderson, “¿Quería mirar mi casa y ver el espacio que aparté para Aisha? Supongo que esta es una oportunidad para que revise un lugar antes de que la familia se apresure a barrer todo debajo de la alfombra.”
“Mmm”. Una respuesta no coercitiva. “Vamos al balcón, y puede contarme sobre el área y las escuelas cercanas.”
Brian abrió el camino y sostuvo la puerta para el asistente social. Se cerró detrás de él, dejándome con Aisha, que todavía estaba sentada en el mostrador de la cocina. Le di una pequeña sonrisa y recibí una mirada fría y penetrante a cambio. Incómoda, volví mi atención a la mesa y traté de ver qué podía hacer por mi cuenta, con la segunda pata.
“Así que. ¿Estás en el equipo de mi hermano?”
¿Qué? Estuve orgullosa de mí misma cuando apenas perdí el ritmo. “¿Equipo? Sé que hace boxeo, o boxeaba, al menos, pero-”
Ella me dio una mirada divertida, “Vas a hacerte la tonta, ¿verdad?”
“No estoy entendiendo. Lo siento.”
“Claro.” Se inclinó hacia atrás y pateó un poco las piernas.
Volví mi atención de nuevo a la pata de la mesa. No llegué muy lejos antes de que ella me interrumpiera de nuevo.
“Mira, sé que estás en su equipo. Proceso de eliminación, tienes que ser la chica bicho.”
Negué con la cabeza, tanto para negarlo como para exasperarme. ¿Qué carajo, Brian?
“Me dijo que tenía poderes, no dijo lo que eran. Como tiene poderes, cree que hay una posibilidad de que yo también los tenga. No quería que me sorprendiera. Descubrí quién era él después de eso, vi algo sobre algunos villanos que robaban un casino una noche en la que no estaba en casa, comencé a registrar las veces que no estaba disponible y seguía coincidiendo. Lo confronté y no hizo un buen trabajo negándolo.”
Con la esperanza de desequilibrarla, puse en mi rostro la más convincente expresión de sorpresa con los ojos abiertos tanto como podía “¿Estás diciendo que tu hermano es un supervillano?
Parpadeó dos veces, luego dijo, lentamente, como si estuviera hablando con alguien con una discapacidad mental, “Siiiii. Y estoy diciendo que tú también lo eres. ¿Por qué otra razón se juntaría mi hermano contigo?”
Auch. Eso dolió.
Me ahorré tener que dar una respuesta y mantener la farsa cuando Brian y la asistente social regresaron del balcón.
La asistente social estaba diciendo: “...dudoso, con la lista de espera.”
“Ella está en el territorio y estaría ingresando a la escuela al mismo tiempo que el resto de los estudiantes de noveno grado.” Brian respondió, mirando mal a Aisha, “Y eso significaría separarla de las malas influencias que tiene alrededor donde está viviendo ahora.”
Aisha le mostró el dedo, otra vez.
“Mmm”, respondió la asistente social, mirando de Aisha hacia él. “Me gustaría ver tu habitación después?”
“¿Mía? ¿No de Aisha?”
“Por favor.”
Brian condujo a la asistente social hasta las escaleras que conducían a su habitación, que daba al resto del departamento.
“Tal vez debería ver cómo reaccionas si lo grito en voz alta”, sugirió Aisha. Ella puso un acento falso, “¿Cómo te llamas, otra vez?”
Giré los ojos.
“¿No vas a decir? Como sea.” Sus manos se ahuecaron alrededor de su boca como si estuviera gritando, gritó burlonamente en un volumen apenas por encima del habla regular, “¡Bichito y Grue, en casa!”
Miré hacia arriba, esperando que Brian y la asistente social no estuvieran al alcance del oído. El murmullo de conversación allí arriba no parecía haber sido interrumpido por lo que Aisha había dicho.
“Parece que estarías en una situación de perder-perder, anunciándolo así”, le respondí, “O tienes razón, y molestas a dos personas que realmente querrás evitar enojar, o estás equivocada y te ves como una loca.”
“¿Y si ellos ya piensan que estoy un poco loca? ¿Qué tengo que perder?”
“No sabría decir.” Apreté el cerrojo, revisé la pata de la silla y la encontré sólida como una roca. Pasé al siguiente. “¿Qué tienes por ganar?”
“Vaaaamos”, ella se quejó, “Solo admítelo.”
Mi corazón latía con fuerza cuando Brian y la asistente social bajaron las escaleras. Aisha, por su parte, pegó una amplia y falsa sonrisa en su rostro para saludarlos. Brian hizo pasar a la mujer al segundo dormitorio, pero no entró con ella. Se detuvo para mirarme.
“Taylor, no necesitas hacer eso por tu cuenta.”
“Está bien”, dije. Mirando hacia arriba, donde Aisha estaba sentada en la encimera, agregué: “Es una buena distracción.”
“Lo siento. Creo que tardaremos solo un minuto más.”
Resultó cierto. La asistente social salió de la habitación de Aisha, echó un vistazo por el baño y luego investigó los armarios y la nevera.
La Sra. Henderson habló con Aisha, “Me gustaría que salgas al balcón por un minuto.”
“Lo que sea.” Aisha saltó del mostrador y se dirigió hacia afuera.
“Y”, dijo, volviéndose hacia Brian, “Tal vez quieras que tu amiga espere afuera también.”
“Realmente no tengo nada que esconder”, respondió, mirando hacia mí.
“Bien. Permítanme comenzar diciendo que esto es mejor que la mayoría.”
“Gracias.”
“Pero tengo preocupaciones.”
Se podía ver la expresión de Brian cambiar una fracción, ante eso.
“Leí los documentos y planes que me enviaste por correo electrónico. Usted tiene un plan sólido en mente para la contabilidad, el pago de las facturas, ayudarla con su educación, posibles gastos adicionales, el presupuesto para la ropa e incluso para ahorrar dinero para la universidad. En muchos aspectos, este es el tipo de situación que deseo, con la mayoría de mis casos.”
“¿Pero?”
“Pero cuando miro este lugar, veo que lo has hecho muy tuyo. Los muebles, las decoraciones, las obras de arte, parecen apuntar a tu personalidad, dejando muy poco espacio para Aisha, incluso en el espacio que has reservado para ella.”
Brian pareció un poco aturdido por eso. “Ya veo.”
“Mire, Sr. Laborn, debemos considerar la perspectiva de Aisha. Ella es una fugitiva en serie. Ella claramente no ve la casa de su padre como un hogar. Se debe tener cuidado adicional para asegurarse de que ella vea esto como tal. Suponiendo que ella termina aquí y no en casa de su madre.”
“Mi madre,” la expresión de Brian tomó un tono más serio.
“Soy consciente de sus preocupaciones sobre el tema de la madre de Aisha, Sr. Laborn.”
Mi celular sonó una vez en mi bolsillo de sudadera. Lo ignoré.
Brian suspiró, flaqueándose un poco, “¿Esto es reparable?”
“Sí. Involucre a Aisha en la decoración, esté dispuesto a comprometer sus gustos y su estética para que sienta que este también es su espacio”, dijo, “sé que no será fácil. Aisha es difícil a veces, estoy segura de que ambos podemos estar de acuerdo es eso.”
Estaba empezando a gravitar hacia esa conclusión yo misma.
“Sí”, Brian asintió, “Entonces, ¿qué sigue?”
“Haré una visita a la casa de su madre en una semana y media, si recuerdo bien. Si desea enviarme otro correo electrónico cuando sienta que ha enmendado este pequeño problema, y ​​las pocas cosas que le señalé durante la inspección, podría hacer arreglos para visitarlo nuevamente.”
“Eso sería fantástico.”
“Tenga en cuenta que tengo una carga de trabajo desbordante, y probablemente no pueda pasar hasta al menos una semana después de que me haya avisado.”
“Gracias”, dijo Brian.
“¿Alguna pregunta?”
Sacudió la cabeza.
“Entonces le deseo suerte. Para disculparme por el tiempo inesperado de la cita, le haré una oferta de una sola vez para quitarle a Aisha de sus manos. Si ella insiste ser suspendida, puedo presentarle a otra persona que siguió ese camino, mientras voy a las citas de esta tarde.”
Brian sonrió. No es exactamente esa sonrisa increíble que había visto tan a menudo, pero una bonita sonrisa, no obstante, “Creo que se perderá la película a la que quería ir.”
“Parece”, el trabajador social sonrió con complicidad. “Siga así, Sr. Laborn. Aisha tiene suerte de tenerlo.”
Brian se animó un poco al respecto.
La reunión no duró mucho después de eso, y Aisha fue arrastrada quejándose por la asistente social. No pude respirar con alivio hasta que se fueron. Incluso entonces, estaba inquieta, sabiendo cuán fuertes habían sido las sospechas de Aisha.
Recordando que mi teléfono había sonado, busqué mi teléfono celular para ver cuál había sido el mensaje. Mientras mantuve presionado el botón para desbloquearlo, le dije a Brian: “Aisha sabe sobre los Undersiders, parece.”
“Mierda. Lo siento”, hizo una mueca de dolor, “Si pensara que te encontrarías con ella, te habría dado una advertencia. ¿No dijiste nada?”
“Fingí no saber de qué demonios estaba hablando, por poco que sirvió. ¿Esto va a ser un problema?”
“Ella prometió que no le diría nada a nadie... y realmente me molesta que haya sido lo suficientemente indiscreta para plantear el tema con alguien a quien no había dado mi consentimiento. Pero Aisha no lo diría por contarlo. Creo que ella probablemente estaba jugando contigo.”
“Si estás seguro”, tenía mis reservas, pero no estaba segura de querer presionarlo sobre el tema, cuando ya estaba estresado.
“Bastante seguro”, suspiró.
Miré mi teléfono celular. Era de Lisa.
prdn x interrumpir besukeo. los dos tienen q volver rapido. se sta yendo todo ala mierda
Sentí un poco de calor en las mejillas mientras me tomé mucho cuidado de borrar el texto. Cuando terminé, me volví hacia Brian. “Lisa dice que algo está pasando. Ella dice que nos apresuremos a volver.”
“Que hinchapelotas”, dijo Brian. “Esperaba... ah carajo. Supongo que no vamos a armar todo esto, ¿eh?”, Me sonrió.
Le devolví la sonrisa, “En otra ocasión.”
Él me dio una mano para ayudarme a ponerme de pie. ¿Estaba siendo optimista u observadora cuando noté que su mano tal vez se demoraba medio segundo más de lo necesario en la mía?
¿Estaba una parte de mi temiendo esas posibilidades, esperando que no fuera ni un deseo mio ni una observación precisa de él? Porque no podía decir si me asustaba, o si solo quería que hubiera una parte cuerda de mí con una objeción.
Mierda. Mentalmente avancé mi línea de tiempo. No más de una semana, y tendría que llevar lo que sabía sobre los Undersiders al Protectorado. No estaba segura de confiar en mí misma por más tiempo que eso.

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2018.06.09 05:24 J4yC1 ¿Alguien ha oído hablar de los trabajadores sociales fantasma? [T]

El verano antes de sexto grado, los Servicios de Protección al Infante (SPI) empezaron a venir a checarnos mucho. Sé que usualmente los niños somos ciegos ante los errores de nuestros padres, pero aún ahora, quince años después, no puedo entender por qué vinieron.
Viví con mi mamá y mis hermanos gemelos en las afueras de la ciudad. Ese vecindario rural ahora ostenta precios de primer nivel. En aquel entonces, sin embargo, era una poco deseada y distante área en la que mi madre, quien era telefonista de la policía, logró comprar una enorme casa con más de un acre de bosque de robles.
Mi mamá trabajaba en las noches y constantemente hacía horas extras, así que pasaba la mayor parte de mi tiempo libre haciendo de niñera. Parte de mi lo odiaba, parte de mi no quería dejar de hacerlo hasta el día que muriera. Mis mejores recuerdos provienen de esa casa. Tardes de verano persiguiendo a mis hermanos por los árboles desde que el crepúsculo se volvía noche. Los inviernos se fueron echados frente a la TV viendo "El Secreto de NIMH" mientras el fuego que se suponía que no debía prender ardía agradablemente. Ahora daría lo que fuera por regresar.
La primera trabajadora social del SPI vino temprano en la tarde a mediados de Julio. Mis hermanos y yo estábamos en sillas de jardín tomándo Kool-Aid mientras una espectacular tormenta eléctrica rompía en el nublado cielo verde.
Nuestro vecindario entero estaba en una pendiente. Nuestros vecinos de enfrente vivían hasta arriba. Nosotros vivíamos cuesta abajo; el camino casi siempre estaba a nivel de nuestro techo. Me hacía sentir paranoica todo el tiempo. Observada. Así que cuando un mediocre auto negro se estacionó en nuestro frente, los pelos en seguida se me pusieron de punta.
Les dí un golpecito en los hombros a mis hermanos. "A la casa, chicos."
Phillip obedientemente dobló su silla mientras las primeras gotas tibias de lluvia caían al suelo. Patrick, por otro lado, me dio una mirada que podría derretir el acero. El cielo color cristal de mar se reflejaba extrañamente en su piel, pintándolo en enfermizos tonos de verde y gris. Agitó violentamente su botella de Kool-Aid. "Cuando me lo acabe."
Arriba en el frente, una puerta de auto se cerró.
"No, ahora." Dije enojada.
"Solo escuchala." Dijo Phillip, nervioso.
Patrick le dirigió una mirada furiosa que rápidamente se convirtió en incertidumbre.
Observé a mis hermanos ansiosamente, frustrada por haber sido dejada atrás. Yo fui quien tuvo que sacrificar todo por ellos, pero todavía era un extraña.
Pasos recorrieron nuestra larga y empinada entrada. Levanté la vista y vi a una mujer. Ella usaba un traje oscuro. El pelo largo le brillaba como oro viejo bajo el cielo tormentoso.
Cuando nos vio ahí parados, nos sonrió y se abrió paso hacia nosotros.
Se veía bien y era bastante bonita, pero mi corazón se cayó de igual forma.Ella frenó hasta detenerse frente a mí, con los zapatos aplastados en la hierba húmeda. Noté, para sorpresa mía, que era mas bajita que yo. "Hola. Soy la Srita. Milcom. Soy de Servicios de Protección al Infante."
Sentí mi corazón latir lento y bajo, de alguna forma, como si me hubiese enfermado. "¿Cómo?"
Phillip se puso detrás de mi hacia un costado y tomó mi mano. Sus ojos - que solo puedo describir como un ardiente tono castaño, casi del mismo color de su cabello - se posaron en él.
"Vine en respuesta a un reporte, ¿podemos entrar?"
Una sonrisa graciosamente impotente se pintó en mi rostro. Respuesta condicionada, supongo. Se supone que debemos ser amables con los adultos, después de todo. "Sí. Pero mi mamá no está en casa ".
Ella me dio una sonrisa de complicidad. Sus dientes brillaban en el extraño crepúsculo, verde malsano, subsumiendo el agradable marfil. "Solo entre tú y yo, ese es el punto".
La Srita. Milcom nos hizo sentar en la mesa de la cocina y le serví un poco de té helado. Lo aceptó agradecida, y luego empezó a hacer preguntas mientras Patrick golpeaba sus pies bajo la mesa.
"¿Pasas mucho tiempo con otros adultos que no sean tu madre?"
"Con la Srita. Herrera," soltó Phillip.
"¿Quién es ella?"
"Mi maestra. Me gradué del Kínder." dijo orgullosamente "No sé quien será mi maestra este año."
Ella sonrió. "¿Qué hay de ti Patrick?"
Él miró hacia abajo y murmuró.
"¿Disculpa?"
"El sr. Ball"
Mi carácter salió a relucir. "No está hablando de tu amigo imaginario, niño."
"¡No es imaginario!"
La Srita. Milcom tocó su mano suavemente. "Háblame del Sr. Ball."
Patrick le dió una patada especialmente fuerte a la punta de la mesa. "Le gustan las vacas. Del tipo con cuernos. Y me enseña juegos."
Mi pena ajena crecía de golpe a este punto. "Pat, ya en serio."
"¿Hace cuánto que conoces al Sr. Ball?."
"Desde siempre."
Le dirigió sus extraños y punzantes ojos a Phillip. "¿Tú también has visto al Sr. Ball?"
"Algunas veces." Dijo despreocupadamente. Vergüenza e ira se enrollaban en mi garganta. Quizá estuvieron hablando acerca de estos sinsentidos en la escuela y asustaron a algún maestro o algo por el estilo. Luego llamaron al SPI y pusieron el trabajo de mi madre en la cuerda floja, todo porque mis hermanos eran un par de babosos. "Pero no me agrada. Así que ya no lo veo."
Finalmente, la Srita. Milcom me miró. "¿Y tú?"
¿Estaba tratando de hacer sentir aceptados a los chicos? Eso era lo que siempre hacía mi mamá. Lo odiaba, y no se iba a detener ahora. "Estoy grandecita como para tener amigos imaginarios, señora."
Me sonrió.
Me preguntó unas cuantas cosas más. Todas eran vagas, a excepción de algunas - "¿Alguna vez te han hecho un examen de CI?", "¿Sabes algo de tus ancestros?" me sonaron raras.
En resumen, no estuvo ahí por mucho tiempo. Cuando terminó, la acompañé a su auto. No por descortesía, pero para asegurarme que de verdad se estaba yendo.
"Hablaré de esto con mi mamá." Dije educadamente "Si no hay problema."
Me dirigió una sonrisa triste. "Corazón, no está permitido que le digas a tu mamá."
Mirarla, estar cerca de ella, hacía que mi corazón se sintiera lento y enfermo de nuevo. "Pero -"
"Ésta es una investigación clasificada. Si le dices, tendremos que llevarte. Realmente no pensamos que haya hecho algo malo. Pero tenemos que asegurarnos. Y hasta entonces, esto tiene que ser un secreto."
El pánico floreció en mi pecho. "¿Y si los chicos le dicen?"
"No lo harán." Me dio una palmada en el hombro. "Adiós, nos vemos pronto."
Mantener el secreto debía haber sido difícil, pero no lo fue.
Es terrible, pero parte de mi se sintió feliz. Casi aliviada. Tenía once años. No estaba bien que yo fuese la principal cuidadora de mis hermanos. Quizá el SPI haría algo al respecto. Gritarle a mi mamá. Quizá hacerla contratar una niñera en ocasiones.
La Srita. Milcom vino varias veces ese verano, al menos dos veces a la semana, y siempre por las tardes cuando mamá salía a trabajar. Ese sentimiento lento y enfermizo nunca se fue del todo, pero trataba de ser cálida con ella. Era tan bonita, tan gentil, y a la vez tan maternal. Ella enfocaba su atención en los gemelos, pero estaba acostumbrada a esa dinámica. Cualquier otro contacto hubiese sido incómodo.
No le dije ni media palabra a mi madre. Tampoco lo hicieron Patrick o Phillip.
Vino por última vez un viernes a finales de Agosto. La escuela había empezado hacía ya un par de semanas. Los niños estaban malhumorados, y yo estaba harta de ellos. En el primer día de escuela hice muchos amigos. Me invitaban a tomar helado esa noche, pero claro, no podía ir.
Les dije que no teníamos auto. Cuando varios de ellos ofrecieron que sus mamás podían pasar por mi, tuve que admitir que hacía de niñera, y sería para siempre. Era la única cosa que mi mamá me dijo que nunca hiciera - "Me metería en problemas." me decía. Pero estaba cansada de ello. Estaba mal que hiciera eso, arrebatarme la vida para que tuviera una niñera gratis.
Y no era solo yo quien pensaba que esto estaba mal. SPI pensaba también que estaba mal.
Incluso la sonrisa de la Srita. Milcom no podía levantarme los ánimos. Me dio un abrazo, luego retrocedió y me dio su típica sonrisa. "¡Tengo algo muy emocionante que mostrarles!".
"¿Qué es?"
"¡Trae a tus hermanos y vengan a ver! ¡Está en la parte de atrás!"
Giré los ojos y entré a la casa. Phillip y Patrick estaban disculpándose, gritándose el uno al otro.
"¡Lo dijiste de mala gana Patrick!" gruñó Phillip.
"¡Lo dije justo como en el comercial Phillip!" le contestó "¡Así se supone que debes decirlo!"
"Chicos," suspiré, "Vengan afuera."
"¿Qué si no?" dijo Patrick retadoramente.
Algo pasó en su rostro. Oscuro y casi decolorado. Como si estuviésemos de nuevo en esa tormenta eléctrica. "No me importa."
"Bueno, a mi si. Si la haces enojar, nos llevará lejos de mamá. Así que levántate." Patee su silla. Phillip ya estaba de pie. Patrick lo siguió detrás, lanzando dagas por los ojos.
Fuimos afuera. Un millón de grillos cantaron, un musical, un ritmo punzante que hizo eco entre los árboles. La Srita. Milcom bailó de nuevo y gritó con entusiasmo. "¡Apúrense!"
Nos dirigió por toda propiedad, esquivando como una experta árboles aledaños y ramas caídas. Ramitas y raíces se rompían bajo nuestros pies mientras la noche caía. Parecía muy temprano para que estuviese tan oscuro, pero habían pasado ya dos meses desde el solsticio. Por supuesto que los días se sentían más cortos. Estábamos tan cerca del otoño como del invierno.
Nos guió hasta la línea de propiedad, cerca de la valla de alambre de púas que separaba nuestro patio del pastizal en el que pastaban los caballos del vecino. Nuestro pequeño cobertizo roto y oxidado se encontraba ahí. Bueno, no era nuestro cobertizo; era una antigua reliquia de los 1960's, algo que el antiguo dueño había dejado atrás.
"Se supone que no debemos entrar ahí." Dijo Phillip nerviosamente.
"Hay viudas negras ahí," Dijo Patrick, "mamá nos lo dijo."
La Srita. Milcom se rió. "¿Eso les dijo?" Se acercó y se dejó caer frente a él. "Bueno, pues está equivocada."
"No lo está, las vi el verano pasado."
"No hay viudas negras ahí dentro. Pero alguien está ahí." Su sonrisa parecía partirle la cara en dos, tratar de imitarla hace que me duelan las mejillas.
"¿Quién?" Dijo Patrick precavidamente.
Ella aplaudió. "¡El Sr. Ball!"
Patrick en seguida tomó varios pasos hacia atrás.
"No seas gallina." Ella se paró y entró al cobertizo. Para mi incredulidad, vi luz saliendo de la puerta medio rota y podrida, y también de entre la podredura seca. Verde frío y dorado lujoso.
Y había ruido. Forcé mis oídos. Tenue pero inconfundible: una triunfante procesión de cornetas, como si estuviera escuchando un desfile a lo lejos.
La Srita. Milcom abrió la puerta. Un poco de ésta se deshizo entre sus manos. Lo restante se abrió, colgando de una argolla oxidada.
Era una habitación.
Demasiado, demasiado grande para estar en el cobertizo, al menos diez veces mas grande que nuestra propia casa. Increíbles pisos de mármol y paredes distantes de una altura que se perdía de vista. Volteé la cabeza y vi algunas enredaderas de flores.
La Srita. Milcom les agitaba la mano desde adelante. "¡Vengan a mirar!"
Todos nos acercamos a la entrada, incluso Patrick, aunque se escondió detrás mío. Las cornetas eran más fuertes ahora, manteniéndose a tono con los ruidos de insectos que se escuchaban en la noche. El interior del cobertizo era hermoso. Verde, dorado, blanco y negro, todas las superficies eran suaves y brillantes, y había un jardín bajo techo que te quitaba el aliento.
"¿Qué es eso?" susurró Phillip.
"Es un lugar hermoso," Dijo la Srita. Milcom "¿Quieres venir a dar un vistazo?"
Justo frente a mis ojos, el cobertizo se oscureció. Después volvió la luz y la vida, como una mala proyección. Me froté los ojos nerviosamente. La Srita. Milcom lo notó, y frunció el ceño. De momento, me sentí mareada y cansada. Las cornetas y los insectos eran abrumadores y dolorosos, y sus ojos, aquellos cálidos ojos miel-anaranjados se veían casi desquiciantes.
"¿Qué pasa?" Preguntó con tranquilidad.
"E...e...stoy furiosa." dije desafiante.
Patrick y Phillip me miraron.
"¿Sobre qué?"
Me pesaba el pecho. Los miré, mis hermanitos, las personas más importantes en mi vida, mi responsabilidad.
Y mi dolor de cabeza, igual.
"Acerca de ellos," solté. Patrick decayó. "Y todas estas cosas, es estúpido. Todo es estúpido."
El mundo se hundió. Las cornetas tocaban más fuerte y el sonido de los bichos nocturnos se convirtió en un chillido febril y doloroso. El suelo rocoso, cubierto de hojas golpeó mi cabeza y el mundo se oscureció.
Me levanté en la mañana, cubierta de hormigas.
Salté sobre mis pies, chillando, y corrí al cobertizo. Oscuro, estrecho, con abundantes telarañas de algodón y los relucientes cuerpos negros de arañas. Chillando de nuevo y agitando salvajemente mi cabello, corrí hacia la casa.
Vacía.
Sin Patrick, sin Phillip, sin mamá.
Busqué por la casa seis veces, pidiéndole a Dios que estuviera loca, antes de llamar a la policía.
Para no hacer más largo el relato, mi madre y mis dos hermanos desaparecieron. La teoría oficial es que mamá se los llevó para comenzar una nueva vida juntos. Pendía de un hilo por abandono infantil, pero jamás la encontraron.
SPI, por supuesto, nunca recibió un solo reporte para mandar un oficial a visitarnos.
Me pusieron en una casa hogar. Fue muy feo, pero creo que a largos términos no acabé tan mal. Me gradué becada de la universidad, trabajando en una correccional. No soy guardia (disculpen mi lenguaje, pero al carajo con esa mierda). Soy terapeuta. Hago cosas buenas como dar tratamiento post-traumático, pero por culpa de la ley AB 109 también tengo que hacer cosas de mierda como darles clases de paternidad a asesinos de bebés.
Así es la vida. Al menos me pagan bien.
Eventualmente hice las paces con mi situación. Des-recordé todo y me hice la idea de que simplemente fue una manera imaginativa y grotesca de ver las cosas, que derivaba de mi abandono.
Pero hoy recibí una carta, y ahora no estoy tan segura.
Era un sobre sencillo con marcas de agua. Sin remitente. Giré los ojos en cuanto la vi. He estado recibiendo de éstas últimamente de vendedores de autos. La abrí.
Una Polaroid se resbaló y cayó al suelo.
Era una foto de mis hermanos. Patrick y Phillip, claro como el día: cabello en ondas y ojos disparejos: el izquierdo azul, el derecho café. Estaban parados en un cuarto con el piso blanco. Una figura estaba parada detrás de ellos, vestida entre sombras. Femenina, si tuviese que adivinar, usando una ridícula máscara de toro.
Sin hacer caso de las tibias lágrimas de mis ojos, saqué un pedazo de papel del sobre. Se movía salvajemente en mis temblorosas manos mientras leía cuatro palabras que hicieron retumbar la tierra:
Uno aún está vivo.
Solté un agudo llanto mientras mis rodillas se venían abajo.
Por supuesto que llamé a la policía. Se llevaron la carta y la foto. He estado en la estación de policía toda la noche, pero prácticamente solo me han dicho que me calle. "Probablemente sea una farsa," dijo el sargento, "pero nos aseguraremos de ello. "
No sé que creer. No sé que pensar. He estado en Google toda la noche y me crucé con unas cosas sobre trabajadores sociales fantasma. Oficiales del SPI que visitan casas y hacen cosas raras. Cuando los padres llamaban al departamento del SPI para quejarse, les decían que ningún oficial del SPI había sido enviado a su casa. El consenso general dicta que todo el asunto es una farsa.
Prefiero pensar lo mejor.
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2018.06.08 21:01 master_x_2k Caparazón VIII

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______________________Caparazón VIII______________________

Descubrí que enfrentar a más de una docena de pistoleros, una treintena de personas con armas improvisadas y una científica loca con un fetiche por las bombas me hacían apreciar realmente lo que Perra aportaba al equipo.
“Todo esto”, dijo Tattletale con mucho cuidado, “Estabas jugando con nosotros. Es por eso que no permitiste que tu gente nos disparara desde el principio.”
“Tienes razón.” La máscara de Bakuda pudo haber alterado su voz a algo parecido a Robbie el Robot con dolor de garganta, pero tuve la impresión de que trataba de compensarlo con el lenguaje corporal. Sacudió su dedo hacia Tattletale como si estuviera regañando a un perro. “Pero creo que tú, específicamente, deberías callarte. ¿Chicos?”
Ella apoyó su mano sobre la cabeza de un miembro de ABB parado frente a su jeep con una pistola en sus manos. Él se estremeció al tacto. “Si la rubia abre la boca otra vez, abre fuego contra todo su grupo. No me importa lo que los demás tengan que decir, pero ella se queda callada.”
Sus soldados ajustaron sus agarres en sus armas, y más de uno giró el cañón de sus armas para apuntar hacia Tattletale, específicamente. Echando un vistazo a Tattletale, vi sus ojos estrecharse, sus labios apretados en una línea dura.
“Sí,” Bakuda se enderezó, puso un pie en la parte superior de la puerta del Jeep y apoyó los brazos en su rodilla, inclinándose hacia nosotros. “Eres la única que no entiendo. No conozco tus poderes. Pero al ver cómo tú y el chico flaco hostigaban a mis ineficaces mercenarios, creo que voy a ir a lo seguro y hacerte callar. Tal vez es una cosa subsónica, alterando estados de ánimo mientras hablas, tal vez sea otra cosa. No sé. Pero te callas, ¿'Kay?'”
Por el rabillo del ojo, pude ver a Tattletale asintiendo con la cabeza.
“Ahora, estoy en un pequeño aprieto”, siseó Bakuda, examinando el dorso de su mano. Parecía que no solo estaba compensando la voz mecánica con el lenguaje corporal; a ella le gustaba hablar. No es que me estuviera quejando. “Mira, Lung me enseñó mucho, pero la lección que realmente tomé en serio fue que ser un líder efectivo se trata de miedo. Una carrera como la nuestra, las personas son verdaderamente leales a alguien si están aterrorizadas por ellas. Suficiente miedo, y dejan de preocuparse por sus propios intereses, dejan de preguntarse si pueden usurparte, y se dedican por completo a hacerte feliz. O al menos, a evitar que seas infeliz.”
Ella saltó del jeep y agarró el cabello de un hombre japonés más alto y de pelo largo de un grupo de veintitantos. Arrollando su cabello en sus manos, ella lo hizo inclinarse hasta que su oreja estaba justo en frente de ella, “¿No es así?”
Él murmuró una respuesta y ella lo soltó, “Pero va más allá, ¿no? Mira, puedo haber heredado el ABB-”
Era casi imperceptible, pero vi un parpadeo de movimiento alrededor de la cara de Tattletale. Un cambio de expresión o un movimiento de su cabeza. Cuando miré hacia ella, no pude adivinar qué había sido.
Bakuda continuó sin pausa, “Pero también heredé a los enemigos de Lung. Entonces tengo un dilema, ¿sabes? ¿Qué puedo hacer con ustedes para convencerlos de que es mejor apartarse? ¿Qué gesto sería lo suficientemente efectivo como para hacer que su gente corriera hacia las colinas cuando me vieran venir?”
Ella giró y agarró una pistola de las manos de uno de sus matones, “Dame.”
Luego se adelantó en medio de la multitud.
“No hay suficientes bichos aquí.” Aproveché la pausa en su monólogo para susurrar en voz baja, esperando que los demás lo entendieran, rezando por no hablar demasiado alto. Al menos mi máscara me cubría la cara, ocultaba el hecho de que mis labios se movían, “¿Regente?”
“No puedo desarmar esta cantidad de armas”, susurró su respuesta. “Quiero decir que yo-“
“Tú”, gritó Bakuda, sorprendiéndonos. Sin embargo, ella no nos estaba prestando atención. Un tipo coreano-americano con un uniforme de escuela privada -de Immaculata High, en la parte más bonita de la ciudad- estaba encogido frente a ella. La multitud lentamente retrocedió, despejando unos pocos metros de espacio alrededor de los dos.
“¿S-sí?”, Respondió el niño.
“Park Jihoo, ¿sí? ¿Alguna vez sostuviste una pistola”
“No.”
“¿Alguna vez le pegaste a alguien?”
“Por favor, nunca… no.”
“¿Alguna vez peleaste? Me refiero a una pelea real, mordiendo, arañando, buscando lo más cercano que podrías usar como arma”
“N-no, Bakuda.”
“Entonces eres perfecto para mi pequeña demostración.” Bakuda presionó la pistola en sus manos, “Dispara a uno de ellos.”
El tipo sostenía el arma como si fuera un escorpión vivo, con dos dedos, con el brazo extendido, “Por favor, no puedo.”
“Te lo haré fácil”, Bakuda podría haber estado tratando de arrullar o sonar tranquilizador, pero la máscara no permitía ese tipo de inflexión, “Ni siquiera tienes que matarlos. Puedes apuntar a una rótula, un codo, un hombro. ¿Bueno? Espera un segundo.”
Dejó el arma en las manos del chico y se alejó, señalando a uno de sus matones, “Saca la cámara y comienza a rodar.”
Según lo ordenado, tomó el lado del jeep y recuperó una pequeña videocámara de mano. Lo manipuló durante unos segundos antes de sostenerlo sobre su cabeza para ver más allá de la multitud, mirando a través del panel desplegable en el costado para asegurarse de que la cámara estaba en el blanco.
“Gracias por esperar, Park Jihoo”, Bakuda volvió su atención al tipo con la pistola, “Ahora puedes dispararle a alguien.”
El tipo dijo algo en coreano. Pudo haber sido una oración, “Por favor. No.”
“¿De Verdad? Son malas personas, si te preocupa la moral.” Bakuda inclinó la cabeza hacia un lado.
Parpadeó para contener las lágrimas, mirando al cielo. El arma cayó de sus manos para estrellarse contra el pavimento.
"Eso es un no. Una lástima. No me sirve de soldado.” Bakuda le dio una patada en el estómago, lo suficientemente fuerte como para hacerlo caer sobre su espalda.
“¡No! ¡No, no, no!” El chico la miró, “¡Por favor!”
Bakuda dio medio paso, medio saltó unos pocos pies hacía atras. La gente a su alrededor lo tomó como una señal para alejarse de él.
Ella no hizo nada, no dijo nada, no ofreció ninguna seña o señal. Hubo un sonido, como un teléfono celular vibrante sobre una mesa, y Park Jihoo se licuó en un desastre espeso en el lapso de un segundo.
Muerto. Él había muerto, así como así.
Era difícil escuchar los alaridos, los gemidos, los gritos indignados. Mientras la multitud se apresuraba a alejarse de la escena, todos tratando de esconderse uno tras otro, uno de los matones disparó una pistola hacia el aire. Todos se detuvieron. Después de los gritos de sorpresa, hubo una breve pausa, el tiempo suficiente para que un sonido llevara a todos a un silencio atónito.
Sonaba como el ruido que haces cuando recoges hojas secas, pero más fuerte, artificial de una manera que sonaba como si sonara desde un contestador arcaico. Todos los ojos se volvieron hacia Bakuda. Ella estaba doblada, sus manos alrededor de su medio.
Riendo. El sonido fue su risa.
Dio una palmada en la pierna mientras se levantaba, hizo un ruido que podría haber sido una inspiración o una risa, pero su máscara no se tradujo en nada reconocible, solo un siseo que apenas cambiaba. Giró en un semicírculo mientras cantaba: “¡Los seis dieciocho! ¡Incluso olvidé que los había hecho! ¡Perfecto! ¡Mejor de lo que pensaba!”
Si su trabajo era aterrorizar, ella había tenido éxito. Conmigo, al menos. Quería vomitar, pero tendría que quitarme la máscara para hacerlo, y temía que si me movía, me dispararían. El miedo a las armas fue suficiente para anular mis náuseas, pero el resultado final fue que estaba temblando. No solo temblando, sino temblores de cuerpo entero que me tenían luchando por mantenerme en pie.
“Eso fue bastante genial.”
Con esas palabras, Regent logró obtener la misma mirada de ojos abiertos que Bakuda con su risa. Él obtuvo una de mí. No fue solo lo que dijo. Era lo tranquilo que sonaba.
“Lo sé, ¿no?” Bakuda se giró para mirarlo, ladeó la cabeza hacia un lado, “Lo modelé a base del trabajo de Tesla sobre vibraciones. Él teorizó que si pudieras obtener la frecuencia correcta, podrías quebrar la Tierra mi-”
“Sin ofender”, dijo Regent, “Bueno, voy a reformular: realmente no me importa ofenderte. Pero no me dispares. Solo quiero detenerte allí y decir que no me importan las cuestiones científicas y toda la charla técnica sobre cómo lo hiciste. Es aburrido. Solo digo que es cool ver cómo se ve una persona cuando se disuelve así. Asqueroso, espeluznante, jodido, pero está cool.”
“Sí”, dijo Bakuda regocijada en la atención, “¡Como la respuesta a una pregunta que no sabías que estabas preguntando!”
“¿Cómo lo hiciste? ¿Metiste bombas en estos civiles para que trabajen para ti?”
“Todos”, respondió Bakuda, casi delirante en lo alto de su exitoso "experimento" y la atención de Regent. Ella medio saltó, medio giró a través de la multitud y se apoyó contra uno de sus matones, acariciando su mejilla, “Incluso mi más leal. Un dolor de culo de hacer. No el procedimiento de meter las cosas dentro de sus cabezas. Después de los primeros veinte, pude hacer las cirugías con los ojos cerrados. Literalmente. De hecho, hice algunos de esa manera.”
Ella hizo un puchero, “Pero tener que tranquilizar a la primera docena o más y hacer las cirugías con ellos antes de que se despertaran, así tendría la mano de obra para reunir a todos los demás. ¿Uno después del otro? Realmente tedioso una vez que la novedad desaparece.”
“Sería demasiado vago para hacer eso, incluso si tuviera tus poderes”, dijo Regent, “¿Puedo acercarme al cuerpo? ¿Verlo mejor?”
Su humor cambió en un instante, y ella señaló con enojo un dedo en su dirección. “No. No creas que no sé que estás intentando algo. Soy un jodido genio, ¿entiendes? Puedo pensar en doce movimientos antes de que hayas decidido tu primero. Es por eso que estás parado allí y yo...” ella se movió para estar sentada en un lado del Jeep, “Estoy sentada aquí.”
“Tranquilízate”, Regent respondió, “solo preguntaba.”
Pude ver por la expresión de Tattletale que ella estaba teniendo los mismos pensamientos que yo. Dale un poco de respeto a la bombardera loca. Silenciosamente expresé lo que Tattletale no pudo.
“Baja un cambio, Regent,” susurré.
“Como seeeaaa”, Bakuda estiro la palabra, “Chico flaco acaba de perder cualquier buena voluntad que había ganado por apreciar mi arte. O al menos ser capaz de fingir de manera convincente.” Golpeó ligeramente al tipo con la cámara en el hombro, “¿Sigues filmando?”
El hombre asintió brevemente. Cuando lo miré, vi gotas de sudor que corrían por su cara, a pesar de que era una noche fresca. Parecía que sus matones también estaban bastante asustados.
“Bien”, Bakuda frotó sus manos con guantes de color rosa juntas, “editaremos las partes de charla más tarde, luego las colocamos en la web y enviamos copias a las estaciones de noticias locales. ¿Qué piensas?”
El camarógrafo respondió con una voz acentuada, “Buen plan, Bakuda.”
Ella aplaudió sus manos juntas. Luego señaló a la multitud “¡Está bien! Entonces, tú... sí, tú, la chica de la camisa amarilla y los jeans. Si te lo dijera, ¿levantarías el arma y dispararías a alguien?”
Tardé un segundo en ver a la chica, en el otro extremo de la multitud. Miró a Bakuda con expresión afligida y logró responder: “El arma también se d-derritió, señora.”
“Me llamas Bakuda. Tú lo sabes. Nada sofisticado. Si el arma todavía estuviera allí, ¿dispararías? ¿O si le digo a alguien que te dé un arma?”
“Yo... creo que podría hacerlo”, sus ojos se posaron en el charco que había sido Park Jihoo.
“Lo cual concluye mi demostración”, se dirigió Bakuda a nuestro grupo, “¡Miedo! Es por eso que Lung se tomó el esfuerzo de reclutarme. Siempre entendí en el fondo, que el miedo era una herramienta poderosa. Él simplemente lo expresó muy bien. El verdadero miedo es una mezcla de certeza e imprevisibilidad. Mi gente sabe que, si me traicionan, solo tengo que pensar en hacer que las bombas en sus cabezas hagan kablooie. Boom. Saben que, si muero, todas las bombas que he hecho se activan. No solo las que les me metí en la cabeza. Todas y cada una. E hice muchas. Certezas.”
Lisa extendió el brazo, tomó mi mano y la apretó con fuerza.
“En cuanto a la imprevisibilidad” Bakuda pateó sus piernas contra el costado del jeep como un alumno de primaria sentado en una silla, “Me gusta mezclar mi arsenal, así que nunca se sabe lo que vas a obtener. Pero también tienes que mantener a tu gente preguntándose, ¿verdad? Mantenerlos al borde del asiento. Como ejemplo: ¡Shazam!”
La palabra coincidió con el comienzo de una explosión muy real que fue seguida de cerca por algo así como un trueno, pero Lisa ya estaba tirando de mi brazo, alejándome.
Vi un destello de caos, de gente que gritaba corriendo desde el lugar donde ocurrió la explosión en medio del propio grupo de Bakuda. Las personas que huían estaban obstruyendo la vista de las personas con armas de fuego.
Regent sacó su brazo, lo barrió hacia afuera, enviando a unas diez personas tropezando unas con otras, convirtiendo a la multitud en una muchedumbre desordenada. Escuché el rugido de las armas que sonaba demasiado fuerte, vi a Regent agarrar el hombro de un brazo izquierdo inerte, no podía estar seguro de que los dos estuvieran conectados.
Finalmente, estaba Bakuda, todavía sentada en el lado del jeep. Ella estaba gritando algo o riendo. Nos estaba dejando escapar de su alcance, su gente estaba a punto de matarse unos a otros en un estado de pánico sin control, y ella acababa de matar al menos a una de sus propias personas por capricho. Por lo que acabamos de ver de ella, estaba dispuesta a apostar que se reía mientras todo sucedía.
Casi sin darme cuenta, la noche había caído y, como para invitarnos a adentrarnos más en el laberinto, los postes de luz parpadearon y giraron sobre nosotros. Con Grue cubriendo nuestro retiro en una cortina de oscuridad, huimos.

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2018.03.19 18:35 master_x_2k Insinuación II

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______________________Insinuación II_____________________

Correr había ayudado a despertarme, al igual que la ducha caliente y una taza de café que mi padre había dejado en la jarra. Aun así, la fatiga no ayudó a la sensación de desorientación que tuve sobre cuán normal parecía el día de camino a la escuela. Hace solo unas horas, había estado en una pelea de vida o muerte, incluso había conocido a Armsmaster. Ahora era un día como cualquier otro.
Me sentí un poco nerviosa cuando llegué a la sala de clases. Habiendo salteado básicamente dos clases el viernes anterior, sin poder entregar una tarea importante, pensé que la señora Knott probablemente ya lo sabía. No me sentí aliviada cuando la Sra. Knott me miró y esbozó una sonrisa tensa antes de volver su atención a su computadora. Eso solo significaba que la humillación se redoblaría si alguien interrumpía la clase al venir de la oficina. Una parte de mí quería perderse esta clase también, solo para evitar la humillación potencial y evitar llamar la atención.
Con todo, me sentí ansiosa mientras me dirigía a mi computadora, lo cual me apestaba porque la clase de Computación era una de las pocas partes de la jornada escolar que por lo general no temía. Por un lado, era la clase en la que me estaba yendo bien. Más al punto, ni Madison, Sophia ni Emma estaban en esta clase, aunque sí algunas de sus amigas. Esas chicas generalmente no sentían la necesidad de hostigarme sin el trío, y estaba aún más alejada de ellas porque era de las más avanzadas de la clase. Unas tres cuartas partes de las personas en la sala eran analfabetas en informática, pertenecían a familias que no tenían dinero para computadoras o familias que no tenían mucho interés en las ellas, por lo que practicaban escribiendo sin mirar el teclado y tenían lecciones sobre el uso de motores de búsqueda. Por el contrario, yo estaba en el grupo que estaba aprendiendo algo de programación básica y hojas de cálculo. No hizo mucho por mi reputación friki, pero soportarlo.
La señora Knott era una buena maestra, si no la más práctica; por lo general, ella se contentaba con darnos una asignación en clase a los estudiantes avanzados y luego enfocarse en la mayoría más revoltosa de la clase. Esto me iba muy bien, por lo general terminaba la tarea en media hora, dejándome una hora para usarla como me pareciera. Había estado recordando y repasando los eventos de la noche anterior durante mi carrera matutina, y lo primero que hice cuando la antigua computadora de escritorio terminó su agónico proceso de carga fue comenzar a buscar información.
El lugar de ir para las noticias y la discusión sobre las capas era Parahumanos en Línea. La portada tenía actualizaciones constantes sobre las recientes noticias internacionales sobre capas. A partir de ahí, podía ir a la wiki, donde había información sobre capas individuales, grupos y eventos, o a los tableros de mensajes, que se dividían en casi un centenar de sub foros, para ciudades y capas específicas. Abrí el wiki en una pestaña, luego encontré y abrí el foro de Brockton Bay en otro.
Tuve la sensación de que Tattletale o Grue eran los líderes del grupo con el que me había topado. Dirigiendo mi atención a Tattletale, busqué en la wiki. El resultado que obtuve fue decepcionantemente corto, comenzando con un encabezado que decía: “Este artículo es un esbozo. Sé un héroe y ayúdanos a expandirlo.” Hubo un anuncio de una frase sobre cómo ella era una supuesta villana activa en Brockton Bay, con una sola imagen borrosa. La única información nueva para mí fue que su traje era lavanda. Una búsqueda en los tableros de mensajes no arrojó absolutamente nada. Ni siquiera había una pista sobre cuál era su poder.
Levanté la vista hacia Grue. En realidad, había información sobre él, pero nada detallado o definitivo. En el wiki se afirmaba que había estado activo durante casi tres años, realizando delitos menores como robar tiendas pequeñas y hacer algún trabajo como matón para aquellos que querían tener un poco de músculo superpoderoso para un trabajo. Recientemente, había recurrido a la delincuencia a mayor escala, incluido el robo corporativo y robo a un casino, junto con su nuevo equipo. Su poder fue catalogado como generación de oscuridad en la barra lateral debajo de su imagen. La imagen parecía lo suficientemente nítida, pero el centro de atención, Grue, era solo una borrosa silueta negra en el centro.
Busqué a Perra después. No hay resultados. Hice otra búsqueda de su título más oficial, Hellhound, y obtuve una gran cantidad de información. Rachel Lindt nunca había hecho ningún intento real de ocultar su identidad. Aparentemente había estado indigente durante la mayor parte de su carrera criminal, viviendo en las calles y mudándose cuando la policía o una capa la perseguían. Los avistamientos y encuentros con la chica sin hogar terminaron hace aproximadamente un año. Supuse que era cuando unió fuerzas con Grue, Tattletale y Regent. La imagen en la barra lateral fue tomada de las imágenes de la cámara de vigilancia: una chica sin mascara, de cabello oscuro, a quien no habría llamado bonita. Tenía un rostro cuadrangular, de rasgos bruscos y cejas espesas. Ella estaba montando encima de uno de sus monstruosos “perros” como un jinete monta un caballo, por el carril central de una calle.
Según la entrada de la wiki, sus poderes se manifestaron cuando tenía catorce años, seguido casi inmediatamente por la demolición del hogar adoptivo en el que ella había estado viviendo, lesionando a su madre adoptiva y otros dos hijos adoptivos en el proceso. Esto fue seguido por una serie de escaramuzas y retiradas de dos años a lo largo de Maine cuando varios héroes y equipos trataron de aprehenderla, y ella los derrotó o evadió con éxito la captura. No tenía poderes que la hicieran más fuerte o más rápida que la mujer promedio, pero aparentemente era capaz de convertir perros ordinarios en las criaturas que había visto en la azotea. Monstruos del tamaño de un auto, puro músculos, huesos, colmillos y garras. Una caja roja cerca de la parte inferior de la página decía: “Rachel Lindt tiene una identidad pública, pero se sabe que es particularmente hostil, antisocial y violenta. Si la reconoce, no se acerque ni provoque. Salga del área y notifique a las autoridades su última ubicación conocida.” Al final de la página había una lista de enlaces relacionados con ella: dos sitios de fans y un artículo de noticias relacionado con sus primeras actividades. Una búsqueda en los tableros de mensajes arrojó demasiados resultados, dejándome incapaz de separar la basura, los argumentos, la especulación y el culto al villano para encontrar cualquier bocado genuino de información. Lo que podía entender es que ella era notoria. Suspiré y seguí adelante, tomando nota mental de hacer más investigación cuando tuviera tiempo.
El último miembro del grupo era Regent. Teniendo en cuenta lo que Armsmaster había dicho sobre que el chico era de bajo perfil, no esperaba encontrar mucho. Me sorprendió encontrar menos que eso. Nada. Mi búsqueda en la wiki solo arrojó una respuesta predeterminada, “No hay resultados que coincidan con esta consulta. 32 direcciones IP únicas han buscado en el Wiki de Parahumanos.net 'Regent' en 2011. ¿Te gustaría crear la página?” No aparecía nada en los foros. Incluso busqué la ortografía alternativa de su nombre, como Regence y Recant, en caso de que lo haya escuchado mal. Nada apareció.
Si mi estado de ánimo había sido algo amargado cuando llegué al salón, los caminos cerrados solo lo empeoraron. Dirigí mi atención a la tarea de la clase, creando una calculadora funcional en Visual Basic, pero era demasiado trivial para distraerme. El trabajo del jueves y el viernes ya nos había dado las herramientas para hacer el trabajo, por lo que era realmente solo trabajo para pasar el tiempo. No me molestaba aprender cosas, pero trabajar por trabaja era molesto. Hice lo mínimo posible, revisé si había errores, moví el archivo a la carpeta “trabajos terminados” y volví a navegar por la web. Al final, el trabajo apenas tomó quince minutos.
Busqué a Lung en la wiki, algo que ya había hecho con bastante frecuencia, como parte de mi investigación y preparación para ser un superhéroe. Quería asegurarme de saber quiénes eran los principales villanos locales y qué podían hacer. La búsqueda de 'Lung' se redirigió a una página general de su pandilla, la ABB, con bastante información detallada. La información sobre los poderes de Lung estaba bastante en línea con mi propia experiencia, aunque no se mencionaba la super audición, o él fuera a prueba de fuego. Consideré agregarlo, pero decidí no hacerlo. Era una inquietud para mi seguridad que mi aporte pueda ser rastreado a Winslow High, y luego a mí. Pensé que probablemente se eliminaría como especulación sin respaldo, de todos modos.
La sección debajo de la descripción de Lung y sus poderes cubrían a sus subordinados. Se estima que tenía cuarenta o cincuenta matones trabajando para él en Brockton Bay, en su mayoría procedentes de la juventud asiática. Era bastante poco convencional que una pandilla incluyera miembros varias nacionalidades como la ABB lo hacía, pero Lung había convertido en su misión el conquistar y absorber cada pandilla con miembros asiáticos y muchos sin ella. Una vez que tuvo la mano de obra que necesitaba, las pandillas no asiáticas fueron canibalizadas por recursos, sus miembros descartados. Aunque no había más pandillas importantes en el este de la ciudad para absorber, todavía estaba reclutando fervientemente. Su método, ahora, era reclutar a cualquier persona mayor de doce años y menor de sesenta. No importaba si eras miembro de una pandilla o no. Si eras asiático y vivías en Brockton Bay, Lung y su gente esperaban que te unieras o que pagaras tributo de una forma u otra. Hubo informes de noticias locales, artículos de periódicos, y pude recordar haber visto carteles en la oficina del consejero escolar que detallaban dónde las personas que fueron un blanco podían buscar ayuda.
Los tenientes de Lung figuraban como Oni Lee y Bakuda. Ya tenía un poco de conocimiento general sobre Oni Lee, pero estaba intrigada de ver que había actualizaciones recientes de su entrada en la wiki. Había detalles específicos sobre sus poderes: podía teletransportarse, pero cuando lo hacía, no desaparecía. Al teletransportarse, su ser original, a falta de un término mejor, se mantendría dónde estaba y permanecería activo de cinco a diez segundos antes de desintegrarse en una nube de ceniza de carbono. Esencialmente, él podía crear otra versión de sí mismo en cualquier lugar cercano, mientras que la versión anterior se quedaría el tiempo suficiente para distraerte o atacarte. Si eso no era lo suficientemente aterrador, había un informe de él granada en mano mientras se duplicaba repetidas veces, con sus duplicados efímeros actuando como terroristas suicidas. Para colmo, la página de la wiki de Oni Lee tenía una caja de advertencia roja similar a la que Bitch / Hellhound tenía sobre la suya, menos la parte de su identidad pública. Por lo que sabían de él, las autoridades habían considerado oportuno señalar que era sociópata. La advertencia cubría los mismos elementos esenciales: excesivamente violento, peligroso para acercarse, no debería ser provocado, y así sucesivamente. Eché un vistazo a su fotografía. Su disfraz consistía en un mono negro con una bandolera negra y un cinturón para sus cuchillos, pistolas y granadas. El único color en él era una máscara de demonio adornada de estilo japonés, carmesí con dos franjas verdes a cada lado. Excepto por la máscara, su disfraz emitía la clara impresión de un ninja, lo que aumentaba la idea de que era un tipo que podía deslizar un cuchillo entre tus costillas.
Bakuda era una entrada nueva, agregada a la wiki del ABB hace solo diez días. La imagen solo la mostraba desde los hombros hacia arriba, una chica con cabello negro lacio, grandes gafas opacas sobre sus ojos y una máscara de metal con un filtro de máscara de gas cubriendo la mitad inferior de su rostro. Una cuerda trenzada de alambres negros, amarillos y verdes se enrollaba sobre uno de sus hombros. No pude identificar su origen étnico con la máscara y las gafas, y su edad no era más fácil de descifrar.
La wiki tenía muchos de los mismos detalles que Armsmaster me había mencionado. Bakuda esencialmente había tenido un tomado de rehén una universidad y lo hizo con su habilidad sobrehumana para diseñar y fabricar bombas de alta tecnología. Había un enlace a un video titulado 'Amenaza de bomba en Cornell', pero no me pareció sensato abrirlo en la escuela, especialmente sin auriculares. Hice una nota mental para verificarlo cuando llegue a casa.
Lo siguiente que me llamó la atención fue el encabezado de la sección titulada 'Derrotas y Capturas'. Me desplacé hacia abajo para leerlo. Según la wiki, aparentemente Lung había sufrido varias derrotas menores a manos de varios equipos, desde el Gremio hasta los equipos locales de Nueva Oleada, los Custodios y el Protectorado, pero logró evadir la captura hasta la noche anterior. En una nota publicitaria, “Armsmaster logró emboscar y derrotar al líder de la ABB, debilitado por un reciente encuentro con una pandilla rival. Lung fue llevado al Cuartel del ERP para encerrarlo hasta el juicio del villano por teleconferencia. Teniendo en cuenta la amplia y bien documentada historia criminal de Lung, se espera que enfrente el encarcelamiento en la Pajarera si se lo encuentra culpable en el juicio.”
Respiré profundo y lo dejé salir lentamente. No estaba segura de qué pensar. Estaba en todo mi derecho de enojarme porque Armsmaster tomó el crédito por la pelea que podría haberme costado la vida. En cambio, sentía una emoción creciente. Sentí ganas de sacudir el hombro del hombre sentado a mi lado y señalar la pantalla, diciendo: "¡Yo lo hice posible! ¡Yo!"
Con un renovado entusiasmo, cambié las pestañas al foro y comencé a buscar lo que la gente decía al respecto. Una publicación de un fan o secuaz de Lung amenazó con violencia a Armsmaster. Hubo una solicitud de alguien pidiendo más información sobre la pelea. Una publicación me hizo detenerme, preguntaba si Bakuda podía o no usar una bomba a gran escala y la amenaza de posibles miles o cientos de miles de muertos, para rescatar a Lung.
Traté de olvidarlo. Si sucediera, sería responsabilidad de héroes mejores y más experimentados que yo.
Me llamó la atención que había una persona que no había buscado. Yo misma. Abrí la página de búsqueda avanzada para el foro de Parahumanos.net e hice una búsqueda de términos múltiples. Incluí insecto, araña, enjambre, insecto, plaga y un caos de otros términos que me habían llamado la atención cuando traté de intercambiar ideas sobre un buen nombre de héroe. Reduje el plazo de las publicaciones para buscar publicaciones realizadas en las últimas 12 horas y presioné Buscar.
Mis esfuerzos resultaron en dos publicaciones. Uno se refería a un villano llamado Pestilence[1], activo en el Reino Unido. Aparentemente, Pestilence era una de las personas que podía usar 'magia'. Es decir, lo era si crees que la magia es real, y no solo una interpretación engañosa o delirante de un conjunto dado de poderes.
La segunda publicación estaba en la sección 'Conexiones' del foro, donde las damiselas rescatadas dejaban su información de contacto para sus héroes gallardos, donde se organizaban convenciones y reuniones de fanáticos y donde las personas publicaban ofertas de trabajo para las capas y los obsesionados con las capas. La mayoría eran crípticos o imprecisos, refiriéndose a cosas que solo las personas en cuestión sabrían.
El mensaje estaba titulado, simplemente, "Bicho"
Le hice clic y esperé con impaciencia a que al sistema obsoleto y el módem escolar sobrecargado cargara la página. Lo que obtuve fue breve.
Asunto: bicho
Te debo una. Me gustaría pagar el favor. ¿Nos encontramos?
Envia un mensaje,
Tt.
La publicación era seguida por dos páginas de personas que comentando. Tres personas sugirieron que era algo importante, mientras que media docena de personas más los criticaron como sombreros de aluminio, término de Parahumanos.net para los teóricos de conspiraciones.
Sin embargo, era importante. No pude interpretarlo de otra manera; Tattletale había encontrado la manera de ponerse en contacto conmigo.
[1]Pestilencia

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2015.05.27 20:46 isuzujuan Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.

Como todas y todos sabéis, estamos haciendo historia en la política que custodia nuestros destinos. Madrid, Barcelona y Valencia eran tres metas prácticamente inalcanzables hace muy poco tiempo.
Aún así, parece que sabe a poco... en los gráficos que inundan todas las pantallas, el color morado no es tan relevante como muchos de nosotros esperábamos, y aun así, el júbilo penetra en nuestros corazones.
Son muchas horas las que tantas personas hemos gastado en este cambio político, ríos de tinta cibernética que han golpeado los cimientos de lo que algunos/as innombrables tenían a bien negarnos la mera posibilidad de que fuera posible.
El PP se tambalea y, pese a haber ganado en la mayoría de las urnas (con muchas incidencias como hemos visto por la red), está seriamente tocado. Su nerviosismo es palpable, empiezan a rodar cabezas y da la impresión de que no tienen nada claro el camino a seguir. Todo el mundo (por ahora) les da la espalda y nadie se atreve a entrever un posible pacto con ellos.
Todo tiene su lógica, y es que cualquier partido que se atreva a pactar con el PP, sabe que el suicidio político ante las generales sería más que contundente: todas las personas de este país que no han votado al PP, tienen claro que están contra este partido, y cualquier pacto no haría otra cosa que provocar la indignación de los votantes, con el consiguiente resultado desastroso para el que ose mover esas fichas en el tablero político español.
Claro que una cosa es lo que se piensa y lo que se sabe, y otra muy diferente es lo que se dice cuando estás rodeado de cámaras y micrófonos, como le pasa al dinosaurio (disculpad, no he encontrado otro adjetivo más suave para ella) de Esperanza Aguirre que hoy mismo, parece que está dispuesta a pactar con el mismísimo Podemos con tal de no perder su estatus y su poder. Personalmente, clamo al cielo (a pesar de ser ateo) para que la sra. Carmena deje de creer en la reinserción, al menos de esa señora, que es el mal encarnado en sexagenaria.
De repente, ya no somos los malos, los radicales, los anti-sistema... ahora parece que ante diversos pactos posibles, el mensaje generalizado es que Podemos es una formación más digna de respeto. Salvo las desafortunadas y alucinógenas declaraciones de una señora del PP en TVE, la que pagamos entre todos, los líderes empresarios de altos cargos, comienzan a lanzar frases de tranquilidad ante un posible gobierno de Podemos.
No es menos el nerviosismo que debe estar corriendo por las arterias del PSOE. Podemos sigue (de momento) pidiendo un giro de 180º de esta formación para siquiera sentarse en la mesa a dialogar. Una actitud extremadamente encomiable que espero que no se encoja. El PSOE, acarrea una mochila muy pesada, como nuestro compañero Echenique nos dice con toda la razón. Son tiempos difíciles y deben dar ese giro que muchos de sus militantes les están reclamando desde hace tiempo. El tiempo de las palabras bonitas ha terminado, ahora queremos ver hechos, y estos deberían empezar por hacer rodar las cabezas de los corruptos que arrastran y que no merecen militar en un partido que se llame socialista: Gonzalez, Chavez, Griñan y otros muchos, no es que esten demás, es que es imperativo que abandonen las filas y los lazos con este partido para que los ciudadanos empecemos a creer en un auténtico y necesitado cambio.
La incertidumbre nos devora; lo que ocurra en las próximas semanas, será crucial para el futuro de España y los españoles, que nos jugamos demasiado. Será entonces, cuando algunos de nuestros representantes y compañeros empiecen a ocupar esos sillones de poder, cuando hemos de demostrar lo que hacemos, la diferencia de gobernar, ya sea un ayuntamiento o una comunidad autónoma, para la gente y no para los poderosos; y pregonarlo a los cuatro vientos y alguno más, porque no nos podremos permitir que las buenas acciones queden sin el conocimiento de la totalidad del pueblo.
Maravillosa Ada Colau esta mañana, cuando comunicaba su intención de eliminar la subvención de 4,5 millones de la Formula 1 para invertirlo en becas de comedores escolares. Esta es la línea de la que me siento orgulloso y que no debemos perder jamás si no queremos parecernos a los que tanto nos han indignado.
Desde mi incómoda silla frente al ordenador, que tantas horas ha estado encendido para el empeño del cambio, quiero abrir un aplauso interminable por tantas compañeras y compañeros que desde el anonimato han hecho posible lo que ya está ocurriendo. Un aplauso de corazón porque me siento orgulloso de que tanta gente dispar se haya unido en esta difícil contienda de echarle un pulso al PP y ganarles la partida. Hemos finalizado otro asalto y cada vez nos sale mejor, el último de este año, será muy contundente en las generales, no me cabe duda.
Puede que no ganemos, pero los golpes que hemos dado, y los que nos quedan por dar, tendrán su eco en la eternidad.
Somos el pueblo que reclama justicia e igualdad, y tantos millones de bocas gritando, se nos escuchará en los confines de la tierra.
Soy Juan Hernández y si estás leyendo esto, eres la resistencia.
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